martes, 3 de noviembre de 2026

26/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

  DESPEDIDA.

«”Aquella mañana hubo en el benéfico establecimiento misa con plática y comunión especial. Estos actos, celebrados en grata intimidad, fueron organizados por la Superiora de las hermanas al servicio de aquél, a instancias de la que más principal y asiduamente cuidó a José María de Dios, y en honor del mismo.

José María de Dios ... Así le seguiremos llamando, en adelante, o simplemente José María, cuando tengamos que aludirle, ya que por su revelación a la hermana que le cuidara, conocemos su nombre.

La capillita del hospital aparecía adornada con sus mejores galas, y luciendo, en su totalidad, el excelente alumbrado de que estaba dotada.

A los actos a que nos referimos, asistieron, con las hermanas todas y el honrado, el director facultativo del Centro y el médico encargado de la Sala que el paciente venía todavía ocupando. 

[Ambientación] José María pronunciando su discurso en la capilla; palabras de gratitud antes de partir. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

La misa fue cantada, y actuó en el coro un conjunto musical de la propia Casa, que cumplió admirablemente su cometido. El señor capellán, antes del Credo, habló unos minutos para explicar, en esencia, la significación de aquellos actos organizados para honra y satisfacción de un buen cristiano, espejo de virtudes ejemplares, que supo conservarlas y ponerlas constantemente en práctica, para estímulo de los demás y a través del pleno sufrimiento de las mayores desventuras y adversidades del vivir, que es precisamente donde se templa y fortalece, sublimándose, el verdadero espíritu cristiano.

Terminadas las ceremonias religiosas, pasaron sus asistentes al comedor privado de la Orden, donde fueron obsequiados con un exquisito y suculento almuerzo, a cuyo final, luego del rezo de preces, pronunció José María las siguientes palabras, que fueron escuchadas con toda atención e interés:

—Salgo de esta bendita Casa, donde todo es cariñosa solicitud y esmero, bondad y misericordia, con el corazón henchido de consuelos y con el ánimo fortalecido por el más acendrado espíritu cristiano. Voy a reanudar por el caos de mi vagar el martirio de mi penoso vivir; pero podéis tener como evidencia el que, como no hay mal que por bien no venga, el accidente por mí sufrido, con el consiguiente quebranto accidental de mi salud, ha servido para arraigar más sólida y definitivamente, si cabe, mis creencias cristianas y para patentizar desde luego el que, aunque a la sociedad actual le falte tanto para llegar al relativo grado de perfección que por el Todopoderoso le está destinado, hay organismos tan perfectamente compenetrados con su alta misión, que se acercan, en la voluntad y eficiencia de su funcionamiento, todo o humanamente dable, a ese mayor grado posible de bondad y excelencia que acaba de explicarse. Como expresión de mi profundo reconocimiento, beso la mano a los señores capellán y facultativos que con la ayuda de Dios Nuestro Señor limpiaron mi alma de pecados y arrebataron a la muerte mi propia existencia, y me rindo, humilde y agradecido, ante estos otros terrenales Ángeles de la Bondad, en quienes el Supremo Hacedor de lo creado ha querido encarnar, humanizándolo, el espíritu del Bien y de la Virtud.

Luego de estas palabras, vino la despedida, ese obsequio de acompañamiento que se hace al que se ausenta, despedida ésta que fue emocionante y sentida, por el sincero afecto y sana simpatía despertados en el Establecimiento por aquel simple acogido tan comprensivo como compenetrado del bien que debemos a los demás. 

[Ambientación] José María abandonando el establecimiento; de nuevo solo en el camino. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

Y tras de aquel obsequio de despedida, que incluía sincero sentimiento de estimación y aprecio, nos encontramos de nuevo a José María dueño de sus actos y de sus decisiones; pero encadenado, al propio tiempo, fuertemente, en su ánimo, a dos inclinaciones: una, que le movía fuertemente a desandar lo andado, volviendo a la “Venta del Respiro”, a intentar una solución armoniosa en el conflicto planteado a su primer amor; otra, también poderosa, que le inducía a continuar el camino, dejando al poder de Dios el desate de la dificultad creada a la continuación de su mayor cariño.

La reflexión fue larga. Sus esfuerzos querían encaminarse a detener transitoriamente su juicio para dar tiempo al espíritu a serenarse, poder coordinar bien las ideas y resolver lo más acertado. Mas no pudo conseguirlo, porque independientemente de aquella lucha de su espíritu, hirieron de pronto sus oídos las agudas vibraciones del silbato de la locomotora de un tren que llegaba y que había de salir diez minutos después. Este corte vertical de sus reflexiones generó en su interior un extraño impulso, más fuerte que todas sus otras inclinaciones, que le llevó insensiblemente hacia la estación férrea, sin más tiempo que el indispensable para tomar billete y acomodarse en un modesto departamento de los del convoy, que le puso directamente en Madrid, en una docena de horas.

¡Madrid! ... Lugar en que, al parecer, vino al mundo, y donde no había duda que radicaba la clave de su carencia de apellido, de aquel desdoro, de aquella mancilla, de aquella ignominia por la que la sociedad, en una de sus muchas estulticias más salientes, descargaba en el más inocente la consecuencia de desconocer a sus progenitores ...

¡Aquél estaba fuera de duda que era el sector donde había que luchar y vencer!

¡En la capital de la nación estaba la incógnita de su situación social, en cuyo despejo estribaba la solución de la formalización de su amor!

¡Allí era donde estaba la consecución de su fama; y, por lo tanto, el campo de su acción!

¡Madrid!... Aquél era su terreno de lucha. Allí le llevaba el inmenso poder de Dios, en que tanto confiaba.

¡Madrid! ... ¡¡Madrid!! ... “»

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 171-174. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.

lunes, 2 de noviembre de 2026

MERGABLUM Y LA VÍA HERCÚLEA, y 3 de 3, por FRANCISCO JAVIER GUZMÁN ARMARIO.

Viene del 26 de octubre de 2026

Es decir, que Mercablo pudo haber sido un hábitat más o menos disperso, vinculado a la Vía Hercúlea, en el se daba un punto de reunión para la venta de los ricos excedentes agropecuarios y pesqueros de la zona: salazones, sal, productos del campo y de los bosques, derivados de la cría del ganado, etc. Todo ello favorecido por las comunicaciones naturales que suponían el río Salado y los esteros y marismas que ya nos menciona Estrabón[10].

La cercanía de la imponente Vía Hercúlea, con el tránsito de bienes y personas que implicaba y, sobre todo, con las vinculaciones que creaba con otras civitates, habría favorecido un aumento de la población en alquerías y villae que, tomadas en su conjunto, creo que han de ser agrupadas bajo esa genérica denominación de Mercablum.

Esto, que no deja de ser una hipótesis hasta que la disciplina arqueológica lo confirme, sirve de razonada explicación al hecho de que, con el tiempo, aquí surja una verdadera ciudad.

El yacimiento de la villa de Pocito Blanco, que afloró a la luz en 2004, tendrá mucho que decir al respecto. Y con él todos los descubrimientos que en el futuro, sin duda alguna, iluminarán el pasado romano de CONIL. Bien que de momento tenemos lo que tenemos: y todo ello apunta a un agrupamiento de personas que, sin constituir un núcleo urbano, nos ha dejado su eco desde aquellos lejanos días. 


El bronce de Lascuta. Fuente: Soledad, 19 agosto 2023. Cosas de Córdoba. 

Bibliografía:

-Álvarez Rojas et alii, Baelo Claudia. Guía del Conjunto Arqueológico, Consejería de Cultura - Junta de Andalucía (2003).

-Corzo Sánchez, R., Las vías romanas de Andalucía, Sevilla 1992.

-Chic García, G., Breve Historia Económica de la Bética romana, siglos I-II, Écija 1998.

-Chic García, G. “Economía y ciudades de la Bética”, Andalucía en la Historia 14, Septiembre de 2006, pp. 17-21.

-Chic García, G., “Urbs, polis, civitas”, en Los orígenes de la ciudad en el noroeste hispánico, Lugo 1999, pp. 145-170.

-González Román, C., Padilla Arroba, A., Estudios sobre las ciudades de la Bética, Granada 2002.

-Grimal, P., Las ciudades romanas, Barcelona 1991.

-Hopkins, K. “Rome, taxes, rents and trade”, Kodai. Journal of Ancient History (1995-1996 [1997], pp. 41-75.

-Informe sobre los hallazgos arqueológicos de El Pocito Blanco - Conil de la Frontera (Cádiz), Suplemento al Boletín nº 4 de La Laja, Amigos del Patrimonio Natural y Cultural de Conil, www.lalaja.org/publicaciones.html.

-Lagóstena Barrios, L. La producción de salsas y conservas de pescado en la Hispania romana (sg. II aC.-VI dC.), Barcelona 2001.

-Pemán, C., “Los topónimos del extremo sur de España”, Archivo Español de Arqueología XXVI (1953), pp. 101-112.

-Roldán Hervas, J.M., Itineraria hispana : fuentes antiguas para el estudio de las vías romanas en la Península Ibérica, Valladolid 1975.

-Silliéres, P. Baelo Claudia. Una ciudad romana de la Bética, Madrid 1997.

NOTA:

[10] Estrabón.- Geógrafo e historiador griego. Biografía.  Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

Fin del artículo.

*** Fuente: “Boletín LA LAJA: Amigos del Patrimonio Natural y Cultural de Conil”, n.º 7, pp. 10-13, diciembre 2006.  

domingo, 1 de noviembre de 2026

EN UNO DE LOS RINCONES DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE CONIL: UN MARISCAL DE CAMPO FRANCÉS EN CONIL (1.736).

Una sorprendente partida de defunción, una vez más, nos presenta a un personaje que, por desconocidas circunstancias, vino en morir a Conil y que hoy, pasados cerca de tres siglos, permanece en el anonimato de los vecinos, como otros muchos. Llama la atención que en una villa relativamente pequeña se encontrara un Mariscal de Campo, Marcos Antonio de la Comerie, nacido en París, puesto que ese era uno de los empleos más elevados, equivalente al de General de División en la organización militar borbónica de la época. No, no era un militar cualquiera. De hecho, en el funeral, celebrado con honras enteras, asistieron todo el Clero y los frailes mínimos del Convento de la Victoria, dedicado a Nuestra Señora de las Virtudes. Todo ello demuestra el elevado rango social del difunto.

[Ambientación/rostro ficticio] Marcos Antonio de la Comerie con el uniforme de Mariscal de Campo en los R.R. Alcázares de Sevilla. Fuente: Imagen creada por CharGPT. 

Desde 1729 hasta 1733, durante el reinado de Felipe V, la Corte había permanecido instalada en Sevilla, y buena parte del alto mando militar se movió por Andalucía. Poblaciones como El Puerto de Santa María, Cádiz y la Isla de León eran entonces centros militares de primer orden. Como hipótesis, no estaría mal suponer que Marcos Antonio estuviera ya retirado, dada su edad, unos 65 años, y enfermo, desplazándose a Conil, no a su núcleo urbano, sino a un paraje de su término, buscando un lugar de descanso para su recuperación. 

[Ambientación] Cortejo fúnebre de Marcos Antonio de la Comerie llegando a la iglesia parroquial de Santa Catalina (el fondo se corresponde a una conocida fotografía de 1919, casi dos siglos después; durante el hecho narrado, el edificio sería bastante diferente). Fuente: Imagen creada por CharGPT. 

La posibilidad de localizar el testamento en algún protocolo notarial de El Puerto podría dar solución a muchas de las misteriosas circunstancias que rodean a este militar, así como la consulta del Archivo General de Simancas permitiría conocer sus servicios en el ejército, pero eso lo dejaremos para otra ocasión. De todas maneras, el hallazgo de este documento resulta muy interesante, ya que no es frecuente encontrar en los registros parroquiales, y tampoco en los civiles, de Conil el fallecimiento de un general de tan alta graduación. 

Reproducción fotográfica de la Partida de Defunción de Marcos Antonio de la Comerie, 11 diciembre 1.736. Fuente: Rafael Coca López, 30 septiembre 2021. Archivo Parroquial Santa Catalina. 

Transcripción libre, Rafael Coca López:

«” DON MARCOS ANTONIO DE LA COMERIE.- En Conil, en once de diciembre de 1736; Don Marcos Antonio de la Comerie, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos, natura que dijo ser de la ciudad de París, soltero, como de 65 años, se enterró en esta parroquial, con oficio de Honra Entera, tres posas, así como acompañamiento de todo el Clero, y de la Comunidad de la Victoria de esta Villa, murió en el sitio de La Florida, término de esta Villa, y declaró haber testado en El Puerto de Santa María, y recibió los Santos Sacramentos, y se espera la cláusula de su testamento de sus albaceas, la que constará en la Colecturía, y en su fe lo firmo. = [Aparece la firma y rúbrica de:] Don Joseph Gonzalez.”» 

[Ambientación] Reproducción de la despedida [Beso La Mano de Vuesa Excelencia, su más Seguro Servidor], firma y rúbrica de Monsieur de la Comerie (también usaba la variante de la Comery) de una carta dirigida al XI duque de Béjar, Juan Manuel de Zúñiga, desde Sevilla el 31 de enero de 1731. Fuente: Portal de Archivos Españoles, PARES. Ministerio de Cultura. Gobierno de España. 

*** Fuente: Libro de Defunciones 2 (1.720-1.747). Archivo Parroquial Santa Catalina. Antonio Martínez Cordero también redactó una de sus fichas con este óbito. Agradecimiento: Yelman F. Bustamante Solórzano, párroco de Conil de la Frontera. 

sábado, 31 de octubre de 2026

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

A continuación se presenta un recorrido por uno de los rasgos más definitorios de la historia de Conil de la Frontera: su carácter de tierra de acogida. Desde la repoblación castellana de los siglos XIV y XV hasta la llegada de comerciantes, almadraberos y artesanos de distintos puntos de la Península e incluso del Mediterráneo, la evolución demográfica y social de la villa ha estado marcada por sucesivas oleadas migratorias. El texto analiza cómo estas corrientes humanas, atraídas por las oportunidades económicas ligadas al comercio, la pesca y las almadrabas, contribuyeron a configurar el entramado familiar, económico y cultural del municipio.

Especial atención merece la inmigración de los llamados “montañeses”, procedentes de la actual Cantabria, cuyo protagonismo en el comercio de ultramarinos, la agricultura y otras actividades económicas dejó una huella profunda en la sociedad conileña entre finales del siglo XVIII y el XIX. A través de apellidos, oficios y trayectorias personales, el artículo ofrece una visión ilustrativa de cómo la mezcla entre los antiguos linajes de la repoblación y los nuevos inmigrantes fue forjando la identidad contemporánea de Conil.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] En primer término el montañés Gabino Hidalgo, junto a sus hijos y trabajadores en el ultramarinos que abrió en Cádiz a finales del siglo XIX, aún abierto. José Antonio Hidalgo. Fuente: “DIARIO DE CÁDIZ”, 11 marzo 2012. 

“LA INMIGRACIÓN EN CONIL EN EL SIGLO XIX”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de Conil, 2008. 

«“Desde la Edad Media, el factor migratorio tuvo una gran importancia en Cádiz y localidades próximas. Las posibilidades mercantiles de la zona, su proximidad al continente africano y las perspectivas de trabajar en una actividad relacionada con el comercio, atrajo temporalmente a gentes de los pueblos más dinámicos del resto de la península, hombres y mujeres del interior provincial y, en menor medida, a extranjeros.

Los orígenes de los habitantes de Conil se remontan al siglo XIV, época de la repoblación castellana de esta zona del sur peninsular. La procedencia de esos primeros vecinos fue del norte, de Galicia, de las dos Castillas, e incluso de zonas repobladas años antes como Baeza, o Jerez de la Frontera. Los apellidos de estos primeros conileños aún perduran, como Aparicio, García, Gil, Gutiérrez, Martín, Moreno, Fernández, Moya, Ramírez, etc. …

 Pasada esta primera fase repobladora de los siglos XIV y XV, se produce un verdadero aluvión histórico de inmigrantes atraídos por el auge que experimentan las almadrabas. Las personas que se avecinan a partir del primer tercio del siglo XVI proceden, en su mayor parte, de las localidades vecinas inmediatas: Vejer, Chiclana, Medina, Puerto Real, y Jerez de la Frontera. También, aunque un número más reducido, vinieron familias del Condado de Niebla, en Huelva, por los vínculos familiares de la Casa Ducal de Medina Sidonia. Algunos almadraberos procedían de Tarifa, de Gibraltar, del Reino de Portugal y de lugares de la península italiana como Génova y Nápoles y también de la isla de Malta.

[Imagen del artículo original] Anuncio de <La Lonja de Conil>, propiedad de Moisés Gutiérrez Fernández, dedicada a comestibles y bebidas. Fuente: Francisco González Ureba. 

Los apellidos de esta nueva oleada de inmigrantes son fundamentalmente: Hernández, Román, Brenes, Trujillo, Lobatón, Amar, Basallote, Ortiz, Cifuentes, Mures, Calderón, Ramírez, Alba, Bustos, Sánchez, Fuentes, Muñoz, Ureba, Almazo, Mendoza, Rodríguez, Camacho, etc. … No menciono más que una breve muestra  de los apellidos establecidos en Conil, los más comunes o usuales, ya que de lo contrario sería un cometido más extenso y prolijo de lo que pretendo abarcar en el presente artículo.

 Con posterioridad a los dos periodos históricos mencionados, quiero hacer mención  a una inmigración muy particular, que se dio en Conil y otras localidades de la Bahía gaditana, durante el último tercio del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, me estoy refiriendo a la de los llamados <montañeses> que, procedentes de la actual Cantabria, vinieron a ejercer el comercio de ultramarinos y de cafés-bares, así como otras actividades artesanales e industriales.

La inmigración cántabra a Cádiz y su provincia se realizó en circunstancias muy duras, con jornadas de trabajo sin fin, bajos salarios, y en muchos casos, sobreexplotación. La suerte no siempre acompañó a los llegados de los remotos valles de la cornisa cantábrica en sus nuevos destinos. Muchos regresaron fracasados a su tierra natal, no obstante, la mayoría de los llegados a Conil mejoraron su situación económica, e incluso algunos comerciantes se hicieron con grandes fortunas, infiltrándose en el tejido burgués de la población, llegando a ocupar las posiciones más altas en lo político, económico y social.

La actividad básica de estos <montañeses> era el ejercicio del comercio mediante un establecimiento de ultramarinos, que así se llamaban entonces a las tiendas de comestible, y el despacho de vinos y licores en un local anexo al propio establecimiento. De este modo mientras el montañés <despachaba> tocino salado y fideos, por ejemplo, en la dependencia anexa servían vinos a unos cuantos contertulios. El mostrador era corrido separado apenas por una estantería, uno cortina o puerta de cristales, de tal modo que permitía estar pendiente de ambas actividades simultáneamente. Estos comercios se ubicaban en lugares estratégicos de la población, casi siempre ocupando lugares que hicieran esquina a dos calles, bien equipados de mobiliario que llamaban <armazón>, formado por el conjunto de estanterías, vitrinas, expositores, anaqueles y cajoneras, que formaban una unidad compacta a todo lo largo de la pared del local. En lugar destacado no podía faltar un clásico reloj de pared de forma hexagonal, de madera lacada en negro con incrustaciones de metal y nácar.

[Imagen del artículo original] Publicidad de Prudencia Gutiérrez Orbaneja, cosechero, criador y exportador de vinos. Fuente: Francisco González Ureba. 

Los montañeses supieron aprovechar la coyuntura que ofrecía los numerosos repartos de tierras en suertes entre jornaleros desde 1770 y sobre todo, los llevados a cabo después de la invasión francesa hasta 1855, que dieron lugar a una nueva clase de pequeños agricultores y a un fomento de la agricultura, dando lugar a mayor capacidad de consumo y a mejores expectativas comerciales. Una tienda estratégicamente situada y llevada de forma eficiente, como solo los montañeses sabían hacerlo, se convertía en uno de los negocios más lucrativos de la población.

Los santanderinos llegados a Conil fueron, siguiendo el orden de llegada los siguientes:

.- José del Castillo, natural de Corteguera, villa de Santillana del Mar y su socio Amador Sevillano, ambos se establecieron sobre 1780.

.- Bernabé Ruiz del Moral y su esposa Josefa Gallego llegados a Conil en 1800.

.- Francisco González del Tánago y su esposa Francisca Díaz Borrego, natural de Casar de Periedo, en el valle de Cabezón de la Sal, llegados a Conil años antes de la invasión francesa.

.- José Ruiz del Moral y su esposa María Marcos, acompañados de su hijo Manuel, naturales del lugar de Bostronizos, en el valle de Iguña, llegados a Conil sobre 1800.

.- Antonio de la Cuesta y su esposa María Josefa Viaña e Hidalgo naturales de Tojo, en el valle de Cabuérniga, establecidos en Conil en 1802.

.- José Balbás de la Cuesta y su esposa Ramona Viaña de Terán establecidos después de la invasión francesa.

.- Ramón Pérez Arce, natural de Reisedo, hijo de Domingo y de María, y su esposa María Ojeda, quien se encontraba establecido sobre 1819, fecha de una compra de enseres de la tienda situada en las <cuatro esquinas>.

.- Pablo Ramón Pérez García, hijo del anterior y de Isabel García, natural de Barcenaciones, que llega a Conil en 1844. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Estampa de un típico ultramarinos montañés, donde los aprendices, denominados <chicucos>, procedentes de Cantabria, reclamados por familiares o conocidos asentados en Cádiz, trabajaban de sol a sol. Éste de la fotografía es de 1917, donde, entonces, en la capital habían más de 300 establecimientos de este tipo en la capital. Fuente: “Cantabria Inusual”, por Moncho, 2023. 

.- Antonio y Cándido González de Oreña y Fernández de Cires, natural de Serdio, en el valle de San Vicente, que llega a Conil en 1856, acompañados de su sobrino Saturnino González-Linares y González Oreña. Se dedicaron al comercio y fundaron las Bodegas San Antonio, que han dado recientemente nombre a una zona comercial de Conil.

.- Prudencia Gutiérrez Orbaneja, natural de Serdio, que llega a Conil en 1889 para contraer matrimonio con Saturnino González-Linares.

.- José Sánchez del Rubín y su hermano Juan, también naturales de Serdio y primos de Antonio González de Oreña, llegados sobre 1860.

.- Pedro Ceballos Gómez, natural de Soto, que llegó a Conil en 1859, industrial zapatero.

Coincidiendo con esta inmigración cántabra, es preciso mencionar a otros grupos procedentes de otras regiones y lugares de la Península:

.- José Lojo Taboada, hijo de Alejandro Lojo y de Manuela Taboada, naturales de Laro, provincia de  Pontevedra, se casó en Conil con Francisca Calderón Alba en 1856, agricultor y comerciante.

.- José Moreno Palacios, natural de Antequera, carpintero, que se estableció en Conil en 1848, casado con María Ureba Ramírez.

.- Rafael Ramírez Arias, natural de Lebrija, boticario, establecido en Conil en 1848, que casó con una hermana del poeta conileño José Velarde.

.- Toribio Briceño Campos, natural de Teba, provincia de Málaga, oficial del ayuntamiento y padre de la saga de funcionarios municipales [Briceños Ramírez].

.- Ramón Almenara García, natural de Zuquera (Valencia), que se estableció en Conil en 1845 como industrial.

Hemos de tener en cuenta que este artículo no pretende ser exhaustivo, sólo ilustrativo de un apartado de la historia de nuestro pueblo, y podríamos concluir que casi todos los habitantes de Conil han sido inmigrantes en algún momento de nuestro pasado, y que siempre, el fenómeno de la inmigración ha tenido buena acogida por los vecinos en los distintos periodos históricos, siendo enriquecedor tanto en la vertiente cultural, como en la económica y la social. Así pues, los viejos linajes de la repoblación se fueron mezclando con la sangre de los nuevos inmigrantes imprimiendo a los conileños su idiosincrasia actual.”» 

*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.


viernes, 30 de octubre de 2026

UN PASEO POR EL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CONIL: INDULTOS ESCRIBANOS Y NOTARIOS (1742).

Un curioso documento de 1742 nos acerca a un aspecto poco conocido de la administración de justicia y de la vida cotidiana de las pequeñas poblaciones: el control de los escribanos, notarios y fieles de fechos[1]. Un indulto concedido por la Corona, y las diligencias emprendidas para que quienes debían acogerse a él cumplieran las condiciones establecidas, dieron lugar a esta orden dirigida a las autoridades de la villa. / Su lectura permite descubrir, además, el lenguaje administrativo de la época y los procedimientos empleados para hacer cumplir las disposiciones reales. Por su interés y por los personajes y circunstancias que aparecen en sus páginas, merece la pena detenerse en el documento y leerlo íntegramente. 

[Ambientación] Vida cotidiana en el Arco de la Villa (Puerta de Vejer), lugar de tránsito de los vecinos en sus tareas habituales. Fuente: Imagen creada por ChatGPT, en base a una fotografía del “Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Cádiz”, Enrique Romero de Torre, 1907-1908. 

Transcripción literal (respetando la ortografía, puntuación, mayúsculas y formas verbales originales) :

«”DON GINES DE HERMOSA Y ESPEJO, CABALLERO COMENDADOR DE HENGUERA, en el Orden de Santiago, Señor de la Villa de Autillo de Campos, y del Lugar de Castiñeyra, en Galicia, Brigadier de los Reales Exercitos, Assistente de esta Ciudad de Sevilla, Maestre de Campo general de las Milicias, Intendente de el Exercito de los quatro Reynos de Andalucía, y Superintendente general de todas Rentas Reales por S. Mag. &c.

Hago saber à las Justicias de la VILLA DE CONIL [manuscrito en el original] que con motivo de aver su Magestad sido servido conceder à los Escrivanos, y Notarios de el Reyno el Indulto de las Visitas de sus Papeles, en la conformidad que se ha hecho otras veces, concediendo plena facultad al Excelentissimo Sr. D. Joseph del Campillo[2], de el Consejo de S. Mag. Governador de Hazienda, Secretario de Estado, y de el Despacho Vniversal, para conceder los Indultos que hallare por conveniente, en la conformidad que expressa la Horden de su Excelencia de veinte y quatro de Octubre del año proximo passado, que se comunicó por Vereda à todos los Pueblos, para que sus Escrivanos, Notarios, y Fieles de Fechos, dentro de quinze dias remitiessen Testimonio de los que en los ultimos diez años avian usado en cada uno, y acudiessen à S. E. à solicitar su Indulto con cierto apercibimiento: y aviendo subdelegado S. E. esta Comission en el Sr. D. Pedro de Ontalva y Arze[3], de el Consejo de S. Mag. en el de Hazienda, y dadole por su Señoria varias Ordenes à este fin, que tambien se le comunicaron à dichos Pueblos, y Escrivanos, quienes por no aver acudido, ni cumplido con el tenor de el Despacho de quatro de Diziembre, se le comunicó la Orden siguiente: 

Conjunto de las dos páginas de que consta el documento de hoy. Fuente: A.H.M. de Conil de la Frontera. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 149-150. 

ORDEN. Muy Sr. mio, hallandose hasta aora sin concurrir à tratar de su Indulto los Escrivanos de este Partido con los Testimonios, y justificacions pedidas, por cuya omision se halla mi encargo sin evacuar en esta parte: para que mas no se retarde se servirá V. S. en vista de esta, apremiar, assi à los de esta Ciudad como à los de las Villas, y Lugares de la comprehension de esta Intendencia por los medios que tuviere por convenientes, con exacción precisa de multa de Diez ducados à cada vno, aplicados para mayor aumento de el Indulto, y comminacion de otras mayores, à que cumplan lo que les está mandado, exceptuando aquellos (aunque son pocos) que tengan recibo mio que califique estar indultados; y al mismo tiempo remita V. S. à mis manos los Testimonios que le han devido passar, en fuerza de las Providencias anteriores los mismos Escrivanos, de los que en cada Pueblo con inclusion de los Notarios, y Fieles de Fechos à avido en estos diez años ultimos en cada uno de los referidos Pueblos, y otro que por menor contenga el repartimiento, ò repartimientos, que en el Indulto passado le hicieron del Servicio que executaron, assi los Escrivanos de esta Ciudad, como los de los Pueblos de su Partido, esperando, que en todo proceda V. S. con la mayor brevedad, y el zelo, que siempre ha manifestado al Real Servicio, y ofreciendome yo à el de V. S. apeteciendo sus ordenes, en el interim que las disfruto: à Dios quedo pidiendo guarde à V. S. muchos años. Madrid, y Abril tres de mil setecientos quarenta y dos: B. L. M. de V. S. [Beso la mano de vuesa señoría] su mas atento servidor, D. Pedro de Ontalva y Arze: / Sr. D. Gines de Hermosa y Espejo. 

[Ambientación] Varios vecinos de Conil en la Plaza Santa Catalina, bajo la imponente Torre de Guzmán el Bueno. Fuente: Imagen creada por ChatGPT, en base a una fotografía del “Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Cádiz”, Enrique Romero de Torre, 1907-1908. 

Capitulo. Y haviendole dado las providencias correspondientes en cumplimiento de la citada Orden, se dirigieron las Diligencias, y Testimonios à el nominado Sr. D. Pedro de Ontalva, en Carta de doze de este mes, de cuyo recibo, avisó en diez y nueve siguiente, mandando practicar varias Diligencias, y entre los Capitulos que comprehende, está vno que dice assi: / Y enterado de todo, remito à V. S. la adjunta minuta, en que consta los Escrivanos que han comparecido, y se le han indultado, para que V. S. continúe los apremios contra los demàs, à fin de que vengan quanto antes.

AUTO. En cuya vista, por Auto que proveí este dia, mandé dar el presente, por el qual ordenó à las Justicias de esta Villa que luego que le reciban exijan de cada uno de los Escrivanos, Notarios, ò Fieles de Fechos, diez ducados de multa, en que se les condena, por no haver acudido à solicitar dicho Indulto, y pagar su importe, cuyas multas remitan en el preciso termino de seis dias por quenta, costa, y riesgo de dichos Escrivanos, à las Arcas de esta Superintendencia, para mas aumento del Indulto, y asimismo haràn se les notifique à dichos Escrivanos, Notarios, y Fieles de Fechos, que dentro de quinze dias hagan constàr haver evacuado, y pagado dicho Indulto, pena de veinte ducados, aplicados al mismo fin, y con apercibimiento, que se procederà à lo que huviere lugar, remitiendo dichas Justicias en el propio termino de seis dias, Testimonio de haver practicado esta Diligencia bajo de la misma pena, por convenir assi al Real Servicio. Dado en Sevilla à veinte y ocho de Junio de mil setecientos quarenta y dos años. / Espejo. / Por mandado de su Señoria: D. Diego Bexarano.”» 

[Ambientación] José del Campillo y Cosio. Austrian National Library. Austria. Public Domain. Fuente: Historia Hispánica. Real Academia de la Historia. 

NOTAS: [1] Los fieles de fechos eran, en términos sencillos, personas encargadas de dar fe por escrito de determinados actos y acuerdos cuando en una localidad no había escribano público disponible. En la España del Antiguo Régimen, especialmente en villas y lugares pequeños, desempeñaban una función administrativa bastante importante. Su nombre procede precisamente de su cometido: dejar «fe de los hechos», es decir, certificar documentalmente aquello que presenciaban o que se realizaba ante ellos. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. // [2] José del Campillo y Cossío (1693-1743) fue un destacado político, economista y ministro español del rey Felipe V. Biografía. Fuente: Historia Hispánica. Real Academia de la Historia.  // [3] Pedro de Ontalva y Arze (también citado como Hontalba y Arce) fue un jurista, oidor de la Real Audiencia de Cataluña y consejero del Real Consejo de Hacienda de España durante el siglo XVIII en el reinado de Felipe V, destacado por sus obras sobre derecho real y eclesiástico. Fuente: “iberoamericadigital.com”. // 

*** Fuente: Archivo Histórico Municipal de Conil de la Frontera. “Ordeno y mando de Don Ginés de Hermosa y Espejo”, del 28 de junio de 1742. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 149-150. Agradecimiento: Isabel González Ramírez. 

jueves, 29 de octubre de 2026

CONIL EN LA CARTA NÁUTICA CUADRANTE SUDOESTE PENÍNSULA IBÉRICA (1759).

Según la práctica usual en la cartografía marítima hasta fines del siglo XVIII e incluso en fechas posteriores, los accidentes costeros y puntos de mayor interés para la navegación aparecen muy exagerados respecto a la escala general de la carta, para facilitar su reconocimiento.

Documento original, llamando la atención la curiosa orientación del mapa. Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

De acuerdo con la leyenda que acompaña al título, el trazado se debe a Hendrik Lynslager, hidrógrafo y marino holandés de quien la casa van Keulen había publicado ya otra carta de un ámbito similar. En este caso, la publicación corrió a cargo de Isaac Tirion, editor e impresor de cartografía y de otras materias que la incluyó por vez primera en una obra de Thomas Salmon sobre aspectos históricos de España y Portugal -"Hedendaagsche historie, of Tegenwoordige staat van Spanje en Portugal..." Ámsterdam, 1759- y que luego la incorporó también a las ediciones de su “Nieuwe en beknopte hand-atlas”, con sucesivas ediciones desde 1759 a 1784.
Es una carta representativa de la cartografía náutica más habitual en la época en el contexto europeo para Andalucía occidental.

Cartela explicativa ángulo superior izquierdo. Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

Nuestra zona más próxima, donde constan la profundidad del fondo con numerosos datos batimétricos entre los Cabos de la Roque (Roche) y Traralguar (Trafalgar) y señalando, por su peligro, La Seiterre de Traralguar (La Aceitera de Trafalgar). Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

*** Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (“Andalucía. La imagen cartográfica hasta fines del siglo XIX”, facebook 7 febrero 2025). 

26/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

   DESPEDIDA. «”Aquella mañana hubo en el benéfico establecimiento misa con plática y comunión especial. Estos actos, celebrados en grata in...