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martes, 20 de octubre de 2026

LA LEYENDA DEL COLORADO (1984).

La tradición oral y la documentación histórica coinciden en situar el origen del topónimo El Colorado en torno a la antigua venta que daba nombre al lugar. Ya aparece registrada con esa denominación en planos catastrales de 1873, aunque su origen ha dado lugar a diversas interpretaciones. Algunas leyendas lo relacionan con el paso de un soldado británico durante la Guerra de la Independencia, mientras que otras lo atribuyen al color de pelo o de piel del primer propietario del ventorrillo. Sin embargo, la explicación más respaldada por la documentación señala que el nombre hacía referencia desde un principio a la familia Olmedo y a su establecimiento, extendiéndose con el tiempo para designar toda la zona.

Esto es lo que nos cuenta Isabel González Ramírez, responsable del Archivo Municipal, en su trabajo de junio de 2000: “Apuntes de la Feria del Colorado en el Archivo Municipal de Conil (AMC)”. 

[Ambientación] Imagen idealizada de aquel “guiri”, soldado inglés, que curado de sus heridas se asentó en este rincón conileño, dando nombre, por su aspecto, a esta zona. Fuente: Ilustración creada por ChatGPT. 

Sobre estas tradiciones y su posible relación con la Batalla de Chiclana trata el siguiente recorte de prensa [Transcripción libre de Rafael Coca López:]

«”EL COLORAO. / Sería una buena idea investigar sobre los orígenes, el uso y la evolución de algunas palabras que con cierto hábito se usan en Chiclana. / A pocos kilómetros de Campano se asienta la población de El Colorao, o el pago del Colorao. ¿Por qué no se le llama el Verde o el Amarillo? / Parece ser que su origen se remonta a la Batalla de Chiclana [5 de marzo de 1811] que tuvo lugar en los alrededores del Cerro de la Barrosa [Torre del Puerco] y de los pinares de Campano. Tras duras horas de enfrentamientos cuerpo a cuerpo entre aliados y franceses, muertos y heridos quedaron en el campo de batalla. F[élix] Arbolí habla de 1.400 entre las tropas aliadas y 2.000 bajas en las filas invasoras. La historia nos cuenta como quedó abandonado entre la maleza el cuerpo de un soldado inglés que fue recogido y curado de sus heridas por una familia de campesinos, aquel hombre de piel y cabellos rojizos fue llamado cariñosamente, por la buena gente del lugar, «el colorao». Nombre más corto y fácil de pronunciar que el suyo, extranjero. / El relato finaliza diciendo como aquel hombre, una vez curado, contrajo matrimonio quedándose a vivir en aquella zona, construyendo una venta y posada que fue conocida como la venta del «Colorao», en cuyo entorno se formó el poblado que lleva su nombre. / A los que participaron en la batalla Fernando VII les concedió la Cruz donde se lee «Chiclana» y «5 de Marzo de 1811». Al Teniente General Manuel Lapecie [Manuel Lapeña Rodríguez y Ruiz de Sotillo] se le concedió la Gran Cruz de Carlos III y a Sir Thomas Graham, que mandaba las tropas inglesas [y portuguesas], en agradecimiento por su actuación le concedió el título de Duque del Cerro de la Cabeza del Puerco y unas extensas pertenencias que comprendían pinares y playa. En un principio aceptó tal distinción, pero al conocer la traducción de su título y lo que ello significaba, rehusó. / Francis.“»

Reproducción de la colaboración de Francis refiriéndose al origen del topónimo “El Colorado”. Fuente: “EL TROVADOR: revista informativa y cultural de Chiclana”. 

*** Fuente: “EL TROVADOR: revista informativa y cultural de Chiclana”, núm. 5, p. 21, Colaboraciones, agosto 1984.  

lunes, 19 de octubre de 2026

MERGABLUM Y LA VÍA HERCÚLEA, 1 de 3, por FRANCISCO JAVIER GUZMÁN ARMARIO.

Numerosos historiadores de la Antigüedad han preconizado tradicionalmente que el mundo antiguo es un universo rural controlado desde los núcleos urbanos. En la ciudad reside el poder político, se elevan los templos, prosperan los mercados estables, bullen las ágoras y los foros con el trajín de la vida cotidiana. Y en todos estos espacios lo público se manifiesta como el estandarte de una sociedad organizada.

A las ciudades llega la producción del campo, y desde ellas se distribuyen o redistribuyen los productos de primera necesidad, ya sea en forma de donativos ofrecidos a la población por los potentados, trueque, compra-venta o comercio al por mayor. El protagonismo histórico en la Antigüedad, pues, pertenece a lo urbano.

Sin embargo, debemos recordar el dato que el eminente historiador británico Keith Hopkins[1] (famoso por aplicar los métodos de la Sociología al estudio de la Historia) nos ha proporcionado recientemente: que el 90% de la población total de aquellos lejanos siglos vive en el campo, dispersa en una miríada de poblados, aldeas y alquerías que, por ejemplo, en los textos grecolatinos, aparecen bajo la denominación de pagi, castellae, turres … Tales núcleos de habitación, por ser rústicos, no tenían por qué hallarse en el interior: perfectamente podían ubicarse en la costa (el mar fue, en el imaginario romano, una prolongación de lo rústico, de lo incivilizado), en cualquier caso siempre enclavados en lugares estratégicos para el control del territorio y la explotación de los recursos. 

[Original del artículo] La basílica de Baelo Claudia, y presidiéndola la estatua de Trajano con la toga de magistrado. Imagen “retocada” por ChatGPT. 

Todo lo anterior responde a un patrón de gran éxito en el mundo antiguo: la creación de un sistema jerárquico de asentamientos, en el que el mayor de ellos (civitas, urbs, oppidum) controlaba a los núcleos menores y secundarios (alquerías, poblados), inmersos estos en el mundo rural. Un ejemplo muy claro lo tenemos en nuestra provincia de Cádiz, en el ámbito cultural turdetano inmediatamente anterior a la conquista romana. A principios del siglo II aC., cuando Roma ha vencido a Cartago en la II Guerra Púnica[2] (218-202 aC.) y ha expulsado a los cartagineses de la Península Ibérica, el oppidum de Hasta Regia (en Mesas de Asta, topónimo identificado por algunos autores con la mítica Tartesos), ciudad con 42 hectáreas a intramuros, tenía sometida a una población menor llamada Torre Lascutana: probablemente un recinto campesino fortificado, en las cercanías de la actual Alcalá de los Gazules. Los habitantes de este agrupamiento humano secundario se hallaban en régimen de servidumbre respecto de Hasta, y no poseían la propiedad de la tierra ni eran dueños de sus frutos. O dicho de otra forma: contribuían de forma importante a mantener a los hastenses con sus labores agrícolas y de paso servían de avanzadilla de sus señores a través de las fértiles vegas y fecundos montes que les separaban de ellos.

La información sobre esta peculiar relación la encontramos en el epígrafe en lengua latina más antiguo que se conserva para la Península Ibérica (hoy día exhibido en el Louvre): el Bronce de Lascuta[3]. En este documento militar se expone que:

“El general Lucio Emilio, hijo de Lucio, imperator, decretó que de los siervos de Hasta, aquellos que habitasen en la Torre Lascutana sean libres, y mando que también pudieran tener y poseer la tierra que en aquel tiempo poseyesen, mientras el Senado y el Pueblo romano lo quisieran ...”

Estamos en el año 189 aC. Un lustro antes Roma ha tenido que afrontar una rebelión generalizada de las ciudades ibéricas sometidas, en las que los núcleos turdetanos (Hasta Regia, Carmo) han jugado un papel director. Dicho epígrafe, pues, sanciona el castigo que le corresponde al perdedor: arrebatarle su territorio y el dominio sobre las aldeas y emplazamientos rústicos que la proveen de recursos.

La ciudad, ya nos lo recuerdan Cicerón o Vitrubio[4], es el soporte de la civilización. Pero no todo era ciudad en la época antigua. Si consideramos que una población de unos 10.000 habitantes (Itálica en tiempos de Adriano, Pompeya en sus mejores momentos) ya podía ser considerada, entonces, como una localidad relevante, igualmente hay que señalar que el hábitat disperso agrupaba a millones de personas en el Imperio Romano. Es la no-ciudad, que ha destacado el profesor Cristóbal González Román[5]. 

[Original del artículo] Acueducto norte y cisterna de Baelo Claudia. Imagen “retocada” por ChatGPT. 

Es decir, de la misma forma que la gente vivía en ciudades a la romana, como esa joya arqueológica llamada Baelo Claudia[6], verdadero privilegio para los gaditanos del presente, también habitaba en aldeas, cortijos, poblados de mayor o menor tamaño y granjas … A veces, un sitio destinado al culto (santuarios, lugares sagrados), o un emplazamiento con facultades para que allí se desarrollaran mercados estacionales o permanentes, generaba con el tiempo un resultado urbano o cuasiurbano. En Baelo, que albergó a 2.000 almas, aproximadamente, contemplamos los restos de un teatro excesivamente grande para esa población. O sea, que atendía a las necesidades lúdicas de una población extra, tal vez la suma de los temporeros que acudían a trabajar en la pesca del atún y en la elaboración de salazones y de garum más los habitantes rústicos de las aldeas adyacentes. 

NOTAS:

[1] Keith Hopkins (Londres, 20 junio 1934 – Londres, 8 marzo 2004), historiador y sociólogo británico; profesor en la Universidad de Cambridge. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. 

[2] Segunda guerra púnica.- Fue el conflicto militar decisivo entre la República de Roma y el Imperio cartaginés por la supremacía en el Mediterráneo. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

[3] Bronce de Lascuta.- Inscripción en latín arcaico hallada en las proximidades de Alcalá de los Gazules, que atestigua la presencia romana en nuestra provincia. (detalle). Fuente: Soledad, 19 agosto 2023. Cosas de Córdoba.

[4] Marco Tulio Cicerón o Marco Vitruvio Polión.- Fueron dos grandes figuras romanas del siglo I aC. que destacaron en campos distintos, el primero en la oratoria y la filosofía, y el segundo en la arquitectura y la ingeniería. Fuente: “discovery.researcher.life”.

[5] Cristóbal González Román.- Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Granada. Semblanza (ver pp. 15-19, Ángel Padilla Arroba). Fuente: “Gratias tibi agimus” [Te damos gracias], homenaje al prof. Cristóbal González Román. Editorial Universidad de Granada.

[6] Baelo Claudia.- Ciudad romana situada en la ensenada de Bolonia, en la actual población homónima, a unos 22 km. de Tarifa. Más. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

Continuará el 26 de octubre de 2026

*** Fuente: “Boletín LA LAJA: Amigos del Patrimonio Natural y Cultural de Conil”, n.º 7, pp. 10-13, diciembre 2006. 

sábado, 10 de octubre de 2026

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

La historia de Conil de la Frontera está profundamente vinculada a la religiosidad popular y al rico patrimonio artístico que, a lo largo de los siglos, ha dejado una huella imborrable en la villa. La intensa devoción de sus habitantes, manifestada en fiestas, procesiones, cofradías y fundaciones piadosas, favoreció la construcción de templos, ermitas, conventos y hospicios que aún hoy forman parte esencial de su identidad histórica y cultural.

Este fervor religioso no solo impulsó la creación de importantes edificios, sino también la incorporación de valiosas obras de arte sacro, entre las que destacan esculturas, retablos, pinturas y objetos litúrgicos de notable interés. Imágenes tan veneradas como la Virgen de las Virtudes, San Sebastián o Nuestro Padre Jesús Nazareno, junto a piezas procedentes de destacados talleres andaluces y filipinos, reflejan la riqueza artística acumulada por generaciones de conileños.

El presente artículo ofrece un recorrido por algunos de los principales espacios religiosos de la localidad, poniendo de relieve tanto su valor histórico y arquitectónico como el destacado patrimonio artístico que conservan o han albergado a lo largo del tiempo, testimonio de la profunda tradición religiosa que ha caracterizado a Conil desde la Edad Moderna hasta nuestros días. 

Convento de Santa Catalina, 1919. Antiguamente llamado de la Victoria. La construcción fundamental y primitiva es del siglo XVI y de ella es la nave de la iglesia, la sacristía y las escaleras. La portada y campanario son del primer tercio del siglo XVII. El resto del convento fue levantado en 1760. Colección particular Juan Aragón. Conil en la Memoria, 2004. 

“LA ARQUITECTURA RELIGIOSA DE CONIL: reflejo de la religiosidad popular e individual”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de Conil, 2001.

«”La religiosidad popular andaluza como la castellana fue durante la Edad Media poco observante con los sacramentos. En cuanto al bautismo, se debía recibir <lo antes posible>. La confirmación se recibía poco. El Sínodo gaditano de 1591 pide a los curas que amonesten a los padres de familia para que hagan oír misa a sus hijos, criados, esclavos, pastores y guardas de cortijos, recriminando la costumbre de quedarse en casa las hijas por razón de honestidad o las viudas a causa de su estado.

La religiosidad medieval fue una religiosidad festiva. Una de las fiestas más celebrada fue la del Corpus Christi. La Virgen María era quien recogía especialmente la devoción popular en Conil bajo la advocación de las <Virtudes>. También otros santos como San Sebastián, Patrón de la Villa. Fueron muy dados a las procesiones, celebradas de dos tipos diferentes: de rogativas o de acción de gracias.

Lugar especial ocupan en aquella época los cultos relacionados con la muerte y los difuntos. Se difunde la devoción a los Santos Ángeles <para que ellos rueguen por mi alma y la acompañen cuando de este mundo saliere>.

El entierro va acompañado por los clérigos parroquiales, los frailes del Convento de Mínimos, los hermanos de algunas cofradías, o los pobres a los que se manda dar de comer y vestir en dicha fecha. Se ordena la celebración de una, tres, cinco o más misas de cuerpo presente, otras nueve durante los días contiguos al entierro y nueve más al año. Los entierros se llevaban a cabo en la Parroquia, en el Convento o en el hospital de la Misericordia.

Iglesia y conventos, de forma general, concertaban con personas pudientes o cofradías  la construcción de capillas, sobre las que adquirían el patronazgo. Estas vinculaciones fueron numerosas a lo largo de estos siglos, costeando gran parte de las construcciones y mejoras de los edificios religiosos. Todo era válido para que las clases privilegiadas poseyeran una capilla o un altar, ya que ello significaba contar con una sepultura en lugar privilegiado de los templos. La obsesión por la salvación eterna quedo reflejada en los testamentos donde se pretendía arreglar cuentas con el <Altísimo Dios Nuestro Señor>, disponiéndose numerosas misas y cargas piadosas para <poner el alma en el camino de la salvación>.

Las cofradías y hermandades alcanzaron un gran desarrollo durante estos siglos. Con sus actividades contribuyeron a incrementar el patrimonio artístico de Conil.

Desde mediados del siglo XVI, la iglesia como institución experimenta una gran renovación, incrementándose el sentido religioso y jugando un papel fundamental en la vida de los pueblos. Aumentan de número los conventos, se erigen nuevas parroquias y se fundan los hospicios y hospitales.

Como consecuencia de esta forma de pensar y ver la vida y como signos externos de la fe popular, a lo largo de los siglos XVI, XVII, y XVIII, se fueron construyendo una serie de edificios de carácter religioso y hospitalario de los que podemos destacar los siguientes: 

Capilla del Espíritu Santo. Fuente: “PATRIMONIO CULTURAL DE CONIL DE LA FRONTERA”, ANTONIO SANTOS GARCÍA, FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA, ANTONIO MUÑOZ RODRÍGUEZ, CARLOS ROMERO VALIENTE; Edita: G.D.R. Litoral de la Janda. 2007; pág. 45. 

ERMITA DEL ESPÍRITU SANTO

Fue fundada y construida por los esposos Antón Manuel y Leonor Gil en el año 1586. Para <mayor gloria de Dios, alivio de sus conciencias y descanso de sus cuerpos>.

El lugar donde se encuentra construida la capilla fue donado a Antón Manuel, regidor del ayuntamiento y capitán de milicias, por el duque de Medina Sidonia. En dicho solar estuvo la primera torre atalaya que los duques levantaron para auxilio de las almadrabas. En esta capilla se da culto a la Virgen del Carmen de gran devoción por las gentes del mar, pescadores y marineros.

Un inventario de 1900 nos dice que se componía la ermita de una nave con bóveda de medio cañón, sacristía, patio y habitaciones de la santera. Su altar lo presidia un lienzo de la Inmaculada. Durante gran parte del presente siglo estuvo esta capilla en un estado de gran abandono, sin culto y dedicada a otras funciones como alojamiento de tropas después de la Guerra Civil. Fue restaurada en los años sesenta. Su campana, aunque cascada, está fechada en 1632, siendo la más antigua de todas las iglesias de la Villa. 

[Ambientación; imagen no incluida en el artículo original] Jardines e iglesia de Santa Catalina, hacia 1962. Colección particular José Guerrero. “Conil en la Memoria II”, p. 23, 2007. 

IGLESIA MAYOR DE SANTA CATALINA

Cerrada al culto y en lamentable estado de ruina, esta iglesia, antigua parroquia, preside la plaza y jardines de su nombre. Desde el siglo XV, construcción de la primera iglesia hasta el edificio actual, son muchas las obras y construcciones realizadas. El párroco Francisco de Paula Fernández-Caro emprendió en 1886 las obras que configuraron la actual iglesia. Estas obras duraron seis años y la remodelación alcanzó a todo lo existente del edificio anterior, levantando todo lo conservado del edificio anterior, prácticamente desde los cimientos. Los planos y la obra se deben al chiclanero Don Juan Bautista Olivares, arquitecto municipal de Cádiz en aquella época, el cual se ofreció de forma gratuita. Antes de finalizar las obras marchó a Buenos Aires por problemas de salud. Quedó al frente de la obra el Padre Caro y el maestro aparejador Don Cayetano Cano, vecino de Chiclana.

El resultado fue un edificio de respetables dimensiones, de estilo arquitectónico poco definido, mezcla de neogótico y neomudejar, fruto de la corriente eclecticista de la época y preludio del modernismo que se acercaba.

Terminaron las obras el día 4 de agosto de 1891 en cuya noche se hizo bendición de la nueva iglesia por el Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de la Diócesis Don Vicente Calvo y Valero. El ayuntamiento nombró al Padre Caro hijo adoptivo y predilecto, dedicándole una calle en la población, inmediatamente al nuevo edificio parroquial.

Pronto presentó la nueva obra problemas estructurales debido a la poca consistencia del terreno, dando lugar a reparaciones costosas que llevaron a cerrar el edificio al culto en el año 1930. Permaneció en espera de ser restaurado hasta el día de hoy, siendo su estado actual de ruina fruto del abandono y desidia de todos y no consecuencia directa de problemas en la construcción.

Su antiguo contenido en obras de arte, pinturas y esculturas, se encuentran hoy repartidas por otras iglesias de la población y la imagen de su titular, Santa Catalina, patrona de la Villa, preside hoy una capilla del Convento de la Victoria, actual parroquia.

Hay que reseñar también que el altar que presidía la capilla del Sagrario, fundada por Don Pedro González-Manuel y Doña Ana de Amar en 1615, es el altar  mayor que hoy preside la capilla del hospicio de la Misericordia. 

[Ambientación; imagen no incluida en el artículo original] Conjunto actual Parroquia de Santa Catalina y Ayuntamiento, 2019, ex Convento de la Victoria. Fuente: Colección Juan Bermúdez Ramos, Scard Bermos. 

EL CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LAS VIRTUDES

Según Pedro de Medina, cronista de la Casa Ducal de Medina Sidonia, escribía en 1561: <Había en Conil además de pesca del atún otra cosa más señalada y de mucha mayor riqueza y que era la iglesia y casa de Nuestra Señora de las Virtudes, a la que acudían romeros casi todos los días del año … de día y de noche, pero el día grande de peregrinación era el 8 de Septiembre fiesta principal de Nuestra Señora, día en que iban tantas gentes de todas las comarcas y de fuera de ellas, que me parece que es una de las casas de mas devoción que hay en España>.

El patrono de la fundación del convento fue el duque de Don Juan Alonso Pérez de Guzmán en 1567, siendo provincial de la orden de Mínimos de San Francisco de Paula el padre fray Pedro de Melgar. Don Juan Alonso costeó las obras e hizo donación de la imagen de Nuestra Señora, que desde muy antiguo pertenecía a sus antepasados, y les dio a los frailes la Huerta del Hardal con su torre para sostenimiento de la comunidad.

La construcción fundamental y primitiva es del siglo XVI y de ella es la nave de la iglesia, la sacristía y las escaleras. La portada y campanario son del primer tercio del siglo XVII pues fue obra de fray Luis Vázquez de Dueña, que profesó en el convento en 1605. El resto del convento, galerías, claustro y patios fueron levantados de nuevo en las obras de remodelación que se llevaron a cabo en vida del padre fray José Tentor, corrector del convento en el año 1760.

A partir de la desamortización del siglo XIX, numerosas obras se han realizado en este edificio hasta convertirlo en sede del Ayuntamiento en 1839, Juzgado Municipal y escuelas. 

[Ambientación; imagen no incluida en el artículo original] Patio del Hospicio, 1983. Fuente: Imagen extraída del “Conil de la Frontera: boceto para una historia”. Juan José Poblador. 

HOSPICIO DE LA MISERICORDIA

Edificio construido en 1779 por Don Sebastián Sánchez Franco, conde de las Cinco Torres, natural de la villa y rico mercader en la Carrera de Indias.

La finalidad de esta gran casa-hospicio fue dar alojamiento a treinta familias pobres. La edificación se compone de una capilla central de las del tipo <iglesia-salón>, prácticamente cuadrada, y dos patios a cada lado en donde se sitúan las treinta habitaciones, los aseos, la cocina común, las dependencias de la casera y las habitaciones del capellán. Construido a base de buenos materiales como la piedra ostionera y la cal, ha llegado hasta nuestros días en excelente estado de conservación. En el año 1946 fue cedido gran parte del edificio para la instalación del colegio de Jesús María y José y el resto del edificio, una vez finalizada su primitiva función, como alojamiento de pobres ancianas y viudas, fue destinado a casa auxiliar de la parroquia y vivienda del Sr. Cura Párroco. Actualmente se vienen impartiendo las clases de catequesis y es la sede de <Cáritas  Parroquial>.

Dentro de su capilla es de reseñar la escultura de la Virgen de la Misericordia, talla de finales del siglo XVIII, de madera policromada perteneciente a la escuela sevillana. Esta talla sufrió grandes desperfectos en un incendio que se produjo en la capilla, siendo magníficamente restaurada por Don Manuel Pineda Calderón y costeada por el farmacéutico Don Manuel Pérez Moreno.

El Cristo de Marfil, situado en el altar mayor, procede de la iglesia parroquial de Santa Catalina de donde fue traslado junto con todo el altar tras el incendio de 1942. En dicho incendio, quedó totalmente destruido el altar original de la fundación de la Misericordia y el que actualmente se puede contemplar es el que hasta entonces presidía la capilla del Sagrario de la iglesia mayor de Santa Catalina, cerrada al culto ya en aquella fecha, el crucifijo procede de los talleres de los sangleyes de Manila según nos informa Zóbel de Ayala, quien ha realizado un profundo estudio de estos marfiles filipinos. Las características que denotan su procedencia son: el encorvamiento frontal de la imagen, el abultamiento de sus ojos, las cejas pintadas y otras características donde se descubre la mano oriental de su hechura.

En la Sacristía de la Misericordia también puede contemplarse un lienzo que representa <La huida a Egipto>, cargado de dinamismo y expresividad. La tradición lo ha atribuido a la mano del padre de Valdés Leal. Sin que se pueda afirmar esta autoría es una obra del barroco andaluz del siglo XVII. Procede de la iglesia de Santa Catalina. 

[Ambientación; imagen no incluida en el artículo original] Vista del interior de la capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe, sita en la ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Se aprecia parte de la reja de hierro forjado original y el retablo neoclásico que preside el lienzo de la Virgen de Guadalupe traído por Calderón de la Barca de México. En los laterales, a modo de calles del retablo, están dispuestas las pinturas que recogen el ciclo de las apariciones. Imagen: Tesis Doctoral, “Miguel Calderón de la Barca (1653-1720): biografía y aspectos artísticos”, Leticia García de Ceca Sánchez del Corral. Universidad Complutense de Madrid, 2016. 

ERMITA DE NUESTRO PADRE JESÚS

Construida en 1592 por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno adosada al hospital de la Misericordia. El maestro albañil fue Mateo Hariza, Francisco de Medina y Bartolomé Hernández Ramírez, mayordomo y hermano mayor respectivamente. Fue techada con vigas de madera traídas de Sanlúcar de Barrameda.

En su interior se da culto a los titulares de la Hermandad, Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores.

La talla del Nazareno es obra del maestro escultor Francisco de Villegas quien la realizo en 1632 por encargo de Francisco González, mayordomo de la cofradía. Su coste fue de 632 reales de vellón incluido el importe de las andas para sacarlo en procesión.

Dentro de la ermita se encuentra una capilla con su cancela de hierro y altar dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe, costeada en 1720 por el mecenas Don Miguel Calderón de la Barca, natural de la villa, miembro del Consejo de Indias de Su Majestad y gran bienhechor de las iglesias de esta villa.

Procede de la parroquia de Santa Catalina, se encuentra depositada en esta ermita la imagen de San Sebastián, patrón de la Villa, talla de gran valor del escultor Pedro Daín fechada en 1588. Según la tradición popular esta imagen se veneraba en una ermita hoy, desaparecida, que se encontraba en el lugar conocido por <El Santo>. Poca documentación existe sobre esto, pero sí podemos afirmar que en 1589 eran hermanos mayores de la hermandad de San Sebastián de la villa de Conil, Gómez García Moreno y Pedro González Manuel, regidores de su Ayuntamiento, todo lo cual consta en una escritura de poder otorgada en dicho año ante el escribano Pedro de Morales.”» 

*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.  

martes, 29 de septiembre de 2026

CONIL Y LAS SUBASTAS PARA EL CALADO ALMADRABA BUCHE (1844).

Los recortes de prensa que se reproducen a continuación muestran la rápida aplicación práctica del Real decreto de 14 de febrero de 1844, por el que quedaron restablecidas las almadrabas de buche de Zahara, Conil y Punta de la Isla [Sancti Petri]. Apenas dos días después de su promulgación, el Ministerio de Marina dictaba las instrucciones para sacar a pública subasta el calamento de las tres almadrabas, iniciando así el procedimiento administrativo necesario para reanudar su explotación. Los anuncios publicados permiten seguir este proceso, desde la convocatoria de la subasta hasta el aplazamiento de la fecha inicialmente prevista, constituyendo un valioso testimonio del inmediato cumplimiento de una disposición que puso fin a casi siete años de paralización de estas históricas pesquerías. 

[Ambientación] Imagen del tremendo esfuerzo que realizaban los almadraberos para subir los atunes a los barcos, 1927. Colección particular Vicente Zaragoza. Fuente: “Conil en la Memoria”, p. 120, 2004.

[Transcripción textual de Rafael Coca López]

«”MINISTERIO DE MARINA, COMERCIO Y GOBERNACION DE ULTRAMAR. / Excmo. Sr.: A consecuencia del Real decreto de 14 del actual, que comunico á V.E. con esta fecha, se ha servido resolver S.M. que sin demora se proceda por esa direccion general á sacar á pública subasta el calamento para la temporada del presente año de las almadrabas de buche de Zahara, Conil y punta de la Isla, cuyo remate deberá verificarse precisamente el dia 5 del próximo marzo en los estrados del juzgado de Marina en la corte, con sujecion estricta á los reglamentos de las mismas almadrabas, y que se estienda sin demora el pliego de las condiciones que V.E. considere mas justas y convenientes, á las cuales deberán sujetarse todos los licitadores. / Dígolo á V.E. de Real órden para su puntual cumplimiento, y que tan luego como se haya verificado la subasta dirija á mis manos el equivalente testimonio para la aprobacion de S.M. Dios guarde á V.E. muchos años. Madrid 16 de febrero de 1844.- Portillo [Ministro de Marina, Comercio y Gobernación de Ultramar].- Sr. director general de la Armada.”» Fuente: “EL CORRESPONSAL”, 17 de febrero de 1844.

[Ambientación] Una pareja observa, hacia 1920, como varan un barco de la almadraba, en la playa de <Los Bateles>; fotografía de Benigno Rodríguez Santamaría. Fuente: “Conil en la Memoria 2”, p. 177, 2007.

«”SUBASTAS. / Se saca el calamento para las temporadas del presente año y la del próximo, de las almadrabas de buche de Zahara, Conil y Punta de la Isla, con sujeccion á los reglamentos vigentes, en la escribania del juzgado de Marina, sita en la calle de las Huertas, núm. 14.”» Fuente: “EL NUEVO AVISADOR”, 22 de febrero de 1844.”»

[Ambientación] Vista del Palacio del Duque de Uceda, de Madrid, desde el ángulo sureste. Es el palacio de los Consejos mencionado en uno de los recortes de prensa. Fuente: Luis García. Wikipedia, la enciclopedia libre. 

«”SUBASTAS. / Se señala el dia 15 de este mes, en la direccion general de marina, casa llamada de los Consejos, para el remate del calamento de las almadrabas de buche de Zahara, Conil y punta de la Isla, por haberse señal[ad]o para el 5 del presente.”» Fuente: “EL NUEVO AVISADOR”, 4 de marzo de 1844. 

*** Fuentes: “El Corresponsal”, núm. 1668, del sábado 17 de febrero de 1844. / “El Nuevo Avisador”, núm. 500 y 511, del jueves 23 de febrero y del lunes 4 de marzo de 1844. 

domingo, 27 de septiembre de 2026

CONIL Y LA AUTORIZACIÓN PARA EL CALADO DE LA ALMADRABA DE BUCHE (1844).

En febrero de 1844, apenas siete años después de la supresión de las almadrabas de buche, el Gobierno promovió su restablecimiento mediante un extenso informe que defendía su importancia económica y social. Publicado por <El Corresponsal>, el texto ofrece una detallada argumentación sobre el valor de estas pesquerías, los perjuicios derivados de su desaparición y las razones que llevaron a su rehabilitación. Más que una simple disposición oficial, constituye un testimonio excepcional del pensamiento económico de la época y de la relevancia que la pesca del atún tuvo para las costas andaluzas. La transcripción que se presenta a continuación reproduce fielmente el texto original, respetando su ortografía y puntuación. 

Cabecera del periódico donde se publicó la noticia de la vuelta a la legalidad del tipo de almadraba denominada <BUCHE>. Fuente: “EL Corresponsal”, 15 febrero 1844. 

[Transcripción textual de Rafael Coca López:]

«”MINISTERIO DE MARINA, COMERCIO Y GOBERNACION DE ULTRAMAR.

Señora [Se refiere a la reina Isabel II]: El fomento de la pesca en todos los dominios de España ha sido siempre considerado por los augustos progenitores de V. M. como uno de los medios mas poderosos de aumentar la riqueza pública, en la cual estriba la grandeza de las naciones. Sábias fueron, en verdad, las providencias algunas veces dictadas para mejorar y proteger el interesante ramo industrial de la pesca. Las ordenanzas generales de la armada y las diferentes Reales cédulas, leyes y reglamentos consignados en nuestros códigos, que conceden privilegios é inmunidades á los que se dedican á este penoso arte, son una prueba nada equívoca de la importancia que se diera y predileccion con que se mirara semejante industria, llevándola hasta el estremo de establecer una ordenanza especial para este espresado ramo.

Entre los diferentes modos y artes de pescar, merece llamar muy particularmente la atencion de V. M. el conocido con el nombre del Almadraba de Buche. Este ingeniosísimo método, complemento del arte de la pesca, fue introducido ó mas bien renovado en España hace mas de cuatro siglos por los italianos y venecianos, siendo entre nosotros de tanta antigüedad, que ya los romanos esplotaron esta riqueza durante su dominacion en la Bética. Restablecido en España, donde la situacion de sus costas ofrece las mayores ventajas para la aplicacion y desarrollo del mecanismo de dichas artes, principió desde luego á producir tan halagüeños resultados, que acudían á porfía los capitalistas á imponer sus fondos en una especulacion de segura ganancia, y mas de un grande y título de Castilla se creyó poderoso con haber obtenido de la munificencia Real en premio de sus distinguidos servicios el derecho esclusivo de calar una almadraba.

De este número fueron los marqueses de Villafranca, dueños de las de Conil y Zahara, situadas en las costas del Mediterráneo al Oeste del cabo del Trafalgar [realmente es en el Atlántico], los cuales, conociendo la importancia de su concesion, se apresuraron á elevar magníficos palacios en aquellas estériles playas, que llegaron en las temporadas de pesca á ofrecer un espectáculo tan animado por la influencia de trabajadores y traficantes, como la feria ó mercado mas concurrido. Los industriosos valencianos y catalanes, en cuyas provincias se hacia el mayor consumo de los atúnes que se pescaban en aquellos puntos, sostenian un comercio activo que producia la riqueza y la abundancia. Los pueblos limítrofes sentian los saludables efectos de este movimiento; el erario público obtenia considerables ingresos en la venta de las sales; los habitantes de muchos de los pueblos de la costa de Levante, dedicados hoy por necesidad al punible é inmoral tráfico del contrabando, hallaban en los trabajos de las almadrabas los medios lícitos de adquirir la subsistencia de sus familias; y la riqueza pública, en fin, se aumentaba prodigiosamente con estos gérmenes de produccion. Tal es, Señora, el bosquejo de los inmensos bienes de la introduccion y establecimiento en España de las almadrabas de buche.

No era, pues, de esperar, en vista de tales precedentes, el menor ataque á una industria de tanta importancia, y á favor de la cual estaban militaban tantas razones de economía y de conveniencia.

[Ambientación, aunque a los conileños no les parecerá muy acertada] Fruto del lance. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

Empero el espíritu de rivalidad de los mismos empresarios de las artes produjo al fin sus fatales resultados con la abolicion de las ricas é importantes almadrabas de buche, conocidas con los nombres de Zahara, Conil y punta de la Isla, habiendo venido el vacalao á suplir la falta de los atunes con grave daño del comercio, de la industria y de la riqueza pública. Tales fueron los efectos causados por la ley de 14 de junio de 1837, votada en las Córtes con la mejor buena fe, y guiadas sin duda por el mas vivo deseo del acierto en una materia agena del conocimiento general, siendo por otra parte este paso estraño de las atribuciones legislativas, por pertenecer esclusivamente á las facultades del gobierno.

Durante el reinado de vuestro augusto padre el Sr. D. Fernando VII se hizo igual tentativa, y aun se llegó á otorgar, si bien repuesto el gobierno muy pronto de la primera sorpresa, reformó aquella mandando la continuacion de las artes de buche. Examinados con el mayor detenimiento los datos que se espusieron para dictar la ley de abolicion, que obran en el voluminoso espediente que para ello se instruyera, no hay ninguno capaz de inclinar el ánimo, no ya á la estincion de tan importante industria, pero ni aun á modificarla en lo mas mínimo en sentido restrictivo.

Ha querido suponerse que las existencias de las enunciadas almadrabas de buche perjudicaba al comercio de cabotaje, porque al ejecutarse su calamento se arrojaban piedras en las calas ó puntos donde se verificaba, cuya continuacion produciria en cierto tiempo bajos y obstáculos al libre fondeadero de los buques que en ellos se guareciesen. Prescindiendo de que una esperiencia de algunos siglos ha acreditado lo frivolo é inexacto de semejante supuesto, en el hecho de no haber acontecido ningun caso que justifique semejante presuncion, es sencillo conocer la imposibilidad absoluta de que se formen semejantes bajos con una corta cantidad de piedras, que es la que puede arrojarse para seguridad de las redes, en unos puntos donde aun cuando se verificase con inmensos peñascos, los arrebataria y haria desaparecer al instante el furor de las corrientes. Tan lejos estan las almadrabas citadas de producir el menor perjuicio á la libre navegacion, que existen muchos comprobantes de casos en que han debido á ella su salvamento muchos buques que sin su auxilio hubieran necesariamente naufragado.

Tambien se ha dicho que la considerable mortandad de atunes que ejecutan las consabidas almadrabas destruye la especie de estos animales. Si el principio fuera cierto debieran haberse prohibido todas las de buche, y no concretarse solo á las de Conil, Zahara y punta de la Isla; y con todo nada se habria adelantado, porque quedaban subsistentes á barlovento y sotavento de las costas de España las innumerables que se calan en las de Francia, Italia y Portugal; ademas que siendo el atún un pescado de paso, la mayor ó menor abundancia de su pesca no influye en el aumento ó disminucion de la especie, porque es sabido que el que una vez entra en nuestras costas, aun cuando escape de las redes, difícilmente vuelve á aparecer; de forma que por abundante que haya sido la pesca jamas se han alterado las vicisitudes y períodos que segun los tiempos observan en sus entradas en el Mediterráneo. Si en comprobacion de esta verdad se quisiera apelar á mayores datos, una constante esperiencia hija de la mas escrupulosa observacion demostraría que, á pesar de haberse suprimido las almadrabas de buche de Conil, Zahara y punta de la Isla, no han sido tan afortunadas las que aun existen, como en los años en que aquellas se acababan. 

[Ambientación, aunque a los conileños no les parecerá muy acertada] Estructura fija de redes para la pesca costera. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

Del propio modo se ha querido suponer que las mencionadas almadrabas de buche perjudicaban notablemente á las de tiro; las que por ejercitarlas los pobres debian ser consideradas y protegidas. Si tal principio de proteccion se adoptase, seria necesario condenar las grandes industrias y artefactos que requieren cuantiosos capitales; seria preciso proscribir toda la maquinaria y ahogar los elementos de las industrias, con tal de no perjudicar á las clases proletarias. Pero ni aun este temor, por infundado que sea, es aplicable al caso presente; porque la esperiencia tiene tambien acreditado que lejos de perjudicar las almadrabas de buche á las de tiro, las fomenta, proporcionándoles mas pesca de las que sin ellas obtendrian.

Tales son, Señora, los pretestos que se alegaron para la abolicion de las almadrabas de buche de Conil, Zahara y punta de la Isla, á los cuales, ó mas bien á la mano estraña que los inventara, se sacrificaron unos establecimientos industriales tan útiles como necesarios y productivos. Así lo comprendieron despues celosos diputados que no han dejado de instar en cuantas legislaturas se han sucedido desde el año de 1839 hasta el de 1843 para que volviesen á restablecerse, llegando en algunas hasta el estremo de ponerse á votacion el dictamen favorable de la comision, que dejó de verificarse por uno de esos desgraciados incidentes que han producido con tanta frecuencia la suspension de las sesiones. Estos precedentes, el conocimiento de la opinion de la mayoría de los diputados de las diferentes legislaturas en que suscitaron tan repentinamente la rehabilitacion de las almadrabas de buche, y el íntimo convencimiento del ministro que suscribe, de que es un acto de justicia, que reclaman imperiosamente los intereses de los pueblos, le han impulsado á proponer á V. M. el adjunto proyecto de decreto, para que si lo juzga oportuno se digne concederle su Real aprobacion.

Madrid 14 de febrero de 1844.—Señora.—A L. R. P. de V. M.—José Filiberto Portillo.

DECRETO.

<Teniendo en consideracion las poderosas razones que me habeis espuesto, vengo en decretar lo siguiente:

Art. 1.º Se restablecen las almadrabas de buche de Zahara, Conil y punta de la Isla al ser y estado que tenían antes de la promulgacion de la ley de 14 de junio de 1837.

Art. 2.º Se observarán en ellas los reglamentos que regían antes de su estincion, haciéndose las alteraciones que la esperiencia haya acreditado ser necesarias.

Art. 3.º Por el ministerio de Marina, Comercio y Gobernacion de Ultramar se dictarán las órdenes oportunas para que se cumpla el presente decreto; así como para celebrar los contratos de arrendamiento de las enunciadas almadrabas, que deberá ser constantemente por medio de subastas públicas.

Dado en Palacio á 14 de febrero de 1844.—Está rubricado de la Real mano.—El ministro de Marina, Comercio y Gobernacion de Ultramar, José Filiberto Portillo.”» 

*** Fuente: “El Corresponsal”, núm. 1666, del jueves 15 de febrero de 1844. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España. 

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