sábado, 3 de octubre de 2026

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

La Guerra de la Independencia Española (1808-1814) supuso uno de los episodios más trascendentales y dramáticos de la historia contemporánea de España. La invasión napoleónica no solo alteró el equilibrio político del país, sino que transformó profundamente la vida cotidiana de ciudades, villas y aldeas que se vieron arrastradas por el conflicto. Mientras los grandes acontecimientos militares y políticos ocupaban las páginas de la historia nacional, innumerables poblaciones sufrieron en silencio las consecuencias de la ocupación extranjera, las requisas, la escasez y la violencia derivada de la guerra.

Conil de la Frontera no fue una excepción. Su posición estratégica en la costa gaditana y la proximidad a Cádiz, último gran bastión de la resistencia española, convirtieron a la villa en escenario y testigo de unos acontecimientos que marcarían profundamente a varias generaciones de conileños. Durante más de dos años, sus habitantes padecieron las cargas de la ocupación francesa, afrontando privaciones, abusos y tensiones que dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva del municipio.

El siguiente artículo recoge, a través de documentos y testimonios de la época, una aproximación a aquellos difíciles años de ocupación, mostrando cómo los grandes sucesos de la historia se reflejaron en la realidad cotidiana de Conil y de sus vecinos. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Los desastres de la guerra: Así sucedió”, Francisco de Goya y Lucientes., Aguada bruñida, aguafuerte, buril, punta seca sobre papel avitelado, ahuesado, 156x209mm. Muestra a unos soldados franceses expoliando reliquias y objetos litúrgicos del interior de un edificio religiosos tras agredir a un sacerdote [ALGO SIMILAR DEBIÓ PASAR EN Conil, en el Convento de la Victoria]. Fuente: Museo del Prado, Madrid. 

“LA OCUPACIÓN FRANCESA DE CONIL”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de El Colorado, 2001.

«”El día 23 de marzo de 1808, entraban las tropas francesas en Madrid y el día 2 de mayo se produjo la sublevación del pueblo madrileño. El movimiento de insurrección se extendió por toda la geografía española y los sublevados, al tiempo que, manifestaban su descontento por la presencia militar extranjera, organizaron unas formas de gobierno que tendrían vigencia durante todo el siglo XIX. Las juntas.

El 6 de junio la Junta Suprema de Sevilla declara formalmente la guerra a los franceses. Andalucía, tras la victoria de Bailén, había quedado libre del ejército invasor, pero a primeros de noviembre, Napoleón cruzaba el Bidasoa con un ejército de 250000 hombres y la Junta Central se trasladaba de Aranjuez a Sevilla el día 17 de diciembre de 1808. Las victorias francesas de Medellín y Ocaña, abrían las puertas de Andalucía al ejército invasor. A primeros de enero de 1810, una expedición. militar encabezada por José I, hermano del emperador Napoleón, se dirige a la conquista sistemática de Andalucía. El mando militar corresponderá al general Soult. En apenas quince días las tropas francesas ocupaban toda Andalucía, salvo Cádiz.

El 24 de enero de 1810, la Junta Central se traslada de Sevilla a la Isla de León y el 29 acuerda disolverse y nombrar un Consejo de Regencia que acabará replegándose a la ciudad de Cádiz.

El día 5 de febrero de 1810, el ejército francés, al mando del mariscal Víctor, llegaba a la Bahía, instalando su cuartel general en El Puerto de Santa María y el día 7 las tropas invasoras estaban en Chiclana. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Muerte de Velarde el 2 de mayo de 1808”, por Manuel Castellano (1864). Fuente: Museo de Historia de Madrid. Wikimedia Commons. 

Desconocemos por la inexistencia de actas capitulares de aquella época, el día exacto de la entrada de los franceses en Conil, que tuvo que ser sobre el 8 ó 9 de febrero, pues Alcalá de los Gazules lo fue el día 10.

El acta del día 9 de junio recoge que <al tiempo de la entrada de las tropas en este pueblo en número crecidísimo se sufrieron destrozos y un total abandono de todos los bienes muebles>. El Ayuntamiento, instalado entonces en el edificio que hoy ocupa la Policía Municipal [plaza de Santa Catalina, junto a la ermita del Jesús], fue incendiado, sufriendo importantes daños. El convento de los frailes Mínimos de la Victoria fue suprimido y sus frailes exclaustrados. Los bienes del duque de Medina Sidonia fueron intervenidos por su fidelidad a Fernando VII.

En los meses posteriores, Conil quedó convertido en un campamento militar, con las tropas francesas acuarteladas en el suprimido convento, en la Casa Chanca, en las haciendas del Mayorazgo y Huerta del Jardal, y los mandos y oficiales alojados en la casa del Corregidor, en la calle del Hospital número dos.

La villa quedaba obligada a abastecer a la tropa, suspendiéndose el comercio y las faenas agrícolas. Las quejas de los vecinos no tardaron en elevarse al Consejo Municipal, presidido por Don Diego Crespo, denunciando <los desórdenes que cometían las tropas, matando los ganados y atropellando huertas y plantíos, además de muchos otros excesos>.

Dieron comienzo las requisas que continuaron durante toda la ocupación. Primero los carro, los bueyes, caballos y asnos. Luego la paja, la cebada, trigo y harina. Hasta tuvieron lugar requisas de sacos, imprescindibles para transportar el grano.

Las bodegas fueron diezmadas de vino y vinagre, y aquel primer año de ocupación apenas si hubo vendimia, ya que las uvas se las consumieron en verde.

Para atender a la tropa se habían abierto varias cantinas y ventas, repartidas por la villa. Una de ellas instalada en la calle Chiclana número 1, conocida por la <taberna del Infierno>, fue el lugar de celebres algaradas y numerosas peleas, que incluso terminaban con la muerte de alguno de los intervinientes. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Los Desastres de la Guerra”, Francisco de Goya y Lucientes; Lámina n.º 39, “¡Grande hazaña! ¡Con muertos!”; Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, 1863, Madrid. Fuente: “commons.wikimedia punto org”. 

Agotadas las arcas municipales, se recurrió a la venta de bienes del municipio. Pero siendo esto insuficiente, de implantaron contribuciones especiales a los vecinos según sus posibilidades. Esto dio lugar a una grave malversación de los fondos y a una distribución injusta de los cargos impuestos a los vecinos.

Las actas capitulares contienen numerosas referencias a esta situación, expresando la angustia y miseria en que vivía la población. El día 4 de junio, el Ayuntamiento se quejaba de <Las calamidades consiguientes a la pequeñez y suma pobreza de este pueblo con motivo de la escasez de especies de subsistencia>.

En esta misma acta de 4 de junio, se pone de manifiesto que los vecinos de la villa estaban organizando una resistencia ante el enemigo, al expresar la existencia de <atropellamiento contra tropas militares>.

Las autoridades francesas ordenaron al Ayuntamiento la organización en la villa de la milicia cívica, compuesta por conileños, con expresión de nombres, oficiales, sargentos, cabos y soldados, etc., haciendo responsable a la municipalidad de la más leve omisión que resulte en la organización de la expresada milicia.

De esta manera, hacían responsable al Ayuntamiento de la represión de estos desmanes que se cometían contra la tropa francesa, advirtiendo <la pena en que se incurrirían aquellas personas que impidieran o descuidaran a las municipalidades en la justa defensa contra los guerrilleros o cuadrillas de bandidos o insurgentes, estos serían considerados cómplices de los atentados que se cometieran y por tanto, juzgados por las Juntas Criminales>. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Reproducción del acta del Cabildo de 11 de junio de 1811, donde se recoge una orden del Comisario Regio Don Joaquín María Sotelo, desde El Puerto de Santa maría, sobre la recogida de mieses. Fuente: Archivo Histórico Municipal de Conil de la Frontera, libro 54-1, pp. digitalizadas 30-31. Gentileza Isabel González Ramírez. 

Hay documentación de la época que atestigua que con motivo del atentado que sufrió un oficial francés, en el que perdió la vida, fueron arrestados 10 vecinos de la villa. Se dio orden de ejecutarlos uno a uno si no se delataba a los autores del crimen. Una comisión municipal se dirigió a Jerez de la Frontera, para pedir clemencia para los arrestados ante el Comisario Regio Sotelo, ya que los detenidos eran unos infelices que nada de culpa tenían. La suerte que pudieron correr estos vecinos es desconocida por la ausencia de documentación que nos lo aclare.

Un caso significativo del proceder empleado con los vecinos para obligarlos a pagar las contribuciones especiales fue el padecido por el cura Don Diego Camelo. Sucedió que éste se negaba a pagar más dinero, pues decía que no le quedaba ni para mantener a su anciana madre de 76 años. Lo metieron en la cárcel por orden del corregidor Don José Moreno Pacheco. No pagaba y después de 2 días fue devuelto a su casa. Le pusieron dos soldados franceses para incordiarlo, coaccionando con causar daños a su madre, destruir todos los enseres de la casa y por fin la pobre anciana obligada a pedir por el vecindario reunió el dinero que le pedían.

Don José Moreno, corregidor, hombre de agrio carácter, de proceder despótico, insultante y retador, se hizo blanco de todas las antipatías y odios del vecindario.

Solía emplear la siguiente frase cada vez que los vecinos acudían a él para pedirle una rebaja en los impuestos: <Paga y calla, que si es menester hasta las entrañas te tendremos que sacar>. Zamarreaba a cualquiera por lo más mínimo, daba puntapié incluso a las mujeres, rompiéndole un brazo a una de ellas al caer por las escaleras del Ayuntamiento después del empujón que le dio.

Son muchas las anécdotas que podrían contarse, pero alargaría este artículo en exceso. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Interior del patio del Hospicio de la Misericordia, varias de cuyas habitaciones o cuartos individuales, se adaptaron como celdas de cárcel para los detenidos del Ayuntamiento. Fuente: Colección fotografía Pepe Gil Román. 

Solamente concluir que los acontecimientos vividos por los conieños durante los 28 meses de ocupación supusieron, sin caer en exageración, la página más negra de toda la historia de la población. La pérdida de vidas humanas, la ruina económica y los odios entre familias permanecieron en la memoria de los vecinos durante años.

El día 27 de agosto de 1812, los franceses abandonaron la villa definitivamente. En el mes de octubre se abrió un proceso contra el corregidor Don José Moreno y todos los concejales del último año de ocupación, por considerarlos colaboracionistas con el enemigo, autores de tropelías y excesos con los vecinos y traidores a la nación.

Seis meses estuvieron detenidos, incomunicados, en el Hospicio de la Misericordia, que había sido habilitado para cárcel. Al final sólo quedaron procesado Don José Moreno, Don Antonio Borrego, Don Francisco y Don Manuel Ramírez, Don Juan Muñoz y el Secretario Don Fernando Pantoja.

Celebrado el juicio fueron absueltos de los cargos que se les imputaban al quedar demostrado que tuvieron que actuar obligados por las autoridades militares francesas y que si su conductas parecieron odiosas a los vecinos, gracias a su intervención libraron al pueblo de males mayores.

Luego se iniciaron los famosos <expedientes de purificación> contra los que se habían destacado como afrancesados, unos con motivos, otros sin él, pero al fin la paternal y benigna idiosincrasia de nuestro pueblo, olvidó todo, concediendo perdones y relegando al pasado histórico aquellos trágicos sucesos. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Firma y rúbrica de José Moreno Pacheco, tomada de un acta de sesión de la municipalidad de Conil del 24 de febrero de 1811. Fuente: Libro Capitular 54-3, hoja digitalizada 105. Gentileza Isabel González Ramírez. 

No podríamos finalizar esta breve reseña de la ocupación francesa de Conil sin mencionar la gran batalla librada el 11 [5] de marzo de 1811 en el Cerro del Puerco, en la zona comprendida entre las actuales urbanizaciones de Roche y Novo Sancti Petri. La batalla librada por tropas españolas e inglesas aliadas contra las francesas acantonadas en Chiclana, fue un intento de romper el asedio a que estaba sometida la ciudad de Cádiz. El ataque anglo-español no tuvo todos los resultados deseados por falta de coordinación entre los dos ejércitos. En la batalla perdieron la vida 3500 soldados de ambos bandos. Todo un desastre dado los escasos resultados obtenidos.

Por último, las Cortes de Cádiz, promulgaron la famosa Constitución liberal de 1812 y decretaron la abolición del régimen señorial vigente en Conil desde el siglo XIV.”» 

*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.  

viernes, 2 de octubre de 2026

UN PASEO POR EL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CONIL: “UN MÉDICO TITULAR QUE VALE POR DOS” (1.871).

En la segunda mitad del siglo XIX, la asistencia médica en los municipios españoles constituía una de las responsabilidades esenciales de la administración local. Los ayuntamientos tenían la obligación de garantizar atención facultativa a la población sin recursos mediante la figura del médico titular, encargado no solo de la práctica médica ordinaria, sino también de la atención a los vecinos pobres, la vigilancia sanitaria y la intervención en episodios de enfermedad colectiva o necesidad pública.

En aquellos años, marcados por limitaciones económicas, una elevada vulnerabilidad sanitaria y frecuentes dificultades de acceso a la asistencia médica en el medio rural, la presencia del médico titular resultaba indispensable para el sostenimiento de la vida cotidiana del municipio. Su trabajo estaba regulado por la normativa estatal sobre partidos médicos, que establecía tanto sus obligaciones como la retribución correspondiente según el volumen de población atendida, especialmente en relación con los enfermos pobres acogidos a la beneficencia municipal.

En este contexto, durante la sesión ordinaria celebrada el 2 de diciembre de 1871, el Ayuntamiento de Conil abordó la solicitud presentada por Don Agustín Velarde y Escaleras, médico titular de la villa, quien exponía la situación excepcional de encontrarse desempeñando en solitario las dos plazas médicas correspondientes al municipio. Al asumir además la atención de un número de vecinos pobres superior al oficialmente asignado, reclamaba la compensación prevista en el Reglamento de Partidos Médicos de 11 de marzo de 1868.

El acuerdo adoptado por la Corporación, favorable a dicha petición, refleja no solo la aplicación práctica de la legislación sanitaria vigente, sino también la preocupación municipal por asegurar la continuidad de la asistencia médica local y atender las obligaciones derivadas de la beneficencia pública. Constituye, además, un valioso testimonio del funcionamiento de la sanidad municipal decimonónica y de la estrecha relación entre gobierno local, atención médica y protección social en la historia de Conil. 

[Ambientación] Una perspectiva de Conil desde la playa de Los Bateles, y en primer plano una barca de pescadores varada en la arena. Fuente: John Richard Adelmann, “Juan Capacha” (décadas 60-70 siglo XX). 

Transcripción libre de Rafael Coca López, con la ayuda de las anotaciones recogidas por Antonio Martínez Cordero, en las fichas depositadas en el Archivo Parroquial Santa Catalina: 

«”SESIÓN ORDINARIA DEL SÁBADO 2 DE DICIEMBRE DE 1.871.- En la Villa de Conil de la Frontera, a dos de diciembre de mil ochocientos setenta y uno, reunidos los Señores de su Ilustre Ayuntamiento que al margen se expresan [se relacionan al final de esta transcripción], por ante mí el Secretario dieron principio a esta sesión ordinaria con la lectura de la anterior que fue aprobada y la de los Boletines Oficiales, números 258 al 279 inclusive, que se mandaron archivar después de enterados de su contenido y acordado el cumplimiento de cuanto en ellos se manda en la parte que corresponde a este Ayuntamiento. ...

Reproducción fotográfica del Punto 8º, transcrito en esta entrada, de la sesión del 2 de diciembre de 1871. Fuente: Archivo Histórico Municipal de Conil, Libro Capitular 65-1. 

... PUNTO 8º.- [Al margen: Sobre que se abonen al médico titular dos escudos por cada vecino pobre de los que excedan a los que tiene señalados] Por disposición del Sr. Presidente, di lectura a una instancia presentada por el MÉDICO TITULAR de esta Villa, DON AGUSTÍN VELARDE Y ESCALERAS [1], de 13 de noviembre último, en la cual se exponen las razones que militan en favor del recurrente, para que, como MÉDICO TITULAR ÚNICO EN LA ACTUALIDAD, y que sin embargo viene desempeñando las DOS PLAZAS TITULARES que corresponden a esta localidad, como previene y ordena el Reglamento de Partidos Médicos del 11 de marzo de 1868 [2]: al tenor de lo dispuesto en el artículo 12 de dicha disposición, indica que por cada VECINO POBRE que exceda de los asignados al titular, se abone al facultativo DOS ESCUDOS, SOLICITA SE LE ABONEN LOS DOS ESCUDOS DE CADA VECINO POBRE QUE EXCEDA A LOS SEÑALADOS A SU TITULAR, así como de los señalados en totalidad a la 2ª que sin sueldo viene desempeñando. El Ayuntamiento mandó traer a la vista el citado Reglamento, y ateniéndose al mismo, se ACORDÓ de conformidad con lo solicitado, cuyo importe, después de finalizada la liquidación oportuna, debe consignarse en presupuesto para satisfacerlo en su día al interesado. Todo lo cual debe hacérsele saber al mismo, para su debido conocimiento.”»

[Ambientación] Recorte del art. 12 alegado por el médico titular en su instancia. Fuente: “Real decreto mandando se cumpla y ejecute el reglamento sobre organización de los partidos médicos de la Península”, Gaceta de Madrid, núm. 74, de 14/03/1868, pp. 3-5. Ministerio de la Gobernación. 

Relación de ediles presentes y anotados al margen del acta:

Alcalde 1º: Antonio González de Oreña; Alcalde 2º: Pedro González Marín; Regidores: Antonio Marín Leal, Toribio Briseño Campos, Alonso Ramírez Alba, Pedro Puente Camacho, Manuel Abalos Alba y Pedro Camacho Ortiz; Secretario: Manuel Patiño Fuentes. 

NOTAS DEL TRANSCRIPTOR: [1] Es el padre del insigne poeta conileño JOSÉ VELARDE YUSTI. // [2] El Reglamento para la asistencia de los pobres y organización de los partidos médicos de la Península, promulgado el 11 de marzo de 1868, bajo el reinado de Isabel II, fue la norma encargada de estructurar la asistencia sanitaria y benéfica para las clases menos favorecidas en España. Su objetivo principal era garantizar que los municipios proporcionaran atención médica, cirujana y farmacéutica gratuita a los vecinos declarados <pobres>. Los municipios se dividían en demarcaciones territoriales llamadas partidos médicos, organizados en función de su población y número de vecinos. Las plazas de los médicos titulares debían cubrirse mediante oposición, lo que profesionalizó la selección del personal sanitario municipal. Fuente: “Gaceta Sanitaria”, Vol. 23. Núm. 1. Enero-Febrero 2009. 

*** Fuente: Archivo Histórico Municipal de Conil de la Frontera. Sesión Ordinaria del 2 de diciembre de 1871. Libro Capitular 65-1, p. digitalizadas 78-79, ó 32-32v. Agradecimiento: Isabel González Ramírez. // Archivo Parroquial Santa Catalina, gentileza Yelman Francisco Solórzano Bustamante, párroco de Conil de la Frontera.


 

jueves, 1 de octubre de 2026

RELOJES DE SOL EN CONIL, 7 de 8 (1779-2026).

 Reloj de sol calle Luxemburgo 101, Urbanización de Roche.

(Desaparecido).

Este reloj, al igual que el descrito en la entrada anterior, se encontraba situado en un inmueble de la urbanización de Roche, en la calle Luxemburgo, n.º 101. 

Colocación del reloj de sol en lo alto de uno de los pilares de la cancela de acceso a la parcela (actualmente la puerta de entrada es muy diferente). Fuente: Blog WordPress “Relojes de Sol”, de Paquita Vecina Romero. 

Se trata de un reloj de sol ecuatorial de doble cara (verano e invierno), realizado en mármol. Presenta numeración arábiga y, según la inscripción grabada en el propio reloj, fue construido en el verano de 2007. Asimismo, figura la firma abreviada de su autor, Julio Aguirre Zabala, junto con la dedicatoria en castellano «A VOSOTROS» y la inscripción «JAZ Ver 07». 

Detalle del doble cuadrante con lema, numeración arábiga, autoría y fecha. Fuente: Blog WordPress “Relojes de Sol”, de Paquita Vecina Romero. 

El reloj lleva como lema la expresión latina «SIC VITA FUGIT», cuya traducción es «Así huye la vida». Las líneas horarias están numeradas, en caracteres arábigos, desde las 5 hasta las 19 horas [y 6 a 18]. El gnomon es de forma triangular. 

Imagen con los dos relojes hasta ahora descritos de Luxemburgo 101. Fuente: “APÉNDICE RELOJES DE SOL MODERNOS. Pedro J. Novella V.24 (240 pp.). 

Se desconocen las circunstancias que motivaron la desaparición de este reloj y de los demás relojes de sol que existían en la parcela; pero es probable que para la nueva propiedad no tuvieran ningún interés. 

Probablemente sea un familiar del autor del diseño, posando ante el ejemplar de reloj de sol descrito, algo modificado por IA. Fuente: “APÉNDICE RELOJES DE SOL MODERNOS. Pedro J. Novella V.24 (240 pp.). 

Ficha extraída del Inventario de relojes de la AARS. Pedro Novella, 20 febrero 2013 y Fabio Savian, 13 mayo 2022. 

*** Fuentes: Asociación Amigos de los Relojes Sol (AARS). / Reloj Andalusí. / Relojes de Sol, blog de Paquita Vecina Romero. / Francisco Jesús Robles, Conil. 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

EN UNO DE LOS RINCONES DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE CONIL: “RESPUESTA DEL PROVISOR Y VICARIO GENERAL DE CÁDIZ Y SU OBISPADO” (1873).

La semana pasada hubo ocasión de publicar en este muro el oficio que el Colector de Conil dirigió al Provisor y Vicario General del Obispado de Cádiz, en defensa de su proceder respecto a la administración de los bienes pertenecientes a capellanías y otras fundaciones pías. La respuesta no se hizo esperar y, como puede comprobarse a continuación, resultó plenamente satisfactoria para el funcionario eclesiástico de Conil.

En este breve pero elocuente escrito, fechado en Cádiz el 5 de septiembre de 1873, el Provisor y Vicario General, Fernando Hué Gutiérrez [x] , aclara que su anterior comunicación tenía un carácter meramente instructivo, encaminado a fijar el procedimiento que debía seguirse en adelante para los contratos de arrendamiento de fincas pertenecientes a capellanías y otras fundaciones. Al mismo tiempo, deja expresa constancia de que en ningún momento puso en duda la buena disposición del Colector en la defensa de los intereses que tenía encomendados, manifestándoselo «para su satisfacción». Se trata, por tanto, de un testimonio documental que no solo zanja el malentendido, sino que también constituye un reconocimiento explícito de la diligencia y buen hacer del Colector de Conil. 

El Colector acompañado por otro miembro del clero, visita a un labrador que cultiva las tierras de una de las múltiples Capellanías de Conil. Fuente: Imagen creada por ChatGPT, sobre una fotografía de “Conil en la Memoria”, p. 104, 2004, de la colección particular de Martín Caro. 

Transcripción <textual> de Rafael Coca López:

«” + PROVISORATO Y VICARÍA GENERAL DE CÁDIZ Y SU OBISPADO. / Al dar á V. conocimiento de los oficiado por este Tribunal al Sr. Arcipreste de esa Villa, tuve por objeto hacerle saber los trámites por que habia de regirse en lo sucesivo para toda clases de CONTRATOS SOBRE ARRENDAMIENTOS DE FINCAS, PERTENECIENTES A CAPELLANIAS, y otras fundaciones, sin que esto haya sido motivo para DUDAR DE SU BUENA DISPOSICION EN LA DEFENSA DE LOS INTERESES de las mismas fundaciones que le están encomendadas. / Lo que le manifiesto para su satisfaccion. / Dios guarde á V. muchos años. / Cádiz 5 de Setiembre de 1873. / [Firma y rúbrica de:] Fernando Hué Gutierrez. / Sr. Colector de Conil.”» 

NOTA: [x] Fernando Hué Gutiérrez (Zahara de la Sierra, 8 mayo 1834 – Tuy, 15 marzo 1894).- Canonista y obispo católico español, ocupó el cargo de obispo de Tuy desde 1882 hasta su fallecimiento. Biografía.  Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

Fotografía del documento completo. Fuente: Archivo Parroquial Santa Catalina, Rafael Coca López, 31 agosto 2021. 

*** Fuente: Archivo Parroquial Santa Catalina. Carpeta de correspondencia. Agradecimiento: Yelman Francisco Bustamante Solórzano, párroco de Conil de la Frontera.  

martes, 29 de septiembre de 2026

CONIL Y LAS SUBASTAS PARA EL CALADO ALMADRABA BUCHE (1844).

Los recortes de prensa que se reproducen a continuación muestran la rápida aplicación práctica del Real decreto de 14 de febrero de 1844, por el que quedaron restablecidas las almadrabas de buche de Zahara, Conil y Punta de la Isla [Sancti Petri]. Apenas dos días después de su promulgación, el Ministerio de Marina dictaba las instrucciones para sacar a pública subasta el calamento de las tres almadrabas, iniciando así el procedimiento administrativo necesario para reanudar su explotación. Los anuncios publicados permiten seguir este proceso, desde la convocatoria de la subasta hasta el aplazamiento de la fecha inicialmente prevista, constituyendo un valioso testimonio del inmediato cumplimiento de una disposición que puso fin a casi siete años de paralización de estas históricas pesquerías. 

[Ambientación] Imagen del tremendo esfuerzo que realizaban los almadraberos para subir los atunes a los barcos, 1927. Colección particular Vicente Zaragoza. Fuente: “Conil en la Memoria”, p. 120, 2004.

[Transcripción textual de Rafael Coca López]

«”MINISTERIO DE MARINA, COMERCIO Y GOBERNACION DE ULTRAMAR. / Excmo. Sr.: A consecuencia del Real decreto de 14 del actual, que comunico á V.E. con esta fecha, se ha servido resolver S.M. que sin demora se proceda por esa direccion general á sacar á pública subasta el calamento para la temporada del presente año de las almadrabas de buche de Zahara, Conil y punta de la Isla, cuyo remate deberá verificarse precisamente el dia 5 del próximo marzo en los estrados del juzgado de Marina en la corte, con sujecion estricta á los reglamentos de las mismas almadrabas, y que se estienda sin demora el pliego de las condiciones que V.E. considere mas justas y convenientes, á las cuales deberán sujetarse todos los licitadores. / Dígolo á V.E. de Real órden para su puntual cumplimiento, y que tan luego como se haya verificado la subasta dirija á mis manos el equivalente testimonio para la aprobacion de S.M. Dios guarde á V.E. muchos años. Madrid 16 de febrero de 1844.- Portillo [Ministro de Marina, Comercio y Gobernación de Ultramar].- Sr. director general de la Armada.”» Fuente: “EL CORRESPONSAL”, 17 de febrero de 1844.

[Ambientación] Una pareja observa, hacia 1920, como varan un barco de la almadraba, en la playa de <Los Bateles>; fotografía de Benigno Rodríguez Santamaría. Fuente: “Conil en la Memoria 2”, p. 177, 2007.

«”SUBASTAS. / Se saca el calamento para las temporadas del presente año y la del próximo, de las almadrabas de buche de Zahara, Conil y Punta de la Isla, con sujeccion á los reglamentos vigentes, en la escribania del juzgado de Marina, sita en la calle de las Huertas, núm. 14.”» Fuente: “EL NUEVO AVISADOR”, 22 de febrero de 1844.”»

[Ambientación] Vista del Palacio del Duque de Uceda, de Madrid, desde el ángulo sureste. Es el palacio de los Consejos mencionado en uno de los recortes de prensa. Fuente: Luis García. Wikipedia, la enciclopedia libre. 

«”SUBASTAS. / Se señala el dia 15 de este mes, en la direccion general de marina, casa llamada de los Consejos, para el remate del calamento de las almadrabas de buche de Zahara, Conil y punta de la Isla, por haberse señal[ad]o para el 5 del presente.”» Fuente: “EL NUEVO AVISADOR”, 4 de marzo de 1844. 

*** Fuentes: “El Corresponsal”, núm. 1668, del sábado 17 de febrero de 1844. / “El Nuevo Avisador”, núm. 500 y 511, del jueves 23 de febrero y del lunes 4 de marzo de 1844. 

lunes, 28 de septiembre de 2026

ACCIDEN24/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO. TE.

ACCIDENTE.

«”EL propio interesado no conocía lo ocurrido. Cuando su mente comenzó a discurrir de nuevo, se extrañó de encontrarse postrado en cama y de que a la cabecera de la misma se hallara, como vigilando su estado de salud, una de esas afables mujeres que posponen la brega ordinaria del vivir para elevarla al regalo del mejor servicio de Dios, que le habló con la agradable y dulce entonación que las caracteriza:

—Qué, ¿cómo se encuentra?

El pobre profesor, nuestro conocido profesor, que no era otro el enfermo, correspondió al interés de la hermana enfermera, interrogándola, a su vez:

—¿Qué es esto? ... ¿Dónde estoy? ...

—Tranquilícese, tranquilícese: está en buenas manos. ¿Siente alguna molestia? Dígamelo con franqueza, que aquí estoy yo para complacerle.

—¡En un hospital! ...

—Sí; pero no tenga cuidado. Aquí estará como en su propia casa.

—¡Como en mi propia casa! ... ¡Ay!, ¿dónde está eso? ...

—Pues en el Cielo, cuando Dios nos llame a Él y, ahora, aquí, donde de nada ha de faltarle. 

[Ambientación] El despertar del profesor en el hospital. Fuente: Imagen creada con ChatGPT.

—¡Dios mío, Dios mío! —repetía el paciente, presa de angustia congojosa, y se echó a llorar como un menor de edad.

—Sosiéguese, hermano; verá cómo con esta cucharadita que voy a darle, se tranquilizará grandemente.

Y, en efecto, con esa diligencia y amabilidad que son repetida prenda de su carácter, tomó una poción magistral que había en la mesilla de servicios y le suministró una cucharadita, expresándole:

—Ahora, a descansar, que aún le hace falta. Entretanto continuaré aquí, a su cabecera, mis interrumpidas oraciones y rogaré a Dios por su buena salud.

—Gracias, hermana, Él se lo tenga en cuenta, como yo se lo agradezco.

No hablaron más. La hermana leía o rezaba para sí, mientras el enfermo se adormeció con la somnolencia soporífera que le produjo el medicamento. Su respiración parecía tranquila. Dijérase que natural. La enfermera leyó en su devocionario durante un gran rato, al cabo del cual dio por terminados sus rezos y, mirando al paciente, habló para consigo misma:

—¡Pobrecillo! Ya parece que está fuera de peligro. Pero ... ¡qué días ha pasado el infeliz! ... El médico da ya por seguro que su enfermedad no sufrirá retroceso. Mas, por si acaso, ha dispuesto que continúe la vigilancia inmediata. Su estado me ha inspirado verdadera compasión desde el primer momento. Cuando llegó, ¡qué postración tan intensa, la suya. Parecía enteramente un cadáver. Y, luego, ¡qué fiebre! Parecía mentira que un cuerpo humano pueda resistir tal temperatura: ¡41 grados y 3 décimas! Freírse en vida; casi un San Lorenzo. Pues ... ¿y la excitación nerviosa que le sobrevino después? ... ¡Qué gritos, Dios Santo, y qué brega! Gracias a la sangría y más luego, a los calmantes, porque con aquel no parar ni estar quieto un segundo, ¡cualquiera le podía retener la bolsa de nieve en la cabeza! ...

El paciente se ha quejado débilmente y la enfermera, al observarlo, le aplica, de nuevo, la bolsa de nieve, de modo que le cubra bien el cerebro y el cerebelo. Pasan unos minutos y el enfermo vuelve a la tranquilidad aparente.

La hermana de San Vicente de Paúl, vuelve a sus interrumpidos comentarios internos:

—Aquí no conocemos, del accidente, otra cosa que no sea lo relatado por los vecinos que le condujeron; esto es, que unos porquerillos, de los que merodean, con el ganado que guardan, por las afueras de la ciudad, lo habían encontrado en el fondo de un barranco existente al borde de la carretera general, a poco más de un kilómetro de la población, creyendo, al principio, que se trataba de un cadáver, y que, avisados unos vecinos de aquellas cercanías, acudieron, presurosos, al lugar del accidente y, notando que tenía vida, le llevaron, sin pérdida de tiempo, ingresándolo en el benéfico establecimiento. Total, nada de extraordinario ni de particular, que lo distinguiera de los otros muchos registrados en lo ordinario del vivir. 

[Ambientación] La enfermera vigila al convaleciente. Fuente: Imagen creada con ChatGPT. 

Pero dentro de la vulgaridad del suceso, se acusaron ciertos detalles que no habían dejado de llamar la atención: la ropa, por ejemplo, era modesta, pero nueva, muy limpia y sin ninguna marca ni inicial; colgado al cuello, un preciado escapulario de la patrona de la ciudad y varias medallas, una de ellas de oro de ley; en un bolsillo interior, unos centenares de pesetas, cercanas al millar, y ¡ningún otro documento, tarjeta ni papel de ninguna clase que indicara absolutamente nada de su personalidad! ¿Quién era? ... ¿Cómo se llamaba? ... Ni los chiquillos que lo encontraron, ni los vecinos que lo condujeron, ni nadie sabía allí quién era, ni de quién se trataba. Estas circunstancias, con la de no haber habido nadie que en los días que allí llevaba se hubiera interesado por él, rodeaban el hecho de un misterio que no dejaba de poseer determinado interés.

Ha transcurrido un gran rato. Tres horas, cuatro, tal vez más. El paciente, por fin, ha abierto los ojos, se ha pasado la mano por la vista, la ha paseado, luego, en su derredor y, al notar la presencia de la enfermera, le ha sonreído en prueba de saludo y agradecimiento y más luego le ha manifestado:

—Conque en el hospital, ¿eh? Y con guardia a la cabecera. Mal debe andar mi pobre salud cuando de tan cerca la celan.

—No crea —le ha contestado la hermana. —Somos muchas —ha agregado— y, afortunadamente, pocos los a cuidar.

—Sin embargo ...

—No; créame. Su salud, gracias a Dios, no ofrece peligro alguno. Y, a propósito: hace tiempo que no toma nada. ¿No siente debilidad, ganas de algún alimento? Ya es hora; voy a avisar que le sirvan algo. ¿Qué se le apetece? Vamos a ver: dígalo con franqueza.

—¡Comer! ... ¿quién piensa en eso?

—Usted. Tiene que alimentarse; ha de tomar algo.

La hermana enfermera pulsa el timbre que cuelga junto a la mesilla del servicio y ordena al mozo que ha acudido:

—Vaya ante la hermana despensera y dígale que sirva un vaso de leche y unos bizcochos para el número dos.

Al poquillo rato, se presenta el mozo con una bandeja, conteniendo lo interesado.

La hermana enfermera ayuda al paciente a incorporarse en el lecho y hace que el mismo tome el alimento expresado.

El enfermo, notoriamente mejorado, le ruega que le deje un rato en aquella posición. La enfermera consiente y, aprovechando la oportunidad, le invita a dar gracias al Señor por su evidente mejoría. El paciente accede gustoso y durante un cuarto de hora, tal vez más, no se oye en el aposento otro rumor que el de las preces elevadas fervorosamente al Altísimo. Una vez terminada la acción de gracias, dice el enfermo:

—Hermana: no hay duda ninguna de que todas ustedes parecen sacadas de un mismo patrón: todas tan afables, tan complacientes, tan serviciales...

—Estamos al mejor servicio de Dios, y nada más.

—¡Sí, sí; que El os lo premie. Ahora, si no lo toma a mal, quisiera obtener otra poca de su bondad... ¿Seré complacido?

—Diga, diga, a ver si puede accederse a su deseo.

—Saber qué ha ocurrido para que me encuentre aquí y en tan excelentes manos.

—Curiosillo, ¿eh? A nosotras nos está muy recomendado no dialogar nada más que lo indispensable; pero sea como excepción de esa regla.

—No dejan de interesarme ciertos pormenores. ¿Qué fué ello?

—Pues nada: según todas las noticias, un simple accidente de los muchos de la vida.

—¿Un accidente? 

[Ambientación] El profesor conoce la verdad del accidente. Fuente: Imagen creada con ChatGPT. 

—Sí, caer al fondo de una barrancada, junto a la carretera general, perder el conocimiento y estar al sol durante unas horas. Total, nada que no haya pasado ya, gracias a Dios.

—Pero, dígame, hermana, ¿quién me recogió? ¿Quién me trajo a vuestras benditas manos?

—Le encontraron unos muchachillos que guardaban cerdos, los que, asustados, avisaron a unos buenos hombres que lo condujeron aquí.

—Perdone si insisto, prolongando el interrogatorio. ¿Muy lejos de la ciudad?

—No; a poco más de un kilómetro, hacia el lado de la sierra.

—¿Y me han conocido? ¿Quién han dicho que soy?

—¡Anda, pues si no le hemos podido inscribir, porque ni se le ha conocido ni poseía, en sus ropas, documento alguno que pudiera ilustrarnos!

—¿No contenían nada mis bolsillos?

—Nada, no: sólo contenían, que sepamos, cerca de un millar de pesetas, todas en papel.

—Dinero que no es mío.

—¿Cómo que no? Aquí está a su libre disposición.

—Era para unos encargos que se han quedado por hacer, que yo presuma.

—¡Ah!, eso usted allá. En esas cosas no intervenimos.

La llegada del médico de cabecera cortó la conversación. Reconocido de nuevo el paciente, e informado el galeno del curso de la dolencia, por la hermana enfermera, se le ha considerado como en franca convalecencia, prescribiéndosele, únicamente, mucha tranquilidad y alimentación sana y progresiva.

La hermana enfermera, se ha retirado algo después que el doctor, repitiéndole la enhorabuena por su alivio expedito, dejándole unas revistas para su entretenimiento y prometiéndole solemnemente un rato de compañía en su guardia del nuevo día.

El infeliz profesor, ya sólo con sus ideas y pensamientos, ha quedado reflexionando, en silencio, sobre su rara, crítica y difícil situación.

¿Qué habría sido de su María?… ¿Qué de su primer amor?… “» 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 159-164. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.  

domingo, 27 de septiembre de 2026

CONIL Y LA AUTORIZACIÓN PARA EL CALADO DE LA ALMADRABA DE BUCHE (1844).

En febrero de 1844, apenas siete años después de la supresión de las almadrabas de buche, el Gobierno promovió su restablecimiento mediante un extenso informe que defendía su importancia económica y social. Publicado por <El Corresponsal>, el texto ofrece una detallada argumentación sobre el valor de estas pesquerías, los perjuicios derivados de su desaparición y las razones que llevaron a su rehabilitación. Más que una simple disposición oficial, constituye un testimonio excepcional del pensamiento económico de la época y de la relevancia que la pesca del atún tuvo para las costas andaluzas. La transcripción que se presenta a continuación reproduce fielmente el texto original, respetando su ortografía y puntuación. 

Cabecera del periódico donde se publicó la noticia de la vuelta a la legalidad del tipo de almadraba denominada <BUCHE>. Fuente: “EL Corresponsal”, 15 febrero 1844. 

[Transcripción textual de Rafael Coca López:]

«”MINISTERIO DE MARINA, COMERCIO Y GOBERNACION DE ULTRAMAR.

Señora [Se refiere a la reina Isabel II]: El fomento de la pesca en todos los dominios de España ha sido siempre considerado por los augustos progenitores de V. M. como uno de los medios mas poderosos de aumentar la riqueza pública, en la cual estriba la grandeza de las naciones. Sábias fueron, en verdad, las providencias algunas veces dictadas para mejorar y proteger el interesante ramo industrial de la pesca. Las ordenanzas generales de la armada y las diferentes Reales cédulas, leyes y reglamentos consignados en nuestros códigos, que conceden privilegios é inmunidades á los que se dedican á este penoso arte, son una prueba nada equívoca de la importancia que se diera y predileccion con que se mirara semejante industria, llevándola hasta el estremo de establecer una ordenanza especial para este espresado ramo.

Entre los diferentes modos y artes de pescar, merece llamar muy particularmente la atencion de V. M. el conocido con el nombre del Almadraba de Buche. Este ingeniosísimo método, complemento del arte de la pesca, fue introducido ó mas bien renovado en España hace mas de cuatro siglos por los italianos y venecianos, siendo entre nosotros de tanta antigüedad, que ya los romanos esplotaron esta riqueza durante su dominacion en la Bética. Restablecido en España, donde la situacion de sus costas ofrece las mayores ventajas para la aplicacion y desarrollo del mecanismo de dichas artes, principió desde luego á producir tan halagüeños resultados, que acudían á porfía los capitalistas á imponer sus fondos en una especulacion de segura ganancia, y mas de un grande y título de Castilla se creyó poderoso con haber obtenido de la munificencia Real en premio de sus distinguidos servicios el derecho esclusivo de calar una almadraba.

De este número fueron los marqueses de Villafranca, dueños de las de Conil y Zahara, situadas en las costas del Mediterráneo al Oeste del cabo del Trafalgar [realmente es en el Atlántico], los cuales, conociendo la importancia de su concesion, se apresuraron á elevar magníficos palacios en aquellas estériles playas, que llegaron en las temporadas de pesca á ofrecer un espectáculo tan animado por la influencia de trabajadores y traficantes, como la feria ó mercado mas concurrido. Los industriosos valencianos y catalanes, en cuyas provincias se hacia el mayor consumo de los atúnes que se pescaban en aquellos puntos, sostenian un comercio activo que producia la riqueza y la abundancia. Los pueblos limítrofes sentian los saludables efectos de este movimiento; el erario público obtenia considerables ingresos en la venta de las sales; los habitantes de muchos de los pueblos de la costa de Levante, dedicados hoy por necesidad al punible é inmoral tráfico del contrabando, hallaban en los trabajos de las almadrabas los medios lícitos de adquirir la subsistencia de sus familias; y la riqueza pública, en fin, se aumentaba prodigiosamente con estos gérmenes de produccion. Tal es, Señora, el bosquejo de los inmensos bienes de la introduccion y establecimiento en España de las almadrabas de buche.

No era, pues, de esperar, en vista de tales precedentes, el menor ataque á una industria de tanta importancia, y á favor de la cual estaban militaban tantas razones de economía y de conveniencia.

[Ambientación, aunque a los conileños no les parecerá muy acertada] Fruto del lance. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

Empero el espíritu de rivalidad de los mismos empresarios de las artes produjo al fin sus fatales resultados con la abolicion de las ricas é importantes almadrabas de buche, conocidas con los nombres de Zahara, Conil y punta de la Isla, habiendo venido el vacalao á suplir la falta de los atunes con grave daño del comercio, de la industria y de la riqueza pública. Tales fueron los efectos causados por la ley de 14 de junio de 1837, votada en las Córtes con la mejor buena fe, y guiadas sin duda por el mas vivo deseo del acierto en una materia agena del conocimiento general, siendo por otra parte este paso estraño de las atribuciones legislativas, por pertenecer esclusivamente á las facultades del gobierno.

Durante el reinado de vuestro augusto padre el Sr. D. Fernando VII se hizo igual tentativa, y aun se llegó á otorgar, si bien repuesto el gobierno muy pronto de la primera sorpresa, reformó aquella mandando la continuacion de las artes de buche. Examinados con el mayor detenimiento los datos que se espusieron para dictar la ley de abolicion, que obran en el voluminoso espediente que para ello se instruyera, no hay ninguno capaz de inclinar el ánimo, no ya á la estincion de tan importante industria, pero ni aun á modificarla en lo mas mínimo en sentido restrictivo.

Ha querido suponerse que las existencias de las enunciadas almadrabas de buche perjudicaba al comercio de cabotaje, porque al ejecutarse su calamento se arrojaban piedras en las calas ó puntos donde se verificaba, cuya continuacion produciria en cierto tiempo bajos y obstáculos al libre fondeadero de los buques que en ellos se guareciesen. Prescindiendo de que una esperiencia de algunos siglos ha acreditado lo frivolo é inexacto de semejante supuesto, en el hecho de no haber acontecido ningun caso que justifique semejante presuncion, es sencillo conocer la imposibilidad absoluta de que se formen semejantes bajos con una corta cantidad de piedras, que es la que puede arrojarse para seguridad de las redes, en unos puntos donde aun cuando se verificase con inmensos peñascos, los arrebataria y haria desaparecer al instante el furor de las corrientes. Tan lejos estan las almadrabas citadas de producir el menor perjuicio á la libre navegacion, que existen muchos comprobantes de casos en que han debido á ella su salvamento muchos buques que sin su auxilio hubieran necesariamente naufragado.

Tambien se ha dicho que la considerable mortandad de atunes que ejecutan las consabidas almadrabas destruye la especie de estos animales. Si el principio fuera cierto debieran haberse prohibido todas las de buche, y no concretarse solo á las de Conil, Zahara y punta de la Isla; y con todo nada se habria adelantado, porque quedaban subsistentes á barlovento y sotavento de las costas de España las innumerables que se calan en las de Francia, Italia y Portugal; ademas que siendo el atún un pescado de paso, la mayor ó menor abundancia de su pesca no influye en el aumento ó disminucion de la especie, porque es sabido que el que una vez entra en nuestras costas, aun cuando escape de las redes, difícilmente vuelve á aparecer; de forma que por abundante que haya sido la pesca jamas se han alterado las vicisitudes y períodos que segun los tiempos observan en sus entradas en el Mediterráneo. Si en comprobacion de esta verdad se quisiera apelar á mayores datos, una constante esperiencia hija de la mas escrupulosa observacion demostraría que, á pesar de haberse suprimido las almadrabas de buche de Conil, Zahara y punta de la Isla, no han sido tan afortunadas las que aun existen, como en los años en que aquellas se acababan. 

[Ambientación, aunque a los conileños no les parecerá muy acertada] Estructura fija de redes para la pesca costera. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

Del propio modo se ha querido suponer que las mencionadas almadrabas de buche perjudicaban notablemente á las de tiro; las que por ejercitarlas los pobres debian ser consideradas y protegidas. Si tal principio de proteccion se adoptase, seria necesario condenar las grandes industrias y artefactos que requieren cuantiosos capitales; seria preciso proscribir toda la maquinaria y ahogar los elementos de las industrias, con tal de no perjudicar á las clases proletarias. Pero ni aun este temor, por infundado que sea, es aplicable al caso presente; porque la esperiencia tiene tambien acreditado que lejos de perjudicar las almadrabas de buche á las de tiro, las fomenta, proporcionándoles mas pesca de las que sin ellas obtendrian.

Tales son, Señora, los pretestos que se alegaron para la abolicion de las almadrabas de buche de Conil, Zahara y punta de la Isla, á los cuales, ó mas bien á la mano estraña que los inventara, se sacrificaron unos establecimientos industriales tan útiles como necesarios y productivos. Así lo comprendieron despues celosos diputados que no han dejado de instar en cuantas legislaturas se han sucedido desde el año de 1839 hasta el de 1843 para que volviesen á restablecerse, llegando en algunas hasta el estremo de ponerse á votacion el dictamen favorable de la comision, que dejó de verificarse por uno de esos desgraciados incidentes que han producido con tanta frecuencia la suspension de las sesiones. Estos precedentes, el conocimiento de la opinion de la mayoría de los diputados de las diferentes legislaturas en que suscitaron tan repentinamente la rehabilitacion de las almadrabas de buche, y el íntimo convencimiento del ministro que suscribe, de que es un acto de justicia, que reclaman imperiosamente los intereses de los pueblos, le han impulsado á proponer á V. M. el adjunto proyecto de decreto, para que si lo juzga oportuno se digne concederle su Real aprobacion.

Madrid 14 de febrero de 1844.—Señora.—A L. R. P. de V. M.—José Filiberto Portillo.

DECRETO.

<Teniendo en consideracion las poderosas razones que me habeis espuesto, vengo en decretar lo siguiente:

Art. 1.º Se restablecen las almadrabas de buche de Zahara, Conil y punta de la Isla al ser y estado que tenían antes de la promulgacion de la ley de 14 de junio de 1837.

Art. 2.º Se observarán en ellas los reglamentos que regían antes de su estincion, haciéndose las alteraciones que la esperiencia haya acreditado ser necesarias.

Art. 3.º Por el ministerio de Marina, Comercio y Gobernacion de Ultramar se dictarán las órdenes oportunas para que se cumpla el presente decreto; así como para celebrar los contratos de arrendamiento de las enunciadas almadrabas, que deberá ser constantemente por medio de subastas públicas.

Dado en Palacio á 14 de febrero de 1844.—Está rubricado de la Real mano.—El ministro de Marina, Comercio y Gobernacion de Ultramar, José Filiberto Portillo.”» 

*** Fuente: “El Corresponsal”, núm. 1666, del jueves 15 de febrero de 1844. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. 

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

La Guerra de la Independencia Española (1808-1814) supuso uno de los episodios más trascendentales y dramáticos de la historia contemporáne...