La
publicación del libro “BAJO
LAS COLUMNAS DE HÉRCULES”,
donde su autor, el instructor nacional de buceo y buceador
profesional, Alejandro
Gandul Hervás,
desgrana las vicisitudes de los vapores mercantes naufragados en
Cádiz y Ceuta, nos va a permitir seguir informando de los siniestros
marítimos ocurridos en nuestras costas y proximidades, desde 1837 a
1939, permitiéndonos y autorizándonos amablemente su transcripción.
Son en total poco más cien los que el autor ha conseguido
relacionar, pero que aquí se van a transcribir los más cercanos a
nuestro entorno, con detalles de las características técnicas de
cada nave, nacionalidad, tripulación que la componía, causas del
accidente y el lugar donde reposa para siempre, o si fue reflotada,
como en algunos pocos casos ocurrió. Para aquellos interesados en el
tema, se recomienda la
adquisición del
libro
ya que
es
de lectura fácil por su diáfana redacción, describiendo los
momentos más dramáticos de cada caso, y,
se puede utilizar como libro de consulta, dado su diseño por fecha,
ayudado de un índice onomástico de vapores siniestrados, y otro de
unidades empleadas en su salvamento.

[Ambientación] Faro
de Trafalgar: testigo de muchos naufragios de vapores en <La
Aceitera>. Foto: Alejandro Gandul.
Ficha
particular:[1]
Fecha
del suceso: 18
septiembre 1890.
Propiedad:
«Sons of Thomas Haynes»,
Cádiz.
Nacionalidad:
Española.
Astillero:
Blackwood & Gordon,
Glasgow, Reino Unido. 1872.
Número
oficial: 68006.
Máquina:
Propulsión: Hélice y máquina a
vapor de doble
expansión. Dos cilindros
(19;
33x24
inch/ pulgadas). 50
n.h.p. (Nominal Horsepower/Caballos de fuerzas nominales)
Blackwood & Gordon,
Glasgow.
Desplazamiento:
245
grt. (Gross Registered Tonnage/Tonelaje registro bruto).
Eslora-manga-puntal:
42,54m
– 6,24m
– 3,15m.
Casco:
Hierro.
Capitán:
Ramón Ramírez.
Causa
y destino final: Encallado
en La
Aceitera,
Barbate.
PÉRDIDA TOTAL.
[1]
Datos técnicos: «Lloyd´s Register of Shipping». 1889-1890. SS
«Muley Hassan».
[Ambientación] Recreación del naufragio del vapor Muley
Hassan, cerca del cabo de
Trafalgar, 1890. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
El
<Muley Hassan>
pertenecía a la empresa gaditana <Sons of Thomas Haynes>.
Sobre su naufragio un marino avezado en supersticiones y sortilegios
de la mar, bien podría asegurar aquello de: a los barcos
hundidos, déjalos estar. Refiriéndose, sin duda, a esa
condición ofrendada a los buques como una especie de ser vivo, que
comparte la misma estela vital que su dotación.
Este
pequeño vapor, cuyo nombre anterior había sido <Carbonic>,
entró a forma parte del repertorio de encallamientos y hundimientos
con los que La Aceitera había adquirido fama y temor por todos los
marinos que cruzaban frente a ella.
Si
volvemos al naufragio del <Massalia> [AQUÍ],
recordaremos que <Sons of Thomas Haynes>
tenía la concesión para el desguace de su pecio. Sin embargo, en
diciembre de 1894 todavía no se había ejecutado. El
embarrancamiento de este vapor, en parte, explicaría por qué ese
año aún no se había procedido al desguace del <Massalia>.
Es evidente que para la empresa la pérdida del <Muley
Hassan> suponía un daño muy sustancial, no
solo por el patrimonio perdido, sino por lo que suponía perder el
medio más importante para el desguace y salvamento de buques.

Telegrama del ayudante de Marina de Barbate, notificando
el naufragio del <Muley
Hassan>:
Para Madrid de Vejer. Número 144. Palabras 45.
Depositado el 19 a las 4-1. Ayudante
Marina al Ministro Marina. Vapor <Muley
Hassan>,
capitán Ramírez que se hallaba extrayendo
restos buque / naufrago en el bajo Aceiteras
naufragó ayer tarde yéndose a pique
salvándose tripulación / según participa Jefe
Carabineros salgo inmediatamente lugar del siniestro
daré detalles. (Fuente: AGMAB.
Navegación
Mercantil. Buques. 7147/90/55).
El
<Muley Hassan>
zarpó de Cádiz el 17 de septiembre con rumbo al Bajo de La
Aceitera. A bordo, además de los once miembros de la tripulación,
viajaban catorce obreros que habían sido contratados para las
labores de desguace del <Massalia>. Se
presumía un buen negocio. Sin embargo, a las 14:00h del día 18,
tocó sobre un cabezo en la misma Aceitera y se hundió.
El
escenario, sobre todo para los obreros, tuvo que ser de incertidumbre
y absoluta angustia. Al impacto sobre el casco, le seguiría una
retahíla de voces, órdenes, preguntas y dudas que, en las caras de
los pobres obreros, reflejarían el convencimiento de que iban a
morir ahogados. Con el buque hundiéndose, sobre una cubierta
inestable, las carreras hacia los botes salvavidas no estarían
exentas de prisas y empellones para escapar. En aquella época, saber
nadar no se estilaba mucho, ni siquiera entre los marinos, y por
supuesto mucho menos si nos referimos a obreros.
Sobre
el abandono del buque, el Ayudante de Marina de Barbate, en su
informe del 20 de septiembre, confirma la mejor noticia para aquellos
hombres: … al llegar a dicho bajo a las dos
de la tarde del día 18, tocó en un cabezo y se fue a
pique en el citado sitio, salvándose con dos botes once
tripulantes, catorce jornaleros y algún
equipaje. (Fuente: AGMAB,
Navegación Mercantil, Buques. 7147/90/55).
Llegaron
a tierra sin novedad y el vaporcito <Muley
Hassan> se unió a la lista de piezas cobradas
por La Aceitera.
El
día 20 de septiembre, varios periódicos nacionales, repiten una
misma crónica, entre ellos <El Correo Militar>, <El
Demócrata> y <El Resumen>: “Por noticias recibidas de
Cádiz se sabe que naufragó en el bajo de Las Aceiteras, en aguas de
Conil, el vapor Muley Hasan. En ese bajo se
perdió el año pasado el cañonero de guerra Paz,
de cuyo triste suceso publicamos extensos detalles. / El vapor Muley
Hasan salió de Cádiz el 17 por la tarde, llevando por
principal objeto hacer exploraciones en dicho bajo, para salvar
algunos restos de los buques allí perdidos. Estando el vapor en esa
faena ayer terde, chocó contra una piedra, naufragando rápidamente.
/ La tripulación y 12 individuos pudieron llegar en botes al faro de
Trafalgar. / Ha salido otro vapor de la casa Haynes, dueño también
del buque perdido, con objeto de recoger a los náufragos.”

<El Correo Militar>, año XXII, núm. 4478.
Madrid, sábado, 20 de septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca
Digital, BNE.
También
la prensa de la época aporta otros datos interesantes. Al menos tres
periódicos: <La Vanguardia>, <El
Pabellón Nacional> y <La
República>, se hacen eco del naufragio del <Muley
Hassan>. El periódico <La
República> relataba la noticia así:
Telegrafían
de Cádiz, que ayer náufrago en el bajo de Las
Aceiteras, en aguas de Conil, el vapor <Muley
Hassan>, que el día anterior había salido de aquel
puerto, a fin de explorar dicho bajo para salvar algunos restos de
buques allí perdidos. / La tripulación llegó en bote al faro de
Trafalgar. Recordárase
que hace un año aproximadamente naufragó
en el mismo bajo el cañonero de guerra <Paz>.
(Fuente: <La República>,
21 de septiembre de 1890. Hemeroteca Digital, BNE).

<La República>, año VII, núm. 2079. Madrid, domingo, 21
de septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca Digital, BNE.
Por
otra parte, aunque el periódico <La Vanguardia> ofrece
la información de una manera más escueta, sí que da un dato
interesante:
El
vapor citado se ocupaba en hacer exploraciones para salvar algunos
restos del cañonero <Paz> cuando chocó con el
bajo. (Fuente: <La
Vanguardia>, 21
de septiembre de 1890. Página 5. Hemeroteca Digital, BNE).
Nota:
El naufragio del cañonero <Paz> fue tratado en este
blog los días 9 y 10 de abril de 2024, pudiendo entrar para su
consulta clicando AQUÍ y AQUÍ.
Por
lo tanto, es posible que además del desguace del <Massalia>,
el <Muley Hassan>
también tuviera un contrato con la Armada para recuperar los restos
del cañonero <Paz>. Dado que este último
se encontraba sobre los restos del <Massalia>,
no es descabellado pensar que fuera así. Por último, <El
Pabellón Nacional> aporta otro
dato curioso:
La
tripulación y 12 individuos pudieron llegar en botes al
faro de Trafalgar. Ayer tarde salió otro vapor de la casa <Haynes>,
dueño del buque perdido, con objeto de recoger los náufragos.
(Fuente:<El
Pabellón
Nacional>,
21 de septiembre de
1890, página 3. Hemeroteca Digital, BNE).

<El Pabellón Nacional>, año XXVI, núm. 7866. Madrid,
domingo, 21 de septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca Digital, BNE.
Probablemente
el <Servando> o el <William Haynes>
seguirían con el cumplimiento de su contrato.
Y
recuperando el hilo de ese marino supersticioso en temas de barcos
hundidos, o inexplicablemente desaparecidos, seguramente sentenciaría
que importunar los cascos abandonados bajo el agua no sería una
buena idea, porque ya perdidos los reflejos de tantas millas
navegadas, ahora sus resos son propiedad de las extrañas criaturas
que moran bajo la superficie y, si pretendes arrebatárselos, ellas
reclamarán nuevos tributos. Así que: -Es que lo sabía … A
los barcos hundidos, ¡déjalos en el
fondo!
Unos
días más tarde, concretamente el 25 de septiembre, dos diarios
madrileños, >La Fe> y <El Imperial>, publican la misma
crónica del siniestro, la más extensa y detallada de cuantas se
redactaron: “EL NAUFRAGIO DEL MULEY-HASSAM. / El Muley Hassam
salió de Cadiz el 17 por la mañana con 25 individuos entre
tripulantes y trabajadores para las operaciones que se iban á
verificar. Unos eran ingleses, y otros, hasta el número de siete,
naturales de Cádiz. / Cuando llegaron a Conil, fondeó el buque
detrás del Cabo de Trafalgar, en donde pasaron la noche. / A la
mañana siguiente empezaron los preparativos para comenzar los
trabajos, que duraron hasta cerca de la una, y á esta hora se
celebró el almuerzo. / Despues de almorzar, que serian como las dos
de la tarde, se puso en marcha el vapor, entrando por el lado
contrario al sitio en que se observaban los restos de los
barcos perdidos, puesto que la marea estaba en la vaciante; y al
hacer rumbo para acercarse con un lanchón á aquellos sitios, se
escuchó en el buque un extraño ruido: era que habia chocado contra
una piedra. / El primero que se hizo cargo de la desgracia que habia
ocurrido, fue el maquinista, que afectado le dijo á otro tripulante:
¡Nos vamos á pique inmediatamente! / Otros tripulantes empezaron á
saltar en los botes, y á los pocos instantes prodújose la confusion
propia en momentos de tan gran peligro, pues todos querian al mismo
tiempo huir del riesgo que les amenazaba. / Afortunadamente no
ocurrió ninguna desgracia, merced al buen estado del mar, que de
otro modo hubiera sido á todos muy difícil, si no imposible, lograr
el salvamento, porque aquellas aguas, en dias de borrasca, son
verdaderamente terribles. / Habian pasado pocos instantes desde que
los indivíduos del Muley Hassam se habian trasladado en los dos
únicos botes que existian al lanchon grande, cortando con su hacha
el que lo sujetaba al vapor, cuando éste empezó á hundirse de
popa, llegándose á poner en pié y cayendo sumergido para no
levantarse más, no sin despedir antes una gran cantidad de agua, con
asombrosa fuerza, á juzgar por la distancia que la elevaba. / Dicen
los que observaron este accidente que llamaba extraordinariamnete la
atencion y que todos quedaron atónitos presenciándolo por lo que
tenia de curiosos é impotencia. / El Muley Hassam desapareció para
siempre en el bajo de Las Aceiteras, donde han zozobrado otros muchos
buques, y únicamente se observaba de él á los pocos minutos una
pequeña parte de sus dos palos.” (Fuente:<La
Fe>,
25
de septiembre de 1890, página 3. Hemeroteca Digital, BNE).

<La Fe>, año XV, núm. 4689. Madrid, sábado, 25 de
septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca Digital, BNE.
¿EL
PECIO HOY?
En
el bajo de La Aceitera hay una zona que los pescadores submarinos han
bautizado como <Las Calderas>.
Este nombre sintetiza, a la perfección, lo que podemos encontrar
bajo la superficie.

Probablemente el escotillón de la bodega de proa.
Foto: Juan Francisco García Amado.
Se
trata de un fondo cubierto de hierros fragmentados y retorcidos
productos de los desguaces y los temporales, donde sobre esa amalgama
destacan, como no, los grandes cilindros que preparados en su día
para resistir las altas temperaturas y presiones, todavía hoy
desafían los embates de los temporales y corrientes.
Entre
todos esos restos se distingue lo que en su día fue un pequeño
vapor. A pesar de encontrarse muy desguazado la disposición de su
máquina, única caldera, proa y popa, nos indican que quedó tumbado
sobre estribor.
Toda
La Aceitera, y especialmente, Las Calderas, impone sus propias reglas
en lo que se refiere a las condiciones que nos permiten hacer una
inmersión allí. Es un privilegio con el que las mareas se
adelantan, hay violentas corrientes que no ceden ni con los
coeficientes cortos. Reparos de marea que no existen y, para
completar un cuadro bastante complicado, un oleaje caótico que, casi
siempre presente, te obliga a dar un rodeo si no quieres tener serios
riesgos de naufragar. Hemos buceado poco allí, pero la eslora
aproximada y la máquina de dos cilindros, sugieren que podría
tratarse del <Muley Hassan>.

En primer plano dos puntales de soporte, probablemente para
el refuerzo de la cubierta de la pluma de carga, y al fondo la sombra
del molinete. Foto: Juan Francisco García Amado.
La
proa se distingue pero se encuentra muy destrozada. Aún así podemos
intuir un poco de su roda y ver algo del interior. En seguida nos
topamos con una gran escotilla que podría ser parte de la bodega de
proa y un molinete. Este último, probablemente, ejerció sus
funciones con la pluma de carga de dicha bodega. Muy cerca del
molinete contemplamos dos grandes piezas con forma cilíndrica y
apariencia de puntales, que bien podrían haber formado parte del
refuerzo de la cubierta que soportaba la pluma de carga.

La caldera tumbada y vista desde su parte posterior.
Foto: Juan Francisco García Amado.
Avanzando,
recorremos una pequeña área con restos de chapones y cuadernas,
para encontrarnos con el enorme volumen de su única caldera. Tumbada
sobre un lateral, deja ver el domo, los hornos y los tubos de humo,
antaño protegidos por la caja de humos que les daba salida hacia la
chimenea.

Detalles de la hélice. Foto: Alejandro Gandul.
A
continuación, también sin perder la senda de la chatarra, aparece
la máquina, aparentemente de dos cilindros, pues al estar tumbada y
tan cubierta de vida marina, resulta muy difícil distinguir ese
detalle. Junto a ella tuberías y otras piezas que posiblemente
formarán parte de la sala de máquinas.
Es
difícil localizar el eje de transmisión, que se encuentra en su
mayor parte bajo la arena. Sin embargo, no será difícil localizar
la popa, de nuevo, siguiendo los restos del pecio. En este caso
destaca la hélice, muy bonita y semi-enterrada, y parte del codaste.
No se ve la pala del timón.
***
Fuente:
“BAJO
LAS COLUMNAS DE HÉRCULES: naufragios de vapores mercantes, Cádiz y
Ceuta, 1837-1939”,
Alejandro
Gandul Hervás.
Ediciones Suroeste, 2024. ISBN:
978-84-122907-8-3.