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sábado, 31 de octubre de 2026

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

A continuación se presenta un recorrido por uno de los rasgos más definitorios de la historia de Conil de la Frontera: su carácter de tierra de acogida. Desde la repoblación castellana de los siglos XIV y XV hasta la llegada de comerciantes, almadraberos y artesanos de distintos puntos de la Península e incluso del Mediterráneo, la evolución demográfica y social de la villa ha estado marcada por sucesivas oleadas migratorias. El texto analiza cómo estas corrientes humanas, atraídas por las oportunidades económicas ligadas al comercio, la pesca y las almadrabas, contribuyeron a configurar el entramado familiar, económico y cultural del municipio.

Especial atención merece la inmigración de los llamados “montañeses”, procedentes de la actual Cantabria, cuyo protagonismo en el comercio de ultramarinos, la agricultura y otras actividades económicas dejó una huella profunda en la sociedad conileña entre finales del siglo XVIII y el XIX. A través de apellidos, oficios y trayectorias personales, el artículo ofrece una visión ilustrativa de cómo la mezcla entre los antiguos linajes de la repoblación y los nuevos inmigrantes fue forjando la identidad contemporánea de Conil.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] En primer término el montañés Gabino Hidalgo, junto a sus hijos y trabajadores en el ultramarinos que abrió en Cádiz a finales del siglo XIX, aún abierto. José Antonio Hidalgo. Fuente: “DIARIO DE CÁDIZ”, 11 marzo 2012. 

“LA INMIGRACIÓN EN CONIL EN EL SIGLO XIX”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de Conil, 2008. 

«“Desde la Edad Media, el factor migratorio tuvo una gran importancia en Cádiz y localidades próximas. Las posibilidades mercantiles de la zona, su proximidad al continente africano y las perspectivas de trabajar en una actividad relacionada con el comercio, atrajo temporalmente a gentes de los pueblos más dinámicos del resto de la península, hombres y mujeres del interior provincial y, en menor medida, a extranjeros.

Los orígenes de los habitantes de Conil se remontan al siglo XIV, época de la repoblación castellana de esta zona del sur peninsular. La procedencia de esos primeros vecinos fue del norte, de Galicia, de las dos Castillas, e incluso de zonas repobladas años antes como Baeza, o Jerez de la Frontera. Los apellidos de estos primeros conileños aún perduran, como Aparicio, García, Gil, Gutiérrez, Martín, Moreno, Fernández, Moya, Ramírez, etc. …

 Pasada esta primera fase repobladora de los siglos XIV y XV, se produce un verdadero aluvión histórico de inmigrantes atraídos por el auge que experimentan las almadrabas. Las personas que se avecinan a partir del primer tercio del siglo XVI proceden, en su mayor parte, de las localidades vecinas inmediatas: Vejer, Chiclana, Medina, Puerto Real, y Jerez de la Frontera. También, aunque un número más reducido, vinieron familias del Condado de Niebla, en Huelva, por los vínculos familiares de la Casa Ducal de Medina Sidonia. Algunos almadraberos procedían de Tarifa, de Gibraltar, del Reino de Portugal y de lugares de la península italiana como Génova y Nápoles y también de la isla de Malta.

[Imagen del artículo original] Anuncio de <La Lonja de Conil>, propiedad de Moisés Gutiérrez Fernández, dedicada a comestibles y bebidas. Fuente: Francisco González Ureba. 

Los apellidos de esta nueva oleada de inmigrantes son fundamentalmente: Hernández, Román, Brenes, Trujillo, Lobatón, Amar, Basallote, Ortiz, Cifuentes, Mures, Calderón, Ramírez, Alba, Bustos, Sánchez, Fuentes, Muñoz, Ureba, Almazo, Mendoza, Rodríguez, Camacho, etc. … No menciono más que una breve muestra  de los apellidos establecidos en Conil, los más comunes o usuales, ya que de lo contrario sería un cometido más extenso y prolijo de lo que pretendo abarcar en el presente artículo.

 Con posterioridad a los dos periodos históricos mencionados, quiero hacer mención  a una inmigración muy particular, que se dio en Conil y otras localidades de la Bahía gaditana, durante el último tercio del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, me estoy refiriendo a la de los llamados <montañeses> que, procedentes de la actual Cantabria, vinieron a ejercer el comercio de ultramarinos y de cafés-bares, así como otras actividades artesanales e industriales.

La inmigración cántabra a Cádiz y su provincia se realizó en circunstancias muy duras, con jornadas de trabajo sin fin, bajos salarios, y en muchos casos, sobreexplotación. La suerte no siempre acompañó a los llegados de los remotos valles de la cornisa cantábrica en sus nuevos destinos. Muchos regresaron fracasados a su tierra natal, no obstante, la mayoría de los llegados a Conil mejoraron su situación económica, e incluso algunos comerciantes se hicieron con grandes fortunas, infiltrándose en el tejido burgués de la población, llegando a ocupar las posiciones más altas en lo político, económico y social.

La actividad básica de estos <montañeses> era el ejercicio del comercio mediante un establecimiento de ultramarinos, que así se llamaban entonces a las tiendas de comestible, y el despacho de vinos y licores en un local anexo al propio establecimiento. De este modo mientras el montañés <despachaba> tocino salado y fideos, por ejemplo, en la dependencia anexa servían vinos a unos cuantos contertulios. El mostrador era corrido separado apenas por una estantería, uno cortina o puerta de cristales, de tal modo que permitía estar pendiente de ambas actividades simultáneamente. Estos comercios se ubicaban en lugares estratégicos de la población, casi siempre ocupando lugares que hicieran esquina a dos calles, bien equipados de mobiliario que llamaban <armazón>, formado por el conjunto de estanterías, vitrinas, expositores, anaqueles y cajoneras, que formaban una unidad compacta a todo lo largo de la pared del local. En lugar destacado no podía faltar un clásico reloj de pared de forma hexagonal, de madera lacada en negro con incrustaciones de metal y nácar.

[Imagen del artículo original] Publicidad de Prudencia Gutiérrez Orbaneja, cosechero, criador y exportador de vinos. Fuente: Francisco González Ureba. 

Los montañeses supieron aprovechar la coyuntura que ofrecía los numerosos repartos de tierras en suertes entre jornaleros desde 1770 y sobre todo, los llevados a cabo después de la invasión francesa hasta 1855, que dieron lugar a una nueva clase de pequeños agricultores y a un fomento de la agricultura, dando lugar a mayor capacidad de consumo y a mejores expectativas comerciales. Una tienda estratégicamente situada y llevada de forma eficiente, como solo los montañeses sabían hacerlo, se convertía en uno de los negocios más lucrativos de la población.

Los santanderinos llegados a Conil fueron, siguiendo el orden de llegada los siguientes:

.- José del Castillo, natural de Corteguera, villa de Santillana del Mar y su socio Amador Sevillano, ambos se establecieron sobre 1780.

.- Bernabé Ruiz del Moral y su esposa Josefa Gallego llegados a Conil en 1800.

.- Francisco González del Tánago y su esposa Francisca Díaz Borrego, natural de Casar de Periedo, en el valle de Cabezón de la Sal, llegados a Conil años antes de la invasión francesa.

.- José Ruiz del Moral y su esposa María Marcos, acompañados de su hijo Manuel, naturales del lugar de Bostronizos, en el valle de Iguña, llegados a Conil sobre 1800.

.- Antonio de la Cuesta y su esposa María Josefa Viaña e Hidalgo naturales de Tojo, en el valle de Cabuérniga, establecidos en Conil en 1802.

.- José Balbás de la Cuesta y su esposa Ramona Viaña de Terán establecidos después de la invasión francesa.

.- Ramón Pérez Arce, natural de Reisedo, hijo de Domingo y de María, y su esposa María Ojeda, quien se encontraba establecido sobre 1819, fecha de una compra de enseres de la tienda situada en las <cuatro esquinas>.

.- Pablo Ramón Pérez García, hijo del anterior y de Isabel García, natural de Barcenaciones, que llega a Conil en 1844. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Estampa de un típico ultramarinos montañés, donde los aprendices, denominados <chicucos>, procedentes de Cantabria, reclamados por familiares o conocidos asentados en Cádiz, trabajaban de sol a sol. Éste de la fotografía es de 1917, donde, entonces, en la capital habían más de 300 establecimientos de este tipo en la capital. Fuente: “Cantabria Inusual”, por Moncho, 2023. 

.- Antonio y Cándido González de Oreña y Fernández de Cires, natural de Serdio, en el valle de San Vicente, que llega a Conil en 1856, acompañados de su sobrino Saturnino González-Linares y González Oreña. Se dedicaron al comercio y fundaron las Bodegas San Antonio, que han dado recientemente nombre a una zona comercial de Conil.

.- Prudencia Gutiérrez Orbaneja, natural de Serdio, que llega a Conil en 1889 para contraer matrimonio con Saturnino González-Linares.

.- José Sánchez del Rubín y su hermano Juan, también naturales de Serdio y primos de Antonio González de Oreña, llegados sobre 1860.

.- Pedro Ceballos Gómez, natural de Soto, que llegó a Conil en 1859, industrial zapatero.

Coincidiendo con esta inmigración cántabra, es preciso mencionar a otros grupos procedentes de otras regiones y lugares de la Península:

.- José Lojo Taboada, hijo de Alejandro Lojo y de Manuela Taboada, naturales de Laro, provincia de  Pontevedra, se casó en Conil con Francisca Calderón Alba en 1856, agricultor y comerciante.

.- José Moreno Palacios, natural de Antequera, carpintero, que se estableció en Conil en 1848, casado con María Ureba Ramírez.

.- Rafael Ramírez Arias, natural de Lebrija, boticario, establecido en Conil en 1848, que casó con una hermana del poeta conileño José Velarde.

.- Toribio Briceño Campos, natural de Teba, provincia de Málaga, oficial del ayuntamiento y padre de la saga de funcionarios municipales [Briceños Ramírez].

.- Ramón Almenara García, natural de Zuquera (Valencia), que se estableció en Conil en 1845 como industrial.

Hemos de tener en cuenta que este artículo no pretende ser exhaustivo, sólo ilustrativo de un apartado de la historia de nuestro pueblo, y podríamos concluir que casi todos los habitantes de Conil han sido inmigrantes en algún momento de nuestro pasado, y que siempre, el fenómeno de la inmigración ha tenido buena acogida por los vecinos en los distintos periodos históricos, siendo enriquecedor tanto en la vertiente cultural, como en la económica y la social. Así pues, los viejos linajes de la repoblación se fueron mezclando con la sangre de los nuevos inmigrantes imprimiendo a los conileños su idiosincrasia actual.”» 

*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.


viernes, 30 de octubre de 2026

UN PASEO POR EL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CONIL: INDULTOS ESCRIBANOS Y NOTARIOS (1742).

Un curioso documento de 1742 nos acerca a un aspecto poco conocido de la administración de justicia y de la vida cotidiana de las pequeñas poblaciones: el control de los escribanos, notarios y fieles de fechos[1]. Un indulto concedido por la Corona, y las diligencias emprendidas para que quienes debían acogerse a él cumplieran las condiciones establecidas, dieron lugar a esta orden dirigida a las autoridades de la villa. / Su lectura permite descubrir, además, el lenguaje administrativo de la época y los procedimientos empleados para hacer cumplir las disposiciones reales. Por su interés y por los personajes y circunstancias que aparecen en sus páginas, merece la pena detenerse en el documento y leerlo íntegramente. 

[Ambientación] Vida cotidiana en el Arco de la Villa (Puerta de Vejer), lugar de tránsito de los vecinos en sus tareas habituales. Fuente: Imagen creada por ChatGPT, en base a una fotografía del “Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Cádiz”, Enrique Romero de Torre, 1907-1908. 

Transcripción literal (respetando la ortografía, puntuación, mayúsculas y formas verbales originales) :

«”DON GINES DE HERMOSA Y ESPEJO, CABALLERO COMENDADOR DE HENGUERA, en el Orden de Santiago, Señor de la Villa de Autillo de Campos, y del Lugar de Castiñeyra, en Galicia, Brigadier de los Reales Exercitos, Assistente de esta Ciudad de Sevilla, Maestre de Campo general de las Milicias, Intendente de el Exercito de los quatro Reynos de Andalucía, y Superintendente general de todas Rentas Reales por S. Mag. &c.

Hago saber à las Justicias de la VILLA DE CONIL [manuscrito en el original] que con motivo de aver su Magestad sido servido conceder à los Escrivanos, y Notarios de el Reyno el Indulto de las Visitas de sus Papeles, en la conformidad que se ha hecho otras veces, concediendo plena facultad al Excelentissimo Sr. D. Joseph del Campillo[2], de el Consejo de S. Mag. Governador de Hazienda, Secretario de Estado, y de el Despacho Vniversal, para conceder los Indultos que hallare por conveniente, en la conformidad que expressa la Horden de su Excelencia de veinte y quatro de Octubre del año proximo passado, que se comunicó por Vereda à todos los Pueblos, para que sus Escrivanos, Notarios, y Fieles de Fechos, dentro de quinze dias remitiessen Testimonio de los que en los ultimos diez años avian usado en cada uno, y acudiessen à S. E. à solicitar su Indulto con cierto apercibimiento: y aviendo subdelegado S. E. esta Comission en el Sr. D. Pedro de Ontalva y Arze[3], de el Consejo de S. Mag. en el de Hazienda, y dadole por su Señoria varias Ordenes à este fin, que tambien se le comunicaron à dichos Pueblos, y Escrivanos, quienes por no aver acudido, ni cumplido con el tenor de el Despacho de quatro de Diziembre, se le comunicó la Orden siguiente: 

Conjunto de las dos páginas de que consta el documento de hoy. Fuente: A.H.M. de Conil de la Frontera. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 149-150. 

ORDEN. Muy Sr. mio, hallandose hasta aora sin concurrir à tratar de su Indulto los Escrivanos de este Partido con los Testimonios, y justificacions pedidas, por cuya omision se halla mi encargo sin evacuar en esta parte: para que mas no se retarde se servirá V. S. en vista de esta, apremiar, assi à los de esta Ciudad como à los de las Villas, y Lugares de la comprehension de esta Intendencia por los medios que tuviere por convenientes, con exacción precisa de multa de Diez ducados à cada vno, aplicados para mayor aumento de el Indulto, y comminacion de otras mayores, à que cumplan lo que les está mandado, exceptuando aquellos (aunque son pocos) que tengan recibo mio que califique estar indultados; y al mismo tiempo remita V. S. à mis manos los Testimonios que le han devido passar, en fuerza de las Providencias anteriores los mismos Escrivanos, de los que en cada Pueblo con inclusion de los Notarios, y Fieles de Fechos à avido en estos diez años ultimos en cada uno de los referidos Pueblos, y otro que por menor contenga el repartimiento, ò repartimientos, que en el Indulto passado le hicieron del Servicio que executaron, assi los Escrivanos de esta Ciudad, como los de los Pueblos de su Partido, esperando, que en todo proceda V. S. con la mayor brevedad, y el zelo, que siempre ha manifestado al Real Servicio, y ofreciendome yo à el de V. S. apeteciendo sus ordenes, en el interim que las disfruto: à Dios quedo pidiendo guarde à V. S. muchos años. Madrid, y Abril tres de mil setecientos quarenta y dos: B. L. M. de V. S. [Beso la mano de vuesa señoría] su mas atento servidor, D. Pedro de Ontalva y Arze: / Sr. D. Gines de Hermosa y Espejo. 

[Ambientación] Varios vecinos de Conil en la Plaza Santa Catalina, bajo la imponente Torre de Guzmán el Bueno. Fuente: Imagen creada por ChatGPT, en base a una fotografía del “Catálogo de los monumentos históricos y artísticos de la provincia de Cádiz”, Enrique Romero de Torre, 1907-1908. 

Capitulo. Y haviendole dado las providencias correspondientes en cumplimiento de la citada Orden, se dirigieron las Diligencias, y Testimonios à el nominado Sr. D. Pedro de Ontalva, en Carta de doze de este mes, de cuyo recibo, avisó en diez y nueve siguiente, mandando practicar varias Diligencias, y entre los Capitulos que comprehende, está vno que dice assi: / Y enterado de todo, remito à V. S. la adjunta minuta, en que consta los Escrivanos que han comparecido, y se le han indultado, para que V. S. continúe los apremios contra los demàs, à fin de que vengan quanto antes.

AUTO. En cuya vista, por Auto que proveí este dia, mandé dar el presente, por el qual ordenó à las Justicias de esta Villa que luego que le reciban exijan de cada uno de los Escrivanos, Notarios, ò Fieles de Fechos, diez ducados de multa, en que se les condena, por no haver acudido à solicitar dicho Indulto, y pagar su importe, cuyas multas remitan en el preciso termino de seis dias por quenta, costa, y riesgo de dichos Escrivanos, à las Arcas de esta Superintendencia, para mas aumento del Indulto, y asimismo haràn se les notifique à dichos Escrivanos, Notarios, y Fieles de Fechos, que dentro de quinze dias hagan constàr haver evacuado, y pagado dicho Indulto, pena de veinte ducados, aplicados al mismo fin, y con apercibimiento, que se procederà à lo que huviere lugar, remitiendo dichas Justicias en el propio termino de seis dias, Testimonio de haver practicado esta Diligencia bajo de la misma pena, por convenir assi al Real Servicio. Dado en Sevilla à veinte y ocho de Junio de mil setecientos quarenta y dos años. / Espejo. / Por mandado de su Señoria: D. Diego Bexarano.”» 

[Ambientación] José del Campillo y Cosio. Austrian National Library. Austria. Public Domain. Fuente: Historia Hispánica. Real Academia de la Historia. 

NOTAS: [1] Los fieles de fechos eran, en términos sencillos, personas encargadas de dar fe por escrito de determinados actos y acuerdos cuando en una localidad no había escribano público disponible. En la España del Antiguo Régimen, especialmente en villas y lugares pequeños, desempeñaban una función administrativa bastante importante. Su nombre procede precisamente de su cometido: dejar «fe de los hechos», es decir, certificar documentalmente aquello que presenciaban o que se realizaba ante ellos. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. // [2] José del Campillo y Cossío (1693-1743) fue un destacado político, economista y ministro español del rey Felipe V. Biografía. Fuente: Historia Hispánica. Real Academia de la Historia.  // [3] Pedro de Ontalva y Arze (también citado como Hontalba y Arce) fue un jurista, oidor de la Real Audiencia de Cataluña y consejero del Real Consejo de Hacienda de España durante el siglo XVIII en el reinado de Felipe V, destacado por sus obras sobre derecho real y eclesiástico. Fuente: “iberoamericadigital.com”. // 

*** Fuente: Archivo Histórico Municipal de Conil de la Frontera. “Ordeno y mando de Don Ginés de Hermosa y Espejo”, del 28 de junio de 1742. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 149-150. Agradecimiento: Isabel González Ramírez. 

jueves, 29 de octubre de 2026

CONIL EN LA CARTA NÁUTICA CUADRANTE SUDOESTE PENÍNSULA IBÉRICA (1759).

Según la práctica usual en la cartografía marítima hasta fines del siglo XVIII e incluso en fechas posteriores, los accidentes costeros y puntos de mayor interés para la navegación aparecen muy exagerados respecto a la escala general de la carta, para facilitar su reconocimiento.

Documento original, llamando la atención la curiosa orientación del mapa. Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

De acuerdo con la leyenda que acompaña al título, el trazado se debe a Hendrik Lynslager, hidrógrafo y marino holandés de quien la casa van Keulen había publicado ya otra carta de un ámbito similar. En este caso, la publicación corrió a cargo de Isaac Tirion, editor e impresor de cartografía y de otras materias que la incluyó por vez primera en una obra de Thomas Salmon sobre aspectos históricos de España y Portugal -"Hedendaagsche historie, of Tegenwoordige staat van Spanje en Portugal..." Ámsterdam, 1759- y que luego la incorporó también a las ediciones de su “Nieuwe en beknopte hand-atlas”, con sucesivas ediciones desde 1759 a 1784.
Es una carta representativa de la cartografía náutica más habitual en la época en el contexto europeo para Andalucía occidental.

Cartela explicativa ángulo superior izquierdo. Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

Nuestra zona más próxima, donde constan la profundidad del fondo con numerosos datos batimétricos entre los Cabos de la Roque (Roche) y Traralguar (Trafalgar) y señalando, por su peligro, La Seiterre de Traralguar (La Aceitera de Trafalgar). Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

*** Fuente: Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (“Andalucía. La imagen cartográfica hasta fines del siglo XIX”, facebook 7 febrero 2025). 

miércoles, 28 de octubre de 2026

LAS COSAS DE Rosal-IA: “LA ÚLTIMA LECCIÓN DEL MAESTRO”.

 

Mi abuelo siempre decía que una banda de música no se forma con instrumentos. Se forma con paciencia. La fotografía fue tomada una mañana de abril de 1890, cuando el sol todavía no había calentado el patio donde acostumbraban a ensayar. El maestro don Anselmo llevaba casi quince años empeñado en un sueño que muchos consideraban una locura.

—¿Música en Conil? ¿Y para qué?

Eso le repetían los hombres mientras remendaban redes.

—Para que un pueblo aprenda a respirar al mismo tiempo —contestaba él.

Nadie entendía aquella respuesta. Ni siquiera los muchachos que acudían todas las tardes con instrumentos heredados, comprados de segunda mano o reconstruidos una y otra vez por el herrero del pueblo. No había dinero para lujos. El bombardino había pertenecido a un regimiento. La corneta llegó en un barco francés. El bombo era tan viejo que había acompañado procesiones antes de que algunos de los músicos nacieran. Las chaquetas tampoco eran iguales. Cada una procedía de una historia distinta: un padre, un hermano mayor, un uniforme militar adaptado, un traje de domingo convertido en uniforme de banda. Pero cuando sonaban juntos … Parecía que todos vestían igual.

El maestro jamás rechazó a ningún muchacho.

—¿Sabes leer?

—No.

—Pues aprenderás primero las notas.

Y comenzaba dibujando redondas y corcheas sobre una tabla con un trozo de carbón. Había niños que apenas levantaban dos palmos del suelo y ya sostenían un clarinete casi tan alto como ellos. Los mayores les ayudaban a colocar los dedos. Los pequeños miraban a los veteranos con una mezcla de admiración y miedo. Era como entrar en una familia.

Aquel año ocurrió algo que nadie esperaba. El Ayuntamiento decidió encargar una fotografía de la banda. No por vanidad. Sino porque el pueblo empezaba a sentirse orgulloso de aquellos muchachos.

El fotógrafo llegó desde Cádiz con una enorme cámara de madera. Montó el trípode lentamente mientras todos aguardaban en silencio.

—Que salga el maestro en el centro. Nadie discutió. Él tampoco quiso. Pero terminaron empujándolo suavemente hasta colocarlo detrás del bombo. No llevaba uniforme. Nunca quiso vestirlo. Decía que la banda debía brillar más que quien la dirigía. Los músicos fueron tomando posiciones. Los mayores atrás.

Los niños delante, incluso algunos sentados en el suelo porque los bancos no daban para todos. Los más pequeños abrazaban sus instrumentos como quien protege un tesoro. Uno de ellos llevaba los platillos. No sabía todavía tocar más que dos golpes. Pero aquella mañana los sujetaba con la solemnidad de quien sostiene el destino del mundo. El fotógrafo pidió inmovilidad.

—No pestañeen.

El silencio fue absoluto. Solo se oían las golondrinas bajo el alero. Entonces ocurrió algo inesperado. El viento levantó una esquina de la partitura que descansaba sobre un banco. El maestro la sujetó con un dedo. Y, casi sin darse cuenta, comenzó a tararear muy despacio la marcha que iban a interpretar aquella tarde. Los muchachos sonrieron. Nadie rompió la formación. Simplemente siguieron la melodía por dentro.

El fotógrafo abrió el obturador justo en ese instante. Por eso —decía mi abuelo— ninguno parece serio del todo. Porque, aunque nadie pueda oírla, en la fotografía la banda está tocando.

Pasaron los años. Aquellos niños crecieron. El del clarinete acabó siendo carpintero. El corneta marchó a Cuba. El muchacho de los platillos fue patrón de almadraba. Uno de los trombones no volvió de Marruecos. Otro abrió una pequeña tienda frente a la botica. El maestro murió sin fortuna. Como casi todos los buenos maestros. Pero en su entierro ocurrió algo que nadie había preparado. Los antiguos alumnos aparecieron desde todos los rincones del pueblo. Algunos llevaban el uniforme. Otros acudieron con ropa de faena.

Un viejo bombardino, un clarinete remendado, dos cornetas, un tambor cuya piel había sido cambiada cinco veces … Nadie dirigía. No hacía falta. Comenzaron a tocar la marcha que el maestro tarareó el día de la fotografía.

Los vecinos salieron a las puertas. Las mujeres dejaron de barrer. Los pescadores descubrieron sus gorras. Y más de uno juró que jamás había oído sonar tan bien aquella banda. Cuando terminaron, uno de los músicos señaló el viejo bombo. Todavía conservaba la inscripción: "Banda de Música de Conil, en el año 90". Entonces comprendieron que el maestro tenía razón. La música nunca había servido para llenar plazas. Ni para acompañar procesiones. Ni siquiera para alegrar las fiestas.

Había servido para algo mucho más importante. Había enseñado a varias generaciones de muchachos pobres que, aunque la vida los llevara por caminos distintos, siempre existiría una melodía capaz de reunirlos de nuevo. Y quizá por eso esta fotografía sigue emocionándonos más de un siglo después.

Porque no retrata una banda. Retrata el instante exacto en que un pueblo decidió educar a sus hijos en la armonía. 

*** Fuente: Narración obtenida con la ayuda de Rosal-IA, alias utilizado para designar la moderna herramienta de Inteligencia Artificial, en este caso, ChatGPT. La fotografía pertenece a la colección particular de Francisco Reyes Medina, y fue publicada en la página 23 de “CONIL EN LA MEMORIA”, 2004. Parte de lo que se ve en la imagen —los niños junto a los adultos, los vetustos instrumentos, el maestro sin uniforme, el orgulloso bombo con la fecha— ha servido para construir un relato que podría haber sucedido en cualquier pueblo marinero de finales del siglo XIX como Conil. 

martes, 27 de octubre de 2026

CONIL Y EL PARTIDO LIBERAL CONSERVADOR (1889).

La noticia que se trae hoy, publicada por el periódico gaditano <La Palma de Cádiz> en abril de 1889, informa de la reorganización del Comité liberal-conservador de Conil tras el fallecimiento de su presidente, José Tomás Borrego y Mihura[1]. La nueva dirección quedó encabezada, como presidentes honorarios, por Antonio Cánovas del Castillo y Eduardo J. Genovés[2], mientras que la presidencia efectiva pasó a Joaquín Sánchez y Sánchez. La extensa relación de vocales permite apreciar, además, la presencia en el comité de numerosos miembros de las familias con mayor peso social de la localidad. 

Fuente: “La Palma de Cádiz”, abril de 1889. Biblioteca Virtual Prensa Histórica. 

La noticia se enmarca en el sistema político de la Restauración borbónica, iniciado en 1874 y basado en la alternancia de los partidos dinásticos —conservadores y liberales— bajo la Corona de Alfonso XII y, desde 1885, durante la regencia de María Cristina. En los municipios, los comités locales constituían una pieza fundamental de ese entramado político, pues articulaban influencias familiares, propiedad, relaciones personales y participación electoral.

En una población como el Conil de finales del siglo XIX, todavía eminentemente rural, esta vinculación entre poder económico y poder político resultaba especialmente visible. La reorganización del comité tras la muerte de Borrego revela, por tanto, el interés por mantener cohesionada la estructura conservadora local y garantizar su continuidad mediante el relevo de sus dirigentes. Una pequeña noticia que, en definitiva, ofrece una interesante imagen de las élites que participaban en la vida política conileña en los años finales de siglo. 

[Ambientación] El que fue alcalde de Conil José Tomás Borrego y Mihura, sobre 1880. Colección particular Francisco González. Fuente: “Conil en la Memoria”, p.14, 2004. Retocada por ChatGPT. 

NOTAS: [1] Actualmente, el callejero de Conil mantiene el nombre de José Tomás Borrego para la antigua calle del Peñón. // [2] Había la costumbre de encabezar el organigrama de los partidos locales, como presidentes honorarios, a los dirigentes o líderes nacionales. // [3] Es una de las cabeceras de periódico más larga, al menos de los editados en Cádiz por aquellos años. 

*** Fuente: “La Palma de Cádiz: periódico político, mercantil, literario, industrial, científico, comercial y de anuncios”[2], del que era Director Adolfo de Castro, Núm. 27.???, de un indeterminado día de abril de 1889 (ejemplar en mal estado de conservación). Biblioteca Virtual Prensa Histórica. 

lunes, 26 de octubre de 2026

MERGABLUM Y LA VÍA HERCÚLEA, 2 de 3, por FRANCISCO JAVIER GUZMÁN ARMARIO.

Viene del 19 de octubre de 2026

Otro ejemplo al respecto puede ser el misterioso Ceret romano, Jerez de la Frontera en la actualidad. Hasta la fecha no se han descubierto estructuras urbanas, ni siquiera arquitectónicas, que nos hablen de que allí existía una ciudad. Las alusiones de autores como Columela o Marcial[7] sólo hacen referencia al exitoso cultivo de la vid en la comarca. Sin embargo, algún epígrafe llama nuestra atención sobre la existencia de magistraturas en el contexto de un municipio ... ¿Podría tratarse de otro ejemplo más de ese hábitat disperso, aglutinado bajo las formas políticas y culturales romanas?

Creo que también es el caso de Mercablum, antigua CONIL DE LA FRONETRA, del que tampoco se ha encontrado lo que llamaríamos “una ciudad”. Los textos clásicos, en cualquier caso, no la mencionan. Pomponio Mela[8] (Chorografía II, 95-96), a mediados del siglo I, nos habla de Carteia, Mellaria, Baelo Claudia, Baesippo, Gades ... Plinio el Viejo[9], muy poco después, anota los mismos nombres en el libro III de su Naturalis Historia (1,3 y 11). Una generación antes, Estrabón[10], en el libro III de su “Geografía”, no daba noticias positivas al respecto. La única referencia textual a Mercablum es la que aporta el Itinerario Antonio [sic, Antonino][11], relación de vías del mundo romano de bien entrado el siglo III, en el que Mercablo es el punto situado a unos 26 kilómetros de Gades en dirección al Estrecho y anterior a Baesippo, presuntamente Barbate. Con toda probabilidad, se trata del actual emplazamiento de CONIL, o de algo muy cercano a ésta. 

[Original del artículo] Denarios de plata romanos. Imagen “retocada por ChatGPT. 

Hilando todos estos topónimos, la Vía Hercúlea, prolongación costera de la calzada llamada Vía Augusta (que corría paralela por toda la costa levantinas hasta el sureste, en que se desviaba por el Valle del Guadalquivir hacia Gades) por el litoral de las provincias de Cádiz, Málaga, Granada y Almería, daba coherencia a la romanidad de las ciudades y grupos de habitación gaditanas. Mercablo, fuera la Cimbi de posible tradición púnica de la que hablan los textos, ya la Melkart Baelo que señalaba hace años C. Pemán[12] (hipótesis que me parece algo forzada), se hallaba en la ruta del Itinerario precisamente. Lo cual no significa que se ubicara justamente al pie de la calzada. En la trama de caminos pavimentados romanos solían levantarse instalaciones denominadas mutationes y mansiones, destinadas principalmente al servicio del cursus publicus (auténtico poney-express del mundo romano), y que con cierto grado de desarrollo podían llegar a convertirse en ciudades.

Al mismo tiempo, el transporte de mercancías y de personas encontraba en estos lugares un marco seguro para el descanso y el avituallamiento. En ese sentido, caminos secundarios podían unir la ruta principal a los hábitat dispersos de los que ya hemos hablado.

Mercablo era, de seguro, uno de esos puntos de apoyo, tal vez consolidado a los comienzos de la tardorromanidad, nacido a partir de un asentamiento costero-pesquero de tradición púnica, en un sitio privilegiado para la explotación de los recursos del mar.

Ya Cintas[13], en 1949, acuñó el concepto de “paisaje púnico” para designar esa especial distribución de las fundaciones fenicias por la costa, en puntos estratégicos a corta distancia unos de otros (piénsese, por ejemplo, en el litoral norteafricano entre Marruecos y Túnez, o en la franja marítima de las provincias de Málaga, Granada y, en menor medida, Almería). 

[Original del artículo] Restos arqueológicos del Pocito Blanco, Conil. Imagen “retocada por ChatGPT. 

Quiero decir que entre Gades y la Bahía de Algeciras debía de existir algo parecido, y en este esquema no todos los centros tendrían la misma enjundia. Mercablum pudo haber comenzado (como demuestran algunos vestigios arqueológicos dispersos: vid. una completa relación en el dossier Informe sobre los hallazgos arqueológicos de El Pocito Blanco - Conil de la Frontera (Cádiz) ..., citado en la bibliografía) como factoría dedicada a la explotación pesquera y luego, con la extensión de la romanidad y el crecimiento de las comunicaciones terrestres (Vía Hercúlea), haberse convertido en solar para el encuentro de personas con carácter más o menos permanente.

A falta de lo que aporte la Arqueología en el futuro, y dado que la única fuente en la que aparece el nombre y su ubicación es el Itinerario (un documento tardío) soy de la opinión de que la etimología del topónimo hay que buscarla en el latín. Y en el latín lo más parecido a ese nombre es el adjetivo mercabilis-e, que significa “venal”, “que se puede comprar”.

NOTAS:

[7] Lucio Junio Moderado Columela o Marco Valerio Marcial.- Fueron dos destacados escritores hispanorromanos de la Bética y de la Tarraconense durante el siglo I dC., pero con enfoques literarios totalmente opuestos. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

[8] Pomponio Mela.- Geógrafo nacido en Tingintera (cerca de Algeciras, Cádiz). Escribió bajo el emperador Claudio (41-54). Biografía. Fuente: “historia-hispanica.rah.es”.

[9] Cayo Plinio Segundo, conocido como Plinio el Viejo.- Escritor y militar romano del siglo I. Perteneció al orden ecuestre y ejerció cargos administrativos y financieros en la Galia y en Hispania. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

[10] Estrabón.- Geógrafo e historiador griego. Biografía.  Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

[11] Itinerario Antonino.- Descripción. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

[12] César Pemán y Pemartín.- Licenciado en Derecho. Doctor en Filosofía y Letras. Arqueólogo. Catedrático de Historia del Arte. Biografía.  Fuente: Asociación Católica de Propagandistas.

[13] Pierre Cintas (Túnez, 22 septiembre 1908 – París, 12 julio 1974).- Oficial francés y arqueólogo. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

Continuará el 02 de noviembre de 2026

*** Fuente: “Boletín LA LAJA: Amigos del Patrimonio Natural y Cultural de Conil”, n.º 7, pp. 10-13, diciembre 2006.  

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