La publicación del libro “BAJO LAS COLUMNAS DE HÉRCULES”, donde su autor, el instructor nacional de buceo y buceador profesional, Alejandro Gandul Hervás, desgrana las vicisitudes de los vapores mercantes naufragados en Cádiz y Ceuta, nos va a permitir seguir informando de los siniestros marítimos ocurridos en nuestras costas y proximidades, desde 1837 a 1939, permitiéndonos y autorizándonos amablemente su transcripción. Son en total poco más cien los que el autor ha conseguido relacionar, pero que aquí se van a transcribir los más cercanos a nuestro entorno, con detalles de las características técnicas de cada nave, nacionalidad, tripulación que la componía, causas del accidente y el lugar donde reposa para siempre, o si fue reflotada, como en algunos pocos casos ocurrió. Para aquellos interesados en el tema, se recomienda la adquisición del libro ya que es de lectura fácil por su diáfana redacción, describiendo los momentos más dramáticos de cada caso, y, se puede utilizar como libro de consulta, dado su diseño por fecha, ayudado de un índice onomástico de vapores siniestrados, y otro de unidades empleadas en su salvamento. Por cierto, para la adquisición del libro hay que ponerse en contacto con la editorial AQUÍ.
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Fuente: “La Voz de Almería”, 23 diciembre 2023, Manuel León. <Los almerienses que se ahogaron en Gibraltar>. El <Martos> que traía vino y sardinas a Almería, fue embestido por un buque alemán en 1910. Náufragos del vapor <Martos>, entre ellos varios almerienses, que sobrevivieron al hundimiento del buque en la madrugada del 16 de agosto de 1910.
Ficha particular:
Fecha del suceso: 16 agosto 1910.
Propiedad: «Compañía Valenciana de Vapores Correos de África», Valencia.
Nacionalidad: Española.
Astillero: Gourlay Brothers & Co., Camperdown, Dundee, 1853.
Número oficial: ---
Máquina: Propulsión: Hélice y máquina de doble expansión (30; 56x39 inch/ pulgadas) 155 n.h.p. (Nominal Horsepower/Caballos de fuerzas nominales) Gourlay Brothers & Co., Camperdown, Dundee.
Desplazamiento: 1503 grt. (Gross Registered Tonnage/Tonelaje registro bruto).
Eslora-manga-puntal: 70,90m – 10,03m – 5,09m.
Casco: Hierro.
Capitán: Don Miguel Cano.
Causa y destino final: Hundido por ABORDAJE. BANCO DE TRAFALGAR. PÉRDIDA TOTAL.
El hundimiento del vapor <Martos> proyectó sobre la sociedad española, que supo del desastre, el pensamiento angustioso de lo que, a veces significaba viajar en barco. El siniestro tuvo una amplia cobertura en la prensa, donde se publicaron extensos relatos del naufragio con testimonios de supervivientes y algunos análisis de las causas de la colisión. Además, fue protagonista gráfico en alguna portada de diario y semanales, que publicaron variadas fotografías de los vapores implicados y de algunos de los miembros de la tripulación, y el pasaje.
Reproducción del plano original del <Marcos>. Fuente: Dundee City Archive & Record Centre. Colección Alejandro Gandul.
En la memoria de los familiares de las víctimas, el verano de 1910 quedó grabado de la peor manera. Como una pesada y eterna sombra de desazón, incluso hoy, algunas familias todavía recuerdan que, entre sus antepasados, hubo alguna víctima. Sin embargo, hay otros que cuentan, cómo su familiar fue rescatado por alguno de los botes del vapor alemán <Elsa>.
El vapor <Martos> se construyó en 1883 por encargo de la <Compañía Valenciana de Navegación>. En 1884, desde puertos del Mediterráneo a Le Havre, comenzó a realizar servicios de carga y pasaje, para más tarde pasar a la línea Cádiz-Génova.
La <Compañía Valenciana de Navegación> aprovechando la Ley de Comunicaciones Marítimas (Ley Maura) del 14 de junio de 1909, que regulaba el transporte marítimo, se fusionó con <La Roda Hermanos>. De esta unión surgió la <Compañía Valenciana de Vapores Correos de África>. El objetivo era hacerse cargo de las rutas de transporte con las islas Baleares, Canarias y el norte de África. En la presentación de la flota, que tuvo lugar en Valencia el 26 de julio de 1910, se encontraba el <Martos”. Nadie sospechaba que, menos de un mes después, repasaría en el fondo del Estrecho.
El 12 de agosto el <Martos> zarpó de Huelva con VEINTISÉIS TRIPULANTES y SETENTA Y DOS PASAJEROS. En su siguiente escala en Cádiz, embarcaron otros DIECISÉIS PASAJEROS. A las 11 de la noche de ese mismo día,zarpó rumbo a Málaga. En total viajaban VEINTISÉIS TRIPULANTES y OCHENTA Y OCHO PASAJEROS. La mayoría de los pasajeros viajaban en tercera clase y eran pescadores de las almadrabas que regresaban a sus hogares tras la temporada del atún. En sus bodegas también transportaba diversos géneros: huevos, conserva de sardina, vino, cerveza, licores, garbanzos, trigo, habas, cuero y amoniaco. En total, unas 1000 toneladas de carga.
Reproducción del de la sección de los medios del <Marcos>. Fuente: Dundee City Archive & Record Centre. Colección Alejandro Gandul.
A las 2 horas de haber zarpado se presentó una densa niebla que, unida a la oscuridad reinante, redujo la visibilidad a unas pocas brazas. En el puente, el primer oficial Emilio Landáburu avisó al capitán y le informó que estimaba encontrarse a unas 7 millas del cabo Trafalgar. El vapor redujo la marcha y comenzó a emitirse señales acústicas, la mar presentaba una ligera marejada.
Con estas condiciones comenzaron a escuchar la sirena de otro vapor que navegaba por la cercanía. Uno de los pasajeros, un pescador de Carboneras llamado José González Soto, lo cuenta así:
“Oíamos a distancia la de otro barco, el alemán, al que distinguí, después de su segundo toque, a más de un cuerpo de barco de distancia; vi sus luces; marchaba a toda máquina y nos embistió con la proa por nuestro costado de babor.”
El impacto tuvo que ser brutal e inesperado, sacudiendo violentamente al <Martos>. Tras el estruendo, el buque comenzó a hacer agua inmediatamente. El primer oficial también ofrece su testimonio en la misma línea:
“Yo había llamado al capitán Cano al puente y en vista de la cerrazón tocábamos continuamente la sirena. Oíamos las de otros barcos que viajaban próximos para cruzar el Estrecho. De repente, sin poder evitarlo, el vapor alemán se echó a toda marcha sobre el costado del nuestro, que se hundió a los tres minutos.”
Las escenas sobre la cubierta y camarotes del <Martos> debieran ser de un caos total y espanto. Los aterrados pasajeros, muchos de ellos mujeres y niños, aturdidos y desorientados buscaban ayuda y una guía que les salvara del desastre que se avecinaba. Cuando las tenues luces del barco se apagaron, el miedo se multiplicó. Poco después, no más de tres minutos, el <Martos> se fue al fondo:
“Los náufragos apenas se dan cuenta de lo ocurrido. Uno de ellos refiere que se despertó al sentirse arrojado con violencia desde la litera y experimentar un fuerte dolor en un hombro, efecto de la caída. Comprendió que el barco había chocado, y sin cuidarse de ponerse ropa alguna, subió a cubierta, donde ya se encontraban casi todos los pasajeros, dando gritos de espanto. El ruido de las sirenas de los dos vapores contribuía a aumentar el horror de la tragedia escena. El capitán y los oficiales del <Martos> se esforzaban en recomendar calma a los pasajeros, pero éstos hacían imposible la faena de arriar los botes.”
El vapor <Martos>, cuyo naufragio ha causado en España profunda impresión. Fuente: “todocoleccion.net”, fotografía de Gómez Durán.
Otro de los náufrago cuenta esta estremecedora escena en el periódico <El Globo”: “Algunos se arrojaron al agua al ver que se aproximaban pequeñas embarcaciones del otro barco. Entre ellos, una mujer con un niño en los brazos.”
Este mismo pasajero relata que consiguió subir a uno de los botes para, en seguida, ser medio aplastado por un montón de desesperados. Cuando sintió que estaba a salvo a bordo del <Elsa> se dio cuenta que no recordaba lo ocurrido. Fue recobrando la cordura al sentirse reconfortado por el calor de una manta que uno de los marineros del vapor alemán le había colocado sobre su espalda. La revista el <Nuevo Mundo> ofrece otro terrible testimonio: el de un superviviente que observó como uno de los pescadores luchaba por su vida y la de su familia:
“Un infeliz de estos sujetaba con un brazo a un hijo suyo de poco más de un año de edad, mientras con el otro brazo nadaba a donde estaba su esposa, que hacía grandes esfuerzos por salvarse; intentó ayudarla, y el padre, la madre y el pequeñuelo perecieron ahogados al cabo de pocos momentos.”
Durante ese corto intervalo de tiempo, gracias a los testimonios recibidos, se supo que el capitán, Miguel Cano, trató de hacer mantener la calma a los tripulantes y pasajeros. Según cuenta <La Correspondencia Militar> se le oyó gritar:
“Dirigiéndose a los oficiales y marineros, dijo repetidas veces:
-¿Qué hacéis ¡Calma, calma! ¡No alarmarse!”
Según otro testigo, cuando comprobó que el vapor se iba a hundir sin remedio, gritó:
“-¡A salvar a los pasajeros!”
Las versiones sobre la desaparición del capitán don Miguel Cano difieren. El primer oficial dijo que el capitán volvió a su camarote a recoger la documentación del buque y valores cuando, repentinamente, el <Martos> se sumergió. Otra versión asegura que se le vio en el puente cuando su buque se fue a pique. Lo cierto es que su cuerpo nunca apareció, y con él se ahogaron otros seis miembros de la tripulación: don Vicente Síster, ayudante de máquinas; don Pedro Ronda, fogonero; Antonio González, palero; N. Roig, marinero; y, José Agustí y Jaime Vives, camareros.
Localización del siniestro. Fuente: Geogle-Earth.es / Foro de Historia, 22 enero 2013.
“The Scotsman” en el Reino Unido recoge la noticia y aporta algún dato más sobre el <Elsa>:
“SPANISH STEAMER SUNK. 32 PASSENGERS AND 7 OF THE CREW DROWNED. A REUTER´S telegram, dated Gibraltar, Tuesday, says: -The German steamer Elsa of Flensburg, which has arrived here from Valencia, reports that at half past two this morning, when the was about thirty.two miles ti the west of Tarifa, she collided in a dense fog with the Spanish steamer Martos, which had on board 10 saloon and 76 third class passengers, and a crew of 26.” [Traductor Google: HUNDIMIENTO DE VAPOR ESPAÑOL. 32 PASAJEROS Y 7 TRIPULANTES SE AHOGARON. Un telegrama de Reuters, fechado en Gibraltar el martes, dice: El vapor alemán Elsa, de Flensburg, que llegó aquí procedente de Valencia, informa que a las dos y media de esta mañana, cuando se encontraba a unas treinta y dos millas al oeste de Tarifa, colisionó en medio de una densa niebla con el vapor español Martos, que llevaba a bordo diez pasajeros de salón (primera clase) y setenta y seis de tercera clase, y una tripulación de veintiséis.].
El <Martos> yace en el fondo. Sobre el agua, los supervivientes. Unos nadan, los demás chapotean desesperados. El peso de la ropa empapada arrastra al fondo a los que no saben nadar. Otros, con determinación, tratan de sostenerse antes de que le fallen las fuerzas o el pánico les rinda. En la oscuridad la tripulación del <Elsa> ha arriado sus botes y lanzado al agua algunos salvavidas. Los náufragos, desesperados, se cuelgan en la barloa de los botes o se sostienen inestables en los salvavidas. El <Elsa>, haciendo sonar continuamente su sirena, permanecerá en el lugar hasta las 6 de la mañana, cuando la niebla se disipa algo y comienza a amanecer. Poco a poco abandonará esas aguas en demanda del fondeadero de Gibraltar.
Don Miguel Cano San Martín, capitán del <Martos>, que pereció en la catástrofe. Fuente: “todocoleccion.net”, fotografía de Ballell.
Las primeras impresiones de que algo grave ha sucedido tienen lugar cuando el <Elsa> se cruza con otros buques. A causa de la niebla, varios vapores han retrasado su partida, esperando que con el amanecer se disuelva la cerrazón. “El Globo” cuenta cómo otros viajeros y tripulantes observan al <Elsa> con su proa dañada y a un numeroso grupo de personas apiñadas sobre la cubierta:
“Cuando se disipó la niebla, los viajeros vieron pasar al vapor <Elsa>, que lo hizo muy cerca, y pudo observarse que llevaba en la proa dos boquetes, consecuencia del choque con otro vapor, cuya tripulación y pasajeros habían transbordado al <Elsa>. Sobre cubierta se veía gran número de gente, y el barco navegada a toda máquina, en demanda de las costas de España, a pesar de la avería. Los botes iban colgados y preparados para la faena de salvamento, muchos pasajeros llevaban puestos salvavidas.”
En tierra, los supervivientes recibidos por el cónsul de España, y autoridades gibraltareñas, son trasladados a hospitales, y fondas de La Línea y Gibraltar. Los que no han sufrido daños siguen el camino hacia sus hogares:
“Los náufragos. De Gibraltar, después de socorridos, han marchado ayer a Algeciras 63 náufrago del <Martos>, a embarcar en un vapor de la Compañía Ibarra, con destino a Málaga, Almería, Alicante, Cartagena y Valencia. Quedan en el hospital, curándose cuatro pasajeros y dos tripulantes, y además permanecen allí el resto de la tripulación y el único pasajero de primera que logró salvarse.”
Don Vicente Síster, ayudante de máquinas y otra de las víctimas. Fuente: “todocoleccion.net”, fotografía de Gómez Durán.
El 17 de agosto, el vapor <Villarreal>, de la misma compañía, se aproxima al lugar de la colisión y observan consternado cómo, los dos palos pintados de blanco del <Martos>, sobresalen sobre la superficie. Abajo es otro mundo donde el tiempo se mueve distinto y los mástiles son el camino que hay que seguir. A bordo, el abatimiento cerca a las personas cuando imaginan las escenas que, un día antes, han ocurrido en aquel lugar. Hay pasajeros que arropados por el sentimiento religioso, y unos frailes que viajan con ellos, se arrodillan y meditan una plegaria. Los marinos lamentan la desgracia de sus compañeros de flota: el barco y los hombres:
“El vapor <Villarreal>, que fondeó ayer en Cádiz, se detuvo a las cinco de la tarde en el sitio del naufragio del <Martos>, a cinco millas y media de Trafalgar. Los pasajeros que iban a bordo vieron los palos del <Martos>, pues salían del agua cerca de dos metros. De la chimenea no se veía nada. Practicados sondeos, se observó que la profundidad en aquel sitio era de 33 metros. Los pasajeros del <Villarreal> vieron, emocionadísimos; bocoyes, fardos y maderos flotando, perteneciente al vapor <Martos>. Cadáver no vieron ninguno. Tres franciscanos de las misiones de Marruecos que iban en el <Villarreal> rezaron responsos.
Pasajeros del <Villarreal>, nos decían:
-Cuando esta tarde estuvimos contemplando los palos del <Martos>, a muy pocos metros de distancia, a todos nos embargó emoción profunda. Se vieron mujeres y hombres, de rodillas, rezando por los muertos, y las lágrimas rodaron por las mejillas de muchos.
La escena fue triste, emocionante, de las que jamás pueden borrarse de la imaginación.”
Los vapores <Martos> y “Elsa”, que chocaron en el Estrecho de Gibraltar, naufragando el primero. Foto: Vázquez y López García. Fuente: “Nuevo Mundo”, año XVII, n.º 868, Madrid, 25 agosto 1910.
En tierra se comienza a hacer el recuento de los supervivientes y las víctimas. <El Globo> aporta la siguiente lista de supervivientes:
“La catástrofe del <Martos>. Los supervivientes. / En el vapor <Sebastián> han llegado a Almería, los náufragos del <Martos>, Cristóbal López, Antonio López, Fernando Forte, José Alonso, Sebastián García, Antonio Rodríguez, Luis Juan y Andrés Martínez, Juan Alonso, Francisco Esjeres, Francisco Monares, Rosa Albarracín, Juan Gallardo y Agustín Hernández. / Ha llegado a Alicante el vapor “Cabo Blanco> conduciendo a los náufragos del <Martos>, Jaime Orozco Orozco, José Vives, Vicente Nadal, Antonio Navarro, Vicente Such, Jacinto Moragas, Manuel Fuster, Salvador Manso, Antonio Grau, Miguel Ángel Portes y José Portes. Los siete primeros son naturales de Benidorm y los cuatro últimos de Calpe.”
Según aclara la prensa, todos los supervivientes de Almería son de la barriada del Cabo de Gata, excepto Agustín Hernández, que es oriundo de Carboneras, y que perdió a su esposa y dos hijos. También se sabe el nombre de algunos pasajeros que han perecido en el naufragio El mismo periódico da esta relación:
“Hasta ahora se ha podido hacer la siguiente lista de nombres de las víctimas del naufragio: Roque Pastor, José Santa Cruz, Juan Pérez. Joaquín Fúster, Ramón Ortiz, Miguel Fuerte, Andrés Perrafite, Agustín García, María Hernández, Agustín López, Simón López, Pedro Alonso, Angustias Lamona, Blas Ruiz, Juan Ruiz, José Alarcón, Dolores López, María López y Pedro López, pasajeros de tercera clase. Juan Yaus, de primera clase.”
En el Reino Unido, el naufragio del <Martos>, también, es objeto de extensa información. Además de las habituales informaciones recibidas por medio del telégrafo, los periódicos relatan detalles de la tragedia. En este caso el “Sunderland Daily Echo”, reproduce el relato de una entrevista al Luis Pons, el único pasajero de primera clase que sobrevivió.
“Don Luis Pla has stated in an interview that he was sleeping soundly at 2.30, when he was awakened by a great noise. He tried to infuse courage into the terrified passengers around him, but the panic was increased by the extinction of the electric light. He succeeded in reaching the deck and leapt overboard at the instat the wessel sank. He was twice almost sucket under by the whirlpool caused by the sinking of the Martos, but being a good swimmer he managed to keep afloat. He heard voices shouting for help on every side. He was eventually picked up by a launch in a very exhausted state.” [Traductor Google: “Don Luis Pla declaró en una entrevista que dormía profundamente a las 2:30 cuando un gran ruido lo despertó. Intentó infundir ánimos a los aterrorizados pasajeros que lo rodeaban, pero el pánico aumentó al apagarse la luz eléctrica. Logró llegar a cubierta y saltó por la borda en el instante en que el barco se hundía. Estuvo dos veces a punto de ser arrastrado por el remolino provocado por el hundimiento del Martos, pero como buen nadador, logró mantenerse a flote. Oyó voces pidiendo ayuda por todas partes. Finalmente, una lancha lo rescató en un estado de agotamiento extremo.”].
Don Miguel Cano, capitán del <Martos>, que murió en la catástrofe. Fotografía hecha hace pocos meses en Barcelona a bordo de dicho buque. Foto: Emitida por Merletti. Fuente: “Nuevo Mundo”, año XVII, n.º 868, Madrid, 25 agosto 1910.
La mar y el <Martos> le permitieron salvar la vida para contar la amarga experiencia. Por dos veces logró salir a flote cuando el buque, al hundirse, quiso arrastrarlo consigo. Luis Plá Pons, acogido por la fortuna, y antes de ser izado a bordo del <Elsa>, no podrá olvidar los gritos y lamentaciones de los que se debatían en la oscuridad de las aguas del Estrecho. Voces de auxilio y de perdón, o llamando a los familiares y amigos.
El 21 de agosto, el periódico “El Imparcial”, añade otros detalles sobre las víctimas, los supervivientes y la primera inspección que realizan los buzos. Sobre las víctimas cuenta que, de los pasajeros de primera clase, fallecieron un señor de Puerto Rico, llamado Antonio Fernández Pérez, su hija y sus cuatro nietos. También que, de los niños que viajaban con el <Martos>, sólo sobrevivió uno de dos años, cuyo padre, llamado, Manuel Alonso, consiguió salvarlo. Su madre desapareció. Otra pasajera, llamada Antonia López salvó su vida, aunque perdió a sus dos hijos y su hermana. También nombra a otros dos supervivientes llamados Juan Martínez Rodríguez y Miguel Díaz Segura. Se siguen buscando los cadáveres:
“Varias embarcaciones menores recorren las costas de Tarifa, Conil y Trafalgar buscando los cadáveres que todavía no han aparecido. Se supone que fueron arrastrados a alta mar por el fuerte temporal de Levante que reina.”
Los días posteriores al hundimiento traerán expediciones de buceo a los restos del <Martos>. Al saberse que los palos del buque sobresalían sobre la superficie se realizaron inmersiones para estudiar el pecio y volar las partes que constituyen un peligro para la navegación:
“El casco del <Martos>: ha sido reconocido por los buzos que envió la Compañía a bordo del “Síster”. Tiene averías en el tercio medio anterior. Fue embestido por babor y el golpetazo fue tan tremendo que casi partió el casco.”
Don Vicente Ferrer (1), segundo maquinista del <Martos>, y Don Emilio Landáburo (2), piloto, salvados milagrosamente a bordo del <Elsa>. Foto: López y García. Fuente: “Nuevo Mundo”, año XVII, n.º 868, Madrid, 25 agosto 1910.
“El Globo”, el 25 de agosto, casi parece que acompaña al buzo durante el recorrido del precio:
“Un buzo desciende al <Martos>. A las dos de la madrugada salió el vapor <Villarreal> para el lugar del naufragio del <Martos>, llevando a bordo al naviero don Antonio Millán, al capitán del <Síster> y un buzo que llegó de Gibraltar. Llegaron al sitio de la catástrofe al amanecer y regresaron a Cádiz a las cinco de la tarde. El buzo bajó al <Martos> y recorrió toda la cubierta, sin encontrar ningún cadáver. Deben de estar dentro de los camarotes.”
Sigue adelante y aparece un detalle que estremece:
“El buzo vio uno de los botes a medio descolgar, lo que hace suponer que los náufragos se disponían a lanzarlo al mar cuando el buque se hundió. El <Martos> tiene un grandísimo agujero en el centro de la banda de estribor. El barco está sobre una gran explanada de arena, a 33 metros de profundidad. Se mantiene muy derecho, asomando fuera del agua tres metros de ambos palos.”
El 29 de agosto se sabe, por “El Imparcial”, que la segunda expedición de buceo se realiza, exclusivamente, con el objetivo de recuperar cuerpos del interior del vapor hundido. Dirigidos por el capitán Tonda de la <Compañía Valenciana de Vapores Correos de África>, participan buzos y marinería a bordo del vaporcito <Sancti Petri>. No hemos hallado datos sobre los resultados de estos buceos. El 31 de agosto, “El Día” publica lo siguiente:
“Se corrobora telegrama del comandante de Marina de Algeciras, manifestando que no existe inconveniente en autorizar la extracción de cadáveres del <Martos>, y hacer desaparecer los palos.”
El sábado 10 de septiembre de 1910, “El Correo Español” da la noticia de que ya se han volado partes del <Martos>. En la información se detalla que, lo que ha hecho desaparecer, ha sido la chimenea y los palos. Más tarde, el mismo día, pero por
<La Correspondencia de España>, se sabrá que el puente, cámara y camarotes del buque también fueron destruidos por voladuras con dinamita. Como detalle llamativo para los buceadores, este periódico añade esta información:
“En las bodegas vieron los buzos varios tiburones y otros peces voraces.”
El vapor <Martos>. Fuente: “Las Provincias: diario de Valencia”, año XLV, núm. 16040, 18 agosto 1910.
El balance final de los pasajeros y tripulantes fallecidos ascendió a treinta y nueve. Siete tripulantes y treinta y dos pasajeros. En Cádiz y Valencia, presididos por las autoridades, se oficiaron funerales en la iglesia del Carmen y basílica catedral, respectivamente.
En cuanto al vapor <Elsa>, el periódico el <Heraldo de Madrid> recogió unas declaraciones de su capitán. Carl Peters declaró que, efectivamente, navegaban en medio de una niebla muy espesa, pero que en absoluto iban a toda máquina:
“Mi barco es de mitad de tonelaje, que el <Martos>. Nos encontrábamos a 32 millas oeste de Tarifa, con niebla espesa; íbamos a pequeña marcha y tocando la sirena. De pronto vi al barco español que, a distancia de dos cuerpos de barco trataba de cruzarme por proa; inmediatamente di toda máquina atrás, pero ya era tarde: el barco español chocó con el mío, al que causó averías en el primer tercio de la mura de proa. El <Martos> se hundió rápidamente; eché en mis botes y salvé a todos los que pude. Si hubiera ido a toda máquina, ambos barcos se hubieran hundido. No se veía nada.”
A pesar de estas declaraciones, la compañía española puso una demanda por 16500 libras a la alemana y <Elsa> quedó retenido en puerto (*). En la causa instruida por el naufragio del <Martos> se sabe que se le dio curso.
En el Archivo General de Marina Álvaro de Bazán se ha localizado un exhorto destinado al cónsul general del Imperio Alemán en Gibraltar, para que remita copia de las declaraciones tomadas a la tripulación del vapor <Elsa>. También se sabe que fueron enviadas al Juzgado de Instrucción de la Comandancia de Marina de Valencia y que se tradujeron a castellano. Desafortunadamente no se ha localizado la sumaria del naufragio.
(*) El <Elsa> quedó detenido en Gibraltar desde el 2 de septiembre de 1910. En octubre de 1911 fue adquirido por <M.H.Bland & Co>, renombrado <Gibel Derif> y destinado al transporte de carbón. En 1919dejó de pertenecer a <M.H.Bland & Co>, pasando por varias compañías. Sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial navegando con la <Hamburg Danzig Linie> y fue desguazado en 1950.
Popa y sector del timón. Foto: Alejandro Gandul.
¿EL PECIO HOY?
Los expedientes que se instruyeron, durante los años 50, para el desguace de tantos vapores, registran una posición relativamente cerca de un lugar, que los pescadores profesionales, deportivos y submarinos denominan como <el barco de los coches> o, simplemente, <el mercante>. Por otra parte, la prensa gráfica contemporánea al naufragio, ofrecía una enfilación que indicaba el punto aproximado del hundimiento del <Martos>. Dicha enfilación y los datos anteriormente reseñados nos llevan al pecio de un vapor, muy destrozado, que podría ser en <Martos>. Sin embargo, nos limitamos a plantear una hipótesis y a contar la inmersión que en un día, llevados a ese lugar por un pescado, pudimos realizar.
Parte del plan del buque. Foto: Alejandro Gandul.
El pecio está, sobre un fondo de arena, a unos 34 metros. Es un buceo complicado donde, a la profundidad, hay que sumar las corrientes, fuertes y habituales, del Estrecho.
El hecho de pensar que podría ser el desgraciado vapor, da un sentido diferente a la corta estancia que nos permiten las condiciones de aquel paraje.
Desgraciadamente hay pocos restos, y además, muy cubiertos de arena. Ni que decir tiene que allí no hay coches. Ignoramos por qué llaman a aquel precio de esa manera.
Aquel día la visibilidad era buena. El descenso estuvo cargado de incertidumbre y cuando divisamos el fondo vimos, semicubierto por la arena, el plan de un barco de hierro. El hecho de bucear en un lugar nuevo siempre es emocionante, pero cuando se trata de un barco hundido afloran otros sentimientos. Intentas fotografiar, mentalmente, los hierros para guardar el recuerdo de algo irreal, que parece detenido en el tiempo.
Detalle del eje de transmisión. Foto: Alejandro Gandul.
Tras descubrir estos primeros vestigios, una sombra cercana delata que hay algo de mayor tamaño. A medida que me acerco, la forma se define y aparece una caldera. Junto a ella la máquina, que parece de dos cilindros, está tumbada hacia un lado. La caldera tiene dos hornos. Uno de ellos tiene la tapa abierta y el otro permanece con su tapa cerrada. Sobre ellos, la salida de los tubos de humo está a la vista. Creo que la posición de la caldera y la máquina no es lógica. Están como si las hubiesen movido. Esto puede explicarse por las voladuras a las que fue sometido el desdichado <Martos>.
Panorámica donde se puede ver: a la derecha una de las palas de la hélice. A continuación, y a la izquierda, otra pala casi cubierta. Junto a ella el vano de la hélice. El codaste, proel y popel, está enterrado. Foto: Alejandro Gandul.
De nuevo casi desaparece cualquier rastro del pecio, aunque el eje de transmisión está todavía y lo puedo seguir. Hay alguna chapa, pero mucha arena. La línea recta que sigo se vuelve abrupta cuando llego a los restos de la popa. De nuevo, levanta algo más y ofrece algunos detalles interesantes.
La hélice está casi cubierta de arena, al igual que el codaste y timón. Situarse sobre las rodillas y contemplar este conjunto sobrecoge. La marcha del buque detenida para siempre.
Al volar el <Martos> sus restos quedaron esparcidos y volteados. Años más tarde, el desguace terminó por descomponer el pecio. Foto: Alejandro Gandul.
Ascendiendo por los restos, distingo el sector del timón y algunos huecos donde se refugian los peces. Entre los hierros amontonados sin sentido, distingo unas bitas y lo que me parecen candeleros. Busco de nuevo el eje de transmisión.
En el recorrido de vuelta encuentro otra caldera. Más pequeña, sin duda es una caldera auxiliar o <donkey boiler>. Un gran trozo de mamparo deja ver dos círculos donde, en los días de navegación, estuvieron encajados sendos portillos.
Miro el manómetro y el tiempo. El chequeo me dice que es hora de abandonar el fondo. Mientras ascendemos observo los restos hasta que quedan engullidos por el azul y la turbidez. No se ha podido alcanzar la zona de proa, pero las voladuras tras su hundimiento y los posteriores desguaces habrán dejado poco que destaque.
*** Fuente: “BAJO LAS COLUMNAS DE HÉRCULES: naufragios de vapores mercantes, Cádiz y Ceuta, 1837-1939”, Alejandro Gandul Hervás. Ediciones Suroeste, 2024. ISBN: 978-84-122907-8-3.

























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