A continuación se presenta un recorrido por uno de los rasgos más definitorios de la historia de Conil de la Frontera: su carácter de tierra de acogida. Desde la repoblación castellana de los siglos XIV y XV hasta la llegada de comerciantes, almadraberos y artesanos de distintos puntos de la Península e incluso del Mediterráneo, la evolución demográfica y social de la villa ha estado marcada por sucesivas oleadas migratorias. El texto analiza cómo estas corrientes humanas, atraídas por las oportunidades económicas ligadas al comercio, la pesca y las almadrabas, contribuyeron a configurar el entramado familiar, económico y cultural del municipio.
Especial atención merece la inmigración de los llamados “montañeses”, procedentes de la actual Cantabria, cuyo protagonismo en el comercio de ultramarinos, la agricultura y otras actividades económicas dejó una huella profunda en la sociedad conileña entre finales del siglo XVIII y el XIX. A través de apellidos, oficios y trayectorias personales, el artículo ofrece una visión ilustrativa de cómo la mezcla entre los antiguos linajes de la repoblación y los nuevos inmigrantes fue forjando la identidad contemporánea de Conil.
[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] En primer término el montañés Gabino Hidalgo, junto a sus hijos y trabajadores en el ultramarinos que abrió en Cádiz a finales del siglo XIX, aún abierto. José Antonio Hidalgo. Fuente: “DIARIO DE CÁDIZ”, 11 marzo 2012.
“LA INMIGRACIÓN EN CONIL EN EL SIGLO XIX”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de Conil, 2008.
«“Desde la Edad Media, el factor migratorio tuvo una gran importancia en Cádiz y localidades próximas. Las posibilidades mercantiles de la zona, su proximidad al continente africano y las perspectivas de trabajar en una actividad relacionada con el comercio, atrajo temporalmente a gentes de los pueblos más dinámicos del resto de la península, hombres y mujeres del interior provincial y, en menor medida, a extranjeros.
Los orígenes de los habitantes de Conil se remontan al siglo XIV, época de la repoblación castellana de esta zona del sur peninsular. La procedencia de esos primeros vecinos fue del norte, de Galicia, de las dos Castillas, e incluso de zonas repobladas años antes como Baeza, o Jerez de la Frontera. Los apellidos de estos primeros conileños aún perduran, como Aparicio, García, Gil, Gutiérrez, Martín, Moreno, Fernández, Moya, Ramírez, etc. …
Pasada esta primera fase repobladora de los siglos XIV y XV, se produce un verdadero aluvión histórico de inmigrantes atraídos por el auge que experimentan las almadrabas. Las personas que se avecinan a partir del primer tercio del siglo XVI proceden, en su mayor parte, de las localidades vecinas inmediatas: Vejer, Chiclana, Medina, Puerto Real, y Jerez de la Frontera. También, aunque un número más reducido, vinieron familias del Condado de Niebla, en Huelva, por los vínculos familiares de la Casa Ducal de Medina Sidonia. Algunos almadraberos procedían de Tarifa, de Gibraltar, del Reino de Portugal y de lugares de la península italiana como Génova y Nápoles y también de la isla de Malta.
[Imagen del artículo original] Anuncio de <La Lonja de Conil>, propiedad de Moisés Gutiérrez Fernández, dedicada a comestibles y bebidas. Fuente: Francisco González Ureba.
Los apellidos de esta nueva oleada de inmigrantes son fundamentalmente: Hernández, Román, Brenes, Trujillo, Lobatón, Amar, Basallote, Ortiz, Cifuentes, Mures, Calderón, Ramírez, Alba, Bustos, Sánchez, Fuentes, Muñoz, Ureba, Almazo, Mendoza, Rodríguez, Camacho, etc. … No menciono más que una breve muestra de los apellidos establecidos en Conil, los más comunes o usuales, ya que de lo contrario sería un cometido más extenso y prolijo de lo que pretendo abarcar en el presente artículo.
Con posterioridad a los dos periodos históricos mencionados, quiero hacer mención a una inmigración muy particular, que se dio en Conil y otras localidades de la Bahía gaditana, durante el último tercio del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, me estoy refiriendo a la de los llamados <montañeses> que, procedentes de la actual Cantabria, vinieron a ejercer el comercio de ultramarinos y de cafés-bares, así como otras actividades artesanales e industriales.
La inmigración cántabra a Cádiz y su provincia se realizó en circunstancias muy duras, con jornadas de trabajo sin fin, bajos salarios, y en muchos casos, sobreexplotación. La suerte no siempre acompañó a los llegados de los remotos valles de la cornisa cantábrica en sus nuevos destinos. Muchos regresaron fracasados a su tierra natal, no obstante, la mayoría de los llegados a Conil mejoraron su situación económica, e incluso algunos comerciantes se hicieron con grandes fortunas, infiltrándose en el tejido burgués de la población, llegando a ocupar las posiciones más altas en lo político, económico y social.
La actividad básica de estos <montañeses> era el ejercicio del comercio mediante un establecimiento de ultramarinos, que así se llamaban entonces a las tiendas de comestible, y el despacho de vinos y licores en un local anexo al propio establecimiento. De este modo mientras el montañés <despachaba> tocino salado y fideos, por ejemplo, en la dependencia anexa servían vinos a unos cuantos contertulios. El mostrador era corrido separado apenas por una estantería, uno cortina o puerta de cristales, de tal modo que permitía estar pendiente de ambas actividades simultáneamente. Estos comercios se ubicaban en lugares estratégicos de la población, casi siempre ocupando lugares que hicieran esquina a dos calles, bien equipados de mobiliario que llamaban <armazón>, formado por el conjunto de estanterías, vitrinas, expositores, anaqueles y cajoneras, que formaban una unidad compacta a todo lo largo de la pared del local. En lugar destacado no podía faltar un clásico reloj de pared de forma hexagonal, de madera lacada en negro con incrustaciones de metal y nácar.
[Imagen del artículo original] Publicidad de Prudencia Gutiérrez Orbaneja, cosechero, criador y exportador de vinos. Fuente: Francisco González Ureba.
Los montañeses supieron aprovechar la coyuntura que ofrecía los numerosos repartos de tierras en suertes entre jornaleros desde 1770 y sobre todo, los llevados a cabo después de la invasión francesa hasta 1855, que dieron lugar a una nueva clase de pequeños agricultores y a un fomento de la agricultura, dando lugar a mayor capacidad de consumo y a mejores expectativas comerciales. Una tienda estratégicamente situada y llevada de forma eficiente, como solo los montañeses sabían hacerlo, se convertía en uno de los negocios más lucrativos de la población.
Los santanderinos llegados a Conil fueron, siguiendo el orden de llegada los siguientes:
.- José del Castillo, natural de Corteguera, villa de Santillana del Mar y su socio Amador Sevillano, ambos se establecieron sobre 1780.
.- Bernabé Ruiz del Moral y su esposa Josefa Gallego llegados a Conil en 1800.
.- Francisco González del Tánago y su esposa Francisca Díaz Borrego, natural de Casar de Periedo, en el valle de Cabezón de la Sal, llegados a Conil años antes de la invasión francesa.
.- José Ruiz del Moral y su esposa María Marcos, acompañados de su hijo Manuel, naturales del lugar de Bostronizos, en el valle de Iguña, llegados a Conil sobre 1800.
.- Antonio de la Cuesta y su esposa María Josefa Viaña e Hidalgo naturales de Tojo, en el valle de Cabuérniga, establecidos en Conil en 1802.
.- José Balbás de la Cuesta y su esposa Ramona Viaña de Terán establecidos después de la invasión francesa.
.- Ramón Pérez Arce, natural de Reisedo, hijo de Domingo y de María, y su esposa María Ojeda, quien se encontraba establecido sobre 1819, fecha de una compra de enseres de la tienda situada en las <cuatro esquinas>.
.- Pablo Ramón Pérez García, hijo del anterior y de Isabel García, natural de Barcenaciones, que llega a Conil en 1844.
[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Estampa de un típico ultramarinos montañés, donde los aprendices, denominados <chicucos>, procedentes de Cantabria, reclamados por familiares o conocidos asentados en Cádiz, trabajaban de sol a sol. Éste de la fotografía es de 1917, donde, entonces, en la capital habían más de 300 establecimientos de este tipo en la capital. Fuente: “Cantabria Inusual”, por Moncho, 2023.
.- Antonio y Cándido González de Oreña y Fernández de Cires, natural de Serdio, en el valle de San Vicente, que llega a Conil en 1856, acompañados de su sobrino Saturnino González-Linares y González Oreña. Se dedicaron al comercio y fundaron las Bodegas San Antonio, que han dado recientemente nombre a una zona comercial de Conil.
.- Prudencia Gutiérrez Orbaneja, natural de Serdio, que llega a Conil en 1889 para contraer matrimonio con Saturnino González-Linares.
.- José Sánchez del Rubín y su hermano Juan, también naturales de Serdio y primos de Antonio González de Oreña, llegados sobre 1860.
.- Pedro Ceballos Gómez, natural de Soto, que llegó a Conil en 1859, industrial zapatero.
Coincidiendo con esta inmigración cántabra, es preciso mencionar a otros grupos procedentes de otras regiones y lugares de la Península:
.- José Lojo Taboada, hijo de Alejandro Lojo y de Manuela Taboada, naturales de Laro, provincia de Pontevedra, se casó en Conil con Francisca Calderón Alba en 1856, agricultor y comerciante.
.- José Moreno Palacios, natural de Antequera, carpintero, que se estableció en Conil en 1848, casado con María Ureba Ramírez.
.- Rafael Ramírez Arias, natural de Lebrija, boticario, establecido en Conil en 1848, que casó con una hermana del poeta conileño José Velarde.
.- Toribio Briceño Campos, natural de Teba, provincia de Málaga, oficial del ayuntamiento y padre de la saga de funcionarios municipales [Briceños Ramírez].
.- Ramón Almenara García, natural de Zuquera (Valencia), que se estableció en Conil en 1845 como industrial.
Hemos de tener en cuenta que este artículo no pretende ser exhaustivo, sólo ilustrativo de un apartado de la historia de nuestro pueblo, y podríamos concluir que casi todos los habitantes de Conil han sido inmigrantes en algún momento de nuestro pasado, y que siempre, el fenómeno de la inmigración ha tenido buena acogida por los vecinos en los distintos periodos históricos, siendo enriquecedor tanto en la vertiente cultural, como en la económica y la social. Así pues, los viejos linajes de la repoblación se fueron mezclando con la sangre de los nuevos inmigrantes imprimiendo a los conileños su idiosincrasia actual.”»
*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.















