COSAS
DEL LEVANTE.
Cosas
del levante. Pero … ¿qué es el Levante, así, con mayúscula?
Si
apelamos al Diccionario oficial, para que nos lo explique, en la
acepción bajo cuyo punto de vista lo vamos a tratar aquí, nos
encontramos sencillamente con que nos dice que es el viento que sopla
de la parte oriental.
Así,
sin más explicación del concepto, ni más extensión en la materia,
no podemos tener idea de lo que es el aire en movimiento, cuando
viene del lado por el que sale el sol.
¡Ah!,
pero conviene advertir que no se vea en estos renglones ni la
intención de descubrir el Mediterráneo, ni la de criticar, ni poco
ni mucho, a la Academia de nuestro idioma. Somos bien poco para tan
ardua empresa. Aquí no hacemos otra cosa que hablar
humorísticamente, si acertamos a hacerlo, acerca de algunos efectos;
esto es, acerca de algunas <cosas> del <dichoso>
vientecito cuyo nombre encabeza estos renglones: del Levante.
Y
al hacerlo, como mejor podamos, consignaremos algunos de los efectos
que produce; es decir, de sus <cosas>.
Según
opiniones completamente ajenas a la nuestra, la palabra Levante,
anfibológicamente[1]
considerada, encaja en perfecta medida, cual somnoliento el mullido
lecho, en la frase que le denomina <Furia del Averno>.
Del
origen del Levante, por lo molesto, se han propalado muchas especies,
llegando a decirse humorísticamente, sin que esto conste escrito en
ninguna parte, que sepamos, que es el producto de los gases fugitivos
de la digestión de una vieja, que tal vez fuera Arna, la
esposa de Poseidón (Neptuno) y de ahí que se asignase
a Eolo, producto de dicho matrimonio, el reinado sobre los Vientos, y
el que los tuviese encerrados en una caverna …

[Con objeto de ambientación] «Hay viento. Si hay culpa en la
escena la tiene el traje (sueño 22)». Serie: Caprichos (estampas y
dibujos, 1797-1799)(36b/85). Francisco de Goya. Fuente:
“fundaciongoyaenaragon.es”.
Pero
… no. Nosotros no profundizamos ni poco ni mucho en la raíz del
concepto. Nada de eso. Nuestro propósito no es hurgar en el
fundamento, razón, causa o motivo que exista para obrar como obra,
sino en su obra. Más claramente: en algunos de sus efectos o, lo que
es lo mismo, en algunas de sus cosas.
El
revoltoso vientecillo que se pasea de Este a Oeste, carece
generalmente de simpatías, aunque esto no le importe. ¡Bah! Quién
repara en minucias. Sus caminatas suele hacerlas de dos modos
distintos: despacio o muy deprisa. No tiene términos. Los realiza
despacio, de una manera tranquila, suave, deslizante, o con una
prontitud y rapidez violentísima, que resulta una diabólica furia:
<Furia del Averno>.
Si
la marcha es lenta, tranquila, moderada, ocasiona dos efectos
contrarios: frío en Invierno, calor en el Verano. Produce,
igualmente, otros dos fenómenos, también opuestos: a orillas del
mar, aumento de evaporaciones del líquido salino, que deposita en la
tierra, ocasionando humedades abiertamente nocivas. Tierra adentro,
absorción y volatilización de la humedad atmosférica, con aumento
de temperatura, enervación[2]
intensa, pereza con efectos que parecen ignávicos[3]
y somnolencia irresistible.
Si
viaja con prisa, aceleradamente, sin detención ni pausa alguna, la
emprende porfiadamente con cuanto se opone a su loca carrera,
arrancando plantas, derribando árboles, volando techumbres,
alborotando los mares, levantando polvo cegante y produciendo otros
trastornos y perjuicios que le han dado la funesta fama de
antipático y dañino, que conserva de generación en generación.
Los
habitantes de algunas localidades que no nos son desconocidas, apenas
inicia su presencia y paso el <entrañable huésped>, es fama
que se recluyen en casa, mientras dura la <impertinente visita>,
y que cuando se ven precisados a salir, caminan muy despacio y junto
a las edificaciones, para librarse de ser caídos y arrastrados por
la furia del <visitante>.

[Con objeto de ambientación] Pie de foto original: “Años
´40, el chófer de los marqueses de Bertemati
y su Citröen 15”. /
Los
Señores de Bertemati
eran los propietarios de la Colonia de Campano. / ¿Tendría algún parecido este vehículo con el del doctor que se
narra en el texto?. Fuente: “Tu foto antigua favorita”, VII
Centenario Chiclana de la Frontera.
En
otras partes, que tampoco nos son extrañas, tienen las mujeres que
vestir pantalones, mientras reina el ventarrón de referencia, o
poner plomos en los ribetes de las faldas de las enaguas o vestidos,
en honor de sus pudores, y no es sólo en un pueblo donde tocan las
campanas sin humano campanero, enunciándose sin cuento las <cosas>
del dichoso vientecito.
Esto
nos recuerda, precisamente, una de sus <cosas>, registradas por
un amigo a quien nos unió una excelente amistad.
Este
amigo, algo epicúreo[4]
y regalón[5], era
médico de una rica y muy importante colonia agrícola, no muy
distante de la población en que ejercía la primera titular
profesional.
Un
día, acabado de girar su visita hebdomadaria[6]
a los enfermos de la colonia, descansaba de la lucha sostenida contra
el viento cuyas <cosas> comentamos, en una venta contigua a la
carretera que unía las dos localidades aludidas [7].
El
Levante soplaba con violencia extremada, llevando velocidad de
asombro. Zumbaban con rara sinfonía las redes telegráficas y
telefónicas. Zumbaba el aire en la arboleda, cuyas ramas cimbraban
hasta troncharse muchas de ellas. Zumbaba el viento al penetrar por
los intersticios de la edificación, amenazando con levantar las
techumbres y descerrajar las puertas …
Nuestro
amigo, una vez descansado su cuerpo y refocilado su estómago con un
fuerte piscolabis y unos tragos de lo añejo, servidos por la
ventera, fresca y guapetona, se levantó del asiento que ocupaba, en
además de dar por terminado el alto que había hecho en su camino.
El cochero que conducía el vehículo en que realizaba el viaje,
entendiéndolo tal como nosotros lo consignamos, subió al pescante
del mismo y lo puso en marcha, sin otra preocupación que la ir
defendiéndose de los embates del ventarrón que soplaba.
Al
llegar, ya en el pueblo, a la delantera del domicilio del señor a
quien servía, se apeó y … al intentar abrir la portezuela del
coche, observó con la misma sorpresa y estupefacción que la familia
del doctor, que allí aguardaba, como siempre, a su deudo, que el
carruaje estaba vacío y que la portezuela se había desprendido …
¡Oh,
suposiciones torturantes del ánimo! … ¡Oh, cavilaciones
aflictivas del espíritu! … ¡Oh, remordimiento angustiosos de la
conciencia! …
Luego
de la escena supuesta por el lector, volvió nuestro auriga a la
venta, donde suspiró, por fin, a pleno pulmón. Allí se encontraba,
un tanto nervioso, solamente, nuestro galeno, que le increpó su
ligereza, a la que, contrito y humilde, contestó, excusándose, el
cochero:
-¡Cosas
del Levante maldito, señor. Con tan furioso enemigo tiene uno que
agachar el cuerpo, cerrar los ojos y taparse hasta la cabeza …! ¡
Y de ese modo, se comprenderá fácilmente, señor, que ni se ve, ni
se siente ná!
NOTAS
DEL TRANSCRIPTOR:
[1] Anfibología.- Doble sentido que presenta una palabra o un
enunciado. Fuente: Diccionario RAE. / [2] Enervación.-
Acción y efecto de enervar. Sinónimos: nerviosismo, agitación,
intranquilidad, enervamiento, alteración, inquietud, crispación,
exasperación. Fuente:
Diccionario RAE. / [3]
Ignávico
no tiene entrada en la RAE. Sí para <ignavo>, que significa:
perezoso, indolente, flojo o cobarde. Fuente: IA ChatGPT y
Diccionario RAE. / [4]
Epicúreo.- Se refiere a alguien que sigue una doctrina que se dedica
al hedonismo: predica que la meta máxima de la vida es el placer de
los sentidos. Fuente: Diccionario Etimológico Castellano en línea,
Chile. / [5] Regalón.- Que es tratado con mimo o a quien gusta ser
mimado. Fuente:
Diccionario RAE. / [6]
Hebdomadaria.-
Semanal.
Fuente: Diccionario RAE. / [7]
¿Podría
ser ésta la “Venta de Cabecitas”?
***
Fuente:
“AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y
chascarrillos”, por Luis
Briceño Ramírez,
p.p. 107-110.
Primera edición, Gráficas Morales, Jaén,
1.940.