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domingo, 1 de noviembre de 2026

EN UNO DE LOS RINCONES DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE CONIL: UN MARISCAL DE CAMPO FRANCÉS EN CONIL (1.736).

Una sorprendente partida de defunción, una vez más, nos presenta a un personaje que, por desconocidas circunstancias, vino en morir a Conil y que hoy, pasados cerca de tres siglos, permanece en el anonimato de los vecinos, como otros muchos. Llama la atención que en una villa relativamente pequeña se encontrara un Mariscal de Campo, Marcos Antonio de la Comerie, nacido en París, puesto que ese era uno de los empleos más elevados, equivalente al de General de División en la organización militar borbónica de la época. No, no era un militar cualquiera. De hecho, en el funeral, celebrado con honras enteras, asistieron todo el Clero y los frailes mínimos del Convento de la Victoria, dedicado a Nuestra Señora de las Virtudes. Todo ello demuestra el elevado rango social del difunto.

[Ambientación/rostro ficticio] Marcos Antonio de la Comerie con el uniforme de Mariscal de Campo en los R.R. Alcázares de Sevilla. Fuente: Imagen creada por CharGPT. 

Desde 1729 hasta 1733, durante el reinado de Felipe V, la Corte había permanecido instalada en Sevilla, y buena parte del alto mando militar se movió por Andalucía. Poblaciones como El Puerto de Santa María, Cádiz y la Isla de León eran entonces centros militares de primer orden. Como hipótesis, no estaría mal suponer que Marcos Antonio estuviera ya retirado, dada su edad, unos 65 años, y enfermo, desplazándose a Conil, no a su núcleo urbano, sino a un paraje de su término, buscando un lugar de descanso para su recuperación. 

[Ambientación] Cortejo fúnebre de Marcos Antonio de la Comerie llegando a la iglesia parroquial de Santa Catalina (el fondo se corresponde a una conocida fotografía de 1919, casi dos siglos después; durante el hecho narrado, el edificio sería bastante diferente). Fuente: Imagen creada por CharGPT. 

La posibilidad de localizar el testamento en algún protocolo notarial de El Puerto podría dar solución a muchas de las misteriosas circunstancias que rodean a este militar, así como la consulta del Archivo General de Simancas permitiría conocer sus servicios en el ejército, pero eso lo dejaremos para otra ocasión. De todas maneras, el hallazgo de este documento resulta muy interesante, ya que no es frecuente encontrar en los registros parroquiales, y tampoco en los civiles, de Conil el fallecimiento de un general de tan alta graduación. 

Reproducción fotográfica de la Partida de Defunción de Marcos Antonio de la Comerie, 11 diciembre 1.736. Fuente: Rafael Coca López, 30 septiembre 2021. Archivo Parroquial Santa Catalina. 

Transcripción libre, Rafael Coca López:

«” DON MARCOS ANTONIO DE LA COMERIE.- En Conil, en once de diciembre de 1736; Don Marcos Antonio de la Comerie, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos, natura que dijo ser de la ciudad de París, soltero, como de 65 años, se enterró en esta parroquial, con oficio de Honra Entera, tres posas, así como acompañamiento de todo el Clero, y de la Comunidad de la Victoria de esta Villa, murió en el sitio de La Florida, término de esta Villa, y declaró haber testado en El Puerto de Santa María, y recibió los Santos Sacramentos, y se espera la cláusula de su testamento de sus albaceas, la que constará en la Colecturía, y en su fe lo firmo. = [Aparece la firma y rúbrica de:] Don Joseph Gonzalez.”» 

[Ambientación] Reproducción de la despedida [Beso La Mano de Vuesa Excelencia, su más Seguro Servidor], firma y rúbrica de Monsieur de la Comerie (también usaba la variante de la Comery) de una carta dirigida al XI duque de Béjar, Juan Manuel de Zúñiga, desde Sevilla el 31 de enero de 1731. Fuente: Portal de Archivos Españoles, PARES. Ministerio de Cultura. Gobierno de España. 

*** Fuente: Libro de Defunciones 2 (1.720-1.747). Archivo Parroquial Santa Catalina. Antonio Martínez Cordero también redactó una de sus fichas con este óbito. Agradecimiento: Yelman F. Bustamante Solórzano, párroco de Conil de la Frontera. 

miércoles, 28 de octubre de 2026

LAS COSAS DE Rosal-IA: “LA ÚLTIMA LECCIÓN DEL MAESTRO”.

 

Mi abuelo siempre decía que una banda de música no se forma con instrumentos. Se forma con paciencia. La fotografía fue tomada una mañana de abril de 1890, cuando el sol todavía no había calentado el patio donde acostumbraban a ensayar. El maestro don Anselmo llevaba casi quince años empeñado en un sueño que muchos consideraban una locura.

—¿Música en Conil? ¿Y para qué?

Eso le repetían los hombres mientras remendaban redes.

—Para que un pueblo aprenda a respirar al mismo tiempo —contestaba él.

Nadie entendía aquella respuesta. Ni siquiera los muchachos que acudían todas las tardes con instrumentos heredados, comprados de segunda mano o reconstruidos una y otra vez por el herrero del pueblo. No había dinero para lujos. El bombardino había pertenecido a un regimiento. La corneta llegó en un barco francés. El bombo era tan viejo que había acompañado procesiones antes de que algunos de los músicos nacieran. Las chaquetas tampoco eran iguales. Cada una procedía de una historia distinta: un padre, un hermano mayor, un uniforme militar adaptado, un traje de domingo convertido en uniforme de banda. Pero cuando sonaban juntos … Parecía que todos vestían igual.

El maestro jamás rechazó a ningún muchacho.

—¿Sabes leer?

—No.

—Pues aprenderás primero las notas.

Y comenzaba dibujando redondas y corcheas sobre una tabla con un trozo de carbón. Había niños que apenas levantaban dos palmos del suelo y ya sostenían un clarinete casi tan alto como ellos. Los mayores les ayudaban a colocar los dedos. Los pequeños miraban a los veteranos con una mezcla de admiración y miedo. Era como entrar en una familia.

Aquel año ocurrió algo que nadie esperaba. El Ayuntamiento decidió encargar una fotografía de la banda. No por vanidad. Sino porque el pueblo empezaba a sentirse orgulloso de aquellos muchachos.

El fotógrafo llegó desde Cádiz con una enorme cámara de madera. Montó el trípode lentamente mientras todos aguardaban en silencio.

—Que salga el maestro en el centro. Nadie discutió. Él tampoco quiso. Pero terminaron empujándolo suavemente hasta colocarlo detrás del bombo. No llevaba uniforme. Nunca quiso vestirlo. Decía que la banda debía brillar más que quien la dirigía. Los músicos fueron tomando posiciones. Los mayores atrás.

Los niños delante, incluso algunos sentados en el suelo porque los bancos no daban para todos. Los más pequeños abrazaban sus instrumentos como quien protege un tesoro. Uno de ellos llevaba los platillos. No sabía todavía tocar más que dos golpes. Pero aquella mañana los sujetaba con la solemnidad de quien sostiene el destino del mundo. El fotógrafo pidió inmovilidad.

—No pestañeen.

El silencio fue absoluto. Solo se oían las golondrinas bajo el alero. Entonces ocurrió algo inesperado. El viento levantó una esquina de la partitura que descansaba sobre un banco. El maestro la sujetó con un dedo. Y, casi sin darse cuenta, comenzó a tararear muy despacio la marcha que iban a interpretar aquella tarde. Los muchachos sonrieron. Nadie rompió la formación. Simplemente siguieron la melodía por dentro.

El fotógrafo abrió el obturador justo en ese instante. Por eso —decía mi abuelo— ninguno parece serio del todo. Porque, aunque nadie pueda oírla, en la fotografía la banda está tocando.

Pasaron los años. Aquellos niños crecieron. El del clarinete acabó siendo carpintero. El corneta marchó a Cuba. El muchacho de los platillos fue patrón de almadraba. Uno de los trombones no volvió de Marruecos. Otro abrió una pequeña tienda frente a la botica. El maestro murió sin fortuna. Como casi todos los buenos maestros. Pero en su entierro ocurrió algo que nadie había preparado. Los antiguos alumnos aparecieron desde todos los rincones del pueblo. Algunos llevaban el uniforme. Otros acudieron con ropa de faena.

Un viejo bombardino, un clarinete remendado, dos cornetas, un tambor cuya piel había sido cambiada cinco veces … Nadie dirigía. No hacía falta. Comenzaron a tocar la marcha que el maestro tarareó el día de la fotografía.

Los vecinos salieron a las puertas. Las mujeres dejaron de barrer. Los pescadores descubrieron sus gorras. Y más de uno juró que jamás había oído sonar tan bien aquella banda. Cuando terminaron, uno de los músicos señaló el viejo bombo. Todavía conservaba la inscripción: "Banda de Música de Conil, en el año 90". Entonces comprendieron que el maestro tenía razón. La música nunca había servido para llenar plazas. Ni para acompañar procesiones. Ni siquiera para alegrar las fiestas.

Había servido para algo mucho más importante. Había enseñado a varias generaciones de muchachos pobres que, aunque la vida los llevara por caminos distintos, siempre existiría una melodía capaz de reunirlos de nuevo. Y quizá por eso esta fotografía sigue emocionándonos más de un siglo después.

Porque no retrata una banda. Retrata el instante exacto en que un pueblo decidió educar a sus hijos en la armonía. 

*** Fuente: Narración obtenida con la ayuda de Rosal-IA, alias utilizado para designar la moderna herramienta de Inteligencia Artificial, en este caso, ChatGPT. La fotografía pertenece a la colección particular de Francisco Reyes Medina, y fue publicada en la página 23 de “CONIL EN LA MEMORIA”, 2004. Parte de lo que se ve en la imagen —los niños junto a los adultos, los vetustos instrumentos, el maestro sin uniforme, el orgulloso bombo con la fecha— ha servido para construir un relato que podría haber sucedido en cualquier pueblo marinero de finales del siglo XIX como Conil. 

martes, 27 de octubre de 2026

CONIL Y EL PARTIDO LIBERAL CONSERVADOR (1889).

La noticia que se trae hoy, publicada por el periódico gaditano <La Palma de Cádiz> en abril de 1889, informa de la reorganización del Comité liberal-conservador de Conil tras el fallecimiento de su presidente, José Tomás Borrego y Mihura[1]. La nueva dirección quedó encabezada, como presidentes honorarios, por Antonio Cánovas del Castillo y Eduardo J. Genovés[2], mientras que la presidencia efectiva pasó a Joaquín Sánchez y Sánchez. La extensa relación de vocales permite apreciar, además, la presencia en el comité de numerosos miembros de las familias con mayor peso social de la localidad. 

Fuente: “La Palma de Cádiz”, abril de 1889. Biblioteca Virtual Prensa Histórica. 

La noticia se enmarca en el sistema político de la Restauración borbónica, iniciado en 1874 y basado en la alternancia de los partidos dinásticos —conservadores y liberales— bajo la Corona de Alfonso XII y, desde 1885, durante la regencia de María Cristina. En los municipios, los comités locales constituían una pieza fundamental de ese entramado político, pues articulaban influencias familiares, propiedad, relaciones personales y participación electoral.

En una población como el Conil de finales del siglo XIX, todavía eminentemente rural, esta vinculación entre poder económico y poder político resultaba especialmente visible. La reorganización del comité tras la muerte de Borrego revela, por tanto, el interés por mantener cohesionada la estructura conservadora local y garantizar su continuidad mediante el relevo de sus dirigentes. Una pequeña noticia que, en definitiva, ofrece una interesante imagen de las élites que participaban en la vida política conileña en los años finales de siglo. 

[Ambientación] El que fue alcalde de Conil José Tomás Borrego y Mihura, sobre 1880. Colección particular Francisco González. Fuente: “Conil en la Memoria”, p.14, 2004. Retocada por ChatGPT. 

NOTAS: [1] Actualmente, el callejero de Conil mantiene el nombre de José Tomás Borrego para la antigua calle del Peñón. // [2] Había la costumbre de encabezar el organigrama de los partidos locales, como presidentes honorarios, a los dirigentes o líderes nacionales. // [3] Es una de las cabeceras de periódico más larga, al menos de los editados en Cádiz por aquellos años. 

*** Fuente: “La Palma de Cádiz: periódico político, mercantil, literario, industrial, científico, comercial y de anuncios”[2], del que era Director Adolfo de Castro, Núm. 27.???, de un indeterminado día de abril de 1889 (ejemplar en mal estado de conservación). Biblioteca Virtual Prensa Histórica. 

sábado, 24 de octubre de 2026

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

Las fiestas patronales constituyen uno de los elementos más significativos del patrimonio cultural de los pueblos, pues en ellas convergen la devoción religiosa, las tradiciones populares y la propia memoria colectiva de una comunidad. En el caso de Conil, la Feria y Fiestas en Honor de Nuestra Señora de las Virtudes representa una celebración profundamente arraigada en la historia local, cuyos orígenes se pierden en el tiempo y se entrelazan con las antiguas costumbres festivas y mercantiles que caracterizaron a numerosas poblaciones de la geografía española.

El trabajo que sigue, escrito en 2007, realiza un recorrido por las referencias documentales más antiguas conservadas sobre esta festividad, permitiendo conocer su evolución a través de los siglos. A partir de testimonios procedentes del Convento de la Victoria y de las actas capitulares de la villa, el autor reconstruye algunos de los aspectos fundamentales de una celebración que, desde sus raíces religiosas, fue incorporando elementos lúdicos, sociales y comerciales hasta convertirse en una de las citas más destacadas del calendario conileño.

Estas páginas ofrecen, además, una valiosa aproximación a la vida cotidiana de épocas pasadas, mostrando cómo la fiesta actuaba como punto de encuentro para vecinos y visitantes, espacio de intercambio económico y ocasión para el disfrute colectivo. Su lectura permite comprender mejor la importancia que Nuestra Señora de las Virtudes ha tenido en la identidad de Conil y la continuidad de unas tradiciones que han llegado hasta nuestros días.

[Imagen contenida en el artículo original] Posiblemente el día 8 de septiembre, hacia 1925. Las autoridades salen del Convento, mientras toca la banda de música en el real de la feria. Colección particular Foto Pastor. Fuente: “Conil en la Memoria”, p. 78, 2004. 

“FERIA Y FIESTAS EN HONOR DE NUESTRA SEÑORA DE LAS VIRTUDES”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de Conil, 2007.

«”No podemos precisar de qué fecha concreta data <la Feria y Fiestas en Honor de Ntra. Sra. de las Virtudes>, al ser bastante antigua, originariamente <Fiesta en Honor de Ntra. Sra. de las Virtudes>. Lo que sí sabemos es que las Ferias y Mercados datan de la más remota antigüedad, señalando el primer movimiento de distribución de productos que se origina en las sociedades en vías de desarrollo. Nacen al amparo de las festividades religiosas, que reuniendo numeroso gentío, permiten que los comerciantes den mayor salida a sus mercancías y puedan cómodamente adquirir, de otros o de los mismos productores, los artículos que para su propio uso o tráfico necesiten. Así pues, las fiestas religiosas se convierten en ferias y mercados.

Este doble aspecto, a un tiempo religioso y mercantil, sigue ofreciendo las ferias durante la Edad Media. Eran grandes fiestas consagradas a los grandes Patronos, en que se daban cita los siervos y los aldeanos para descansar de sus penosos trabajos. Los villanos de los lugares vecinos iban allí a hacer provisiones, disfrutar con los espectáculos que se presentaban y tomar parte en los festejos públicos y actos religiosos; y la gente noble tampoco perdía la oportunidad de acudir a ellas. 

[Imagen contenida en el artículo original] Feria de Conil, hacia 1926. Vista de la Velada en la calle La Virgen. Colección particular Manuel Calderón. Fuente: “Conil en la Memoria”, p. 79, 2004. [El niño que aparece abajo a la derecha, posiblemente sea Pedro Rodríguez Camacho, <Pedro Belén>, nacido en 1919]. 

La primera noticia escrita procede del Convento de la Victoria, de la orden de San Francisco de Paula, que en su documento fundacional nos dice:

<… fundó, el Excmo. Sr. D. Alonso Pérez de Guzmán El Bueno, un convento en Conil, en el Obispado de Cádiz … dióle su excelencia una devotísima imagen, su título, Ntra. Sra. de las Virtudes, cuya fiesta hace aquel obispado y comarca en 15 de Agosto, día de la Gloriosa Asunción de la Virgen; es notable el concurso de gente, y maravillosa la devoción que con ella se tiene por sus milagros; y no menos la visitan muchas gentes entre años; es imagen antigua … su fundación en el día del Espíritu Santo del año del Señor de 1567 …>.

Con posterioridad en un Cabildo celebrado el día 3 de agosto de 1628, por el Consejo de Conil, siendo Alcalde Don Cristóbal García de Cebada, se acordó:

<… Que se hagan fiestas de toros y piñatas para el día de Ntra. Sra. ocho de septiembre, por ser fiesta votada de la villa …” y más adelante “… Si se trajere algún toro de fuera, si se matare o sucediere alguna desgracia, sale este cabildo a todo …>. 

[Imagen contenida en el artículo original] Feria de Conil, hacia 1958. Colección particular Antonia Zara. Fuente: “Conil en la Memoria”, p. 83, 2004. 

No hay constancia de cuándo se produjo el cambio de fecha del 15 de Agosto al 8 de Septiembre.

Desde 1628 hasta nuestros días son ya constantes las referencias a las fiestas en todas las actas capitulares cercanas al mes de septiembre. Era frecuente nombrar a un regidor (concejal) <… como diputado para la fiesta de Ntra. Señora …> el que se encarga y responsabiliza de todos los pormenores de la fiesta, que siempre fue de un solo día hasta ya bien entrado el siglo XX.

Durante el siglo XIX se registran muchas peticiones para poner tenderetes y puestos de <agua fresca y limonada> y otras actividades.”» 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Plaza de España en 1924, con el suelo de albero y convertida en coso taurino. Colección Hogar del Pensionista. Fuente: “Conil en la Memoria”, p. 80, 2004.

*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.

miércoles, 21 de octubre de 2026

LAS COSAS DE Rosal-IA: LOS NÁUFRAGOS DEL “SANTA AMALIA” (1890).

Dicen los viejos que el mar nunca devuelve un hombre igual a como se lo llevó.

Ocurrió en los primeros días de enero de 1890. Llevaba tres jornadas soplando un levante furioso, de esos que levantan la arena hasta esconder el horizonte y hacen que la mar parezca hervir. Los pescadores de Conil habían varado sus barcas sobre la playa y observaban, impotentes, cómo un bergantín mercante luchaba contra las corrientes frente al cabo. Nadie supo nunca con certeza su nombre. Unos dijeron que era el Santa Amalia. Otros juraban haber leído en la popa Nuestra Señora del Rosario. Lo cierto es que, poco antes del amanecer, una enorme rompiente lo lanzó contra los bajos de piedra que guardan la costa como dientes ocultos.

Las campanas de la parroquia comenzaron a tocar a rebato. Los hombres corrieron con sogas, cabos y escalas. Las mujeres preparaban mantas calientes y pucheros de caldo mientras los niños miraban desde las dunas, sin comprender del todo aquel revuelo. Uno tras otro fueron llegando los marineros naufragados: empapados, exhaustos, cubiertos de sal y arena. Algunos besaban el suelo nada más poner pie en tierra. Otros lloraban sin vergüenza. Habían pasado casi diez horas luchando contra un mar que parecía empeñado en llevárselos para siempre. Entre ellos viajaban gallegos, asturianos, portugueses e incluso un muchacho de Génova que apenas hablaba castellano. Los vecinos los acogieron como si fueran hijos perdidos.

Durante varios días el Hospicio de la Misericordia abrió todas sus dependencias. Los religiosos cedieron habitaciones, los comerciantes prestaron ropa limpia y los pescadores compartieron cuanto tenían. No abundaba la riqueza en Conil. Pero nunca faltó el pan para quien llegaba del mar.

Cuando los náufragos recuperaron las fuerzas, el alcalde propuso inmortalizar aquel encuentro. Era una costumbre que empezaba a extenderse: reunir a todos, en este caso en el arcado patio interior, y encargar una fotografía. No era barato. Ni mucho menos. Pero aquel día merecía quedar para la memoria. Así se reunieron: en el centro, los sacerdotes que moraban en el Hospicio; junto a ellos, las autoridades municipales; a su alrededor, los marineros salvados. Algunos todavía llevaban prendas prestadas por los vecinos. Otros conservaron las camisetas de rayas con las que habían abandonado el barco. En el lateral derecho se mezclaron muchachos curiosos que nadie tuvo corazón para apartar, que se habían colado buscando salir en aquella máquina prodigiosa que prometía detener el tiempo. El fotógrafo pidió que nadie respirara. Aquellos largos segundos parecieron eternos. Un marinero portugués no pudo contener una ligera sonrisa. Otro sujetó con fuerza la gorra entre las manos. El párroco, bajó discretamente la vista antes de que sonara el disparador. La imagen quedó hecha.

Al despedirse, los marineros ofrecieron dinero. Los religiosos, autoridades y curiosos lo rechazaron.

—Aquí no se cobra por salvar vidas —respondieron el alcalde y el párroco al unísono.

Solo aceptaron una pequeña maqueta del barco, tallada en madera por el carpintero de a bordo durante las semanas siguientes. Durante muchos años permaneció colgada en el comedor del Hospicio. Las viudas preguntaban por ella. Y siempre había alguna anciana dispuesta a señalar la fotografía.

¿Veis a aquel con la gorra en la rodilla, sentado en el suelo a la derecha, con un pañuelo atado al cuello? Fue el primero que alcanzó la playa.

Y aquel de enorme bigote, casi calvo, sentado en el extremo izquierdo, … No sabía nadar. Lo trajeron dos pescadores con una mar que daba miedo verla.

Con el tiempo, la maqueta desapareció. Quizá se perdió durante alguna reforma. Quizá alguien la guardó para protegerla. Nadie lo sabe. La fotografía, sin embargo, sobrevivió. Y cada vez que alguien la contempla vuelve a repetirse el mismo milagro: hombres de lugares distintos, unidos por una desgracia compartida, descubren que en un pequeño pueblo blanco de la costa gaditana encontraron algo más valioso que un puerto.

Encontraron una casa. 

*** Fuente: Narración obtenida con la ayuda de Rosal-IA, alias utilizado para designar la moderna herramienta de Inteligencia Artificial, en este caso, ChatGPT. La fotografía pertenece a la colección particular de Francisco González Ureba, y fue publicada en la página 17 de “CONIL EN LA MEMORIA”, 2004. Naturalmente, se trata de un relato de ficción inspirado en la fotografía. Sin embargo, respeta el espíritu de la época y de un pueblo marinero como Conil, donde el auxilio a los náufragos era casi una obligación moral antes que una heroicidad. Puede ser que los lectores de este blog, o muro, disfruten leyéndolo y, por un momento, lleguen a creer que aquella imagen guarda realmente una historia como esta. 

martes, 20 de octubre de 2026

LA LEYENDA DEL COLORADO (1984).

La tradición oral y la documentación histórica coinciden en situar el origen del topónimo El Colorado en torno a la antigua venta que daba nombre al lugar. Ya aparece registrada con esa denominación en planos catastrales de 1873, aunque su origen ha dado lugar a diversas interpretaciones. Algunas leyendas lo relacionan con el paso de un soldado británico durante la Guerra de la Independencia, mientras que otras lo atribuyen al color de pelo o de piel del primer propietario del ventorrillo. Sin embargo, la explicación más respaldada por la documentación señala que el nombre hacía referencia desde un principio a la familia Olmedo y a su establecimiento, extendiéndose con el tiempo para designar toda la zona.

Esto es lo que nos cuenta Isabel González Ramírez, responsable del Archivo Municipal, en su trabajo de junio de 2000: “Apuntes de la Feria del Colorado en el Archivo Municipal de Conil (AMC)”. 

[Ambientación] Imagen idealizada de aquel “guiri”, soldado inglés, que curado de sus heridas se asentó en este rincón conileño, dando nombre, por su aspecto, a esta zona. Fuente: Ilustración creada por ChatGPT. 

Sobre estas tradiciones y su posible relación con la Batalla de Chiclana trata el siguiente recorte de prensa [Transcripción libre de Rafael Coca López:]

«”EL COLORAO. / Sería una buena idea investigar sobre los orígenes, el uso y la evolución de algunas palabras que con cierto hábito se usan en Chiclana. / A pocos kilómetros de Campano se asienta la población de El Colorao, o el pago del Colorao. ¿Por qué no se le llama el Verde o el Amarillo? / Parece ser que su origen se remonta a la Batalla de Chiclana [5 de marzo de 1811] que tuvo lugar en los alrededores del Cerro de la Barrosa [Torre del Puerco] y de los pinares de Campano. Tras duras horas de enfrentamientos cuerpo a cuerpo entre aliados y franceses, muertos y heridos quedaron en el campo de batalla. F[élix] Arbolí habla de 1.400 entre las tropas aliadas y 2.000 bajas en las filas invasoras. La historia nos cuenta como quedó abandonado entre la maleza el cuerpo de un soldado inglés que fue recogido y curado de sus heridas por una familia de campesinos, aquel hombre de piel y cabellos rojizos fue llamado cariñosamente, por la buena gente del lugar, «el colorao». Nombre más corto y fácil de pronunciar que el suyo, extranjero. / El relato finaliza diciendo como aquel hombre, una vez curado, contrajo matrimonio quedándose a vivir en aquella zona, construyendo una venta y posada que fue conocida como la venta del «Colorao», en cuyo entorno se formó el poblado que lleva su nombre. / A los que participaron en la batalla Fernando VII les concedió la Cruz donde se lee «Chiclana» y «5 de Marzo de 1811». Al Teniente General Manuel Lapecie [Manuel Lapeña Rodríguez y Ruiz de Sotillo] se le concedió la Gran Cruz de Carlos III y a Sir Thomas Graham, que mandaba las tropas inglesas [y portuguesas], en agradecimiento por su actuación le concedió el título de Duque del Cerro de la Cabeza del Puerco y unas extensas pertenencias que comprendían pinares y playa. En un principio aceptó tal distinción, pero al conocer la traducción de su título y lo que ello significaba, rehusó. / Francis.“»

Reproducción de la colaboración de Francis refiriéndose al origen del topónimo “El Colorado”. Fuente: “EL TROVADOR: revista informativa y cultural de Chiclana”. 

*** Fuente: “EL TROVADOR: revista informativa y cultural de Chiclana”, núm. 5, p. 21, Colaboraciones, agosto 1984.  

domingo, 18 de octubre de 2026

LA CASA CHANCA DE CONIL ANTES Y DESPUÉS DEL MAREMOTO (1755).

Información del plano:

Título: Planta de parte de la Chanca de Conil. / Autor: desconocido. / Fecha: 1755. / Escala: 1:557 / Descripción física: un plano en papel, manuscrito, 31x42cm, plegado 31x20cm. / Fuente de adquisición – Signatura: Archivo Ducal Medina Sidonia. Legajo 1322. /Signatura IECA: IECA1988025006. //

Plano de parte de la planta de la Chanca de Conil, antes del maremoto. Fuente: Catálogo Digital de Cartografía Histórica. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

Transcripción literal de los textos del plano:

«”PLANTA DE PARTE DE LA CHANCA DE CONIL, asi de lo vajo, como de los altos donde los havia, ANTES DEL TERREMOTO.

[Flechas orientación:] Norte, Sur, Oriente, Occidente.

Patio primero. / Patio segundo.

[Escrito invertido] Baras madera [¿?]

[Escala:] Pies castellanos.

[Ángulo inferior izquierdo:] No se señalan los Hornos, Salero, Enramadas, Pilas de Poniente mas que xxx ni lo restante hasta el Huerto, xxx por haverse comprehendido xxx parte el estado en que ha xxxdado.”» 

Información del plano:

Título: Casa Chanca de Conil, después del terremoto. / Autor: Antonio Rodríguez Portillo [Antonio Santos García]. / Fecha: 1755. / Escala: s/e. / Descripción física: un croquis en papel, manuscrito, 31x42cm, plegado 31x20cm. / Fuente de adquisición – Signatura: Archivo Ducal Medina Sidonia. Legajo 1322. /Signatura IECA: IECA1988025007. //

Croquis de la Chanca de Conil, después del maremoto, con detalle de los daños ocasionados. Fuente: Catálogo Digital de Cartografía Histórica. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

Transcripción literal de los textos del plano, de arriba a abajo y de izquierda a derecha:

«”5 Cassas a espaldas de la Chanca caydas enteramente / enrramada quebrantada / enrramada muy quebrantada con el motivo de los golpes de las Barcas / xxx / orno quebrado / Casa Chanca / Pared del Jardin cayda enteramente / Pared del segundo patio cayda enteramente / Bastimento caydo, y Cavalleriza enteramente caydos / La serca del Jardin por Poniente y xxx caydas / Puerta cayda enteramente / Pilas caydas enteramente del segundo patio / La Cruxida cayda / Almagasen de redes enteramente caydo / Portada y xxx quebrantada / Pilas caydas enteramente / Cañon de los Bentureros caydo enteramente.//”»  

*** Fuente: Catálogo Digital de Cartografía Histórica. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía.  

martes, 13 de octubre de 2026

EN UNO DE LOS RINCONES DEL ARCHIVO PARROQUIAL DE CONIL: “BENDICIÓN DEL NUEVO CEMENTERIO” (1.956).

MAÑANA SE CUMPLE EL 70º ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DEL NUEVO CEMENTERIO PARROQUIAL. Ello justifica la edición de esta entrada.

Entre la documentación conservada en el Archivo Parroquial Santa Catalina destaca el acta de bendición del nuevo cementerio parroquial, un documento de notable interés histórico que deja constancia de la inauguración y consagración litúrgica del recinto destinado a enterramientos. La ceremonia tuvo lugar el 14 de octubre de 1956 y fue presidida por el obispo de Cádiz-Ceuta, Tomás Gutiérrez Díez [1], conforme a las prescripciones del Ritual Romano [2]. El acta, redactada por el párroco [3] y suscrita por las principales autoridades civiles y eclesiásticas presentes, certifica tanto la bendición del camposanto como sus características, ubicación y régimen de conservación documental, al disponerse la expedición de dos ejemplares, uno para el Archivo Parroquial y otro para el Archivo Episcopal. A continuación se ofrece la transcripción íntegra del documento, respetando su contenido y señalando entre corchetes las anotaciones descriptivas necesarias para facilitar su lectura.

[Ambientación] Fachada principal y entrada del Cementerio Santa Catalina, en 2024. Fuente: Diego Gallardo Chaves. 

[Transcripción libre de Rafael Coca López:]

«”ACTA DE BENDICIÓN DEL NUEVO CEMENTERIO PARROQUIAL. / En la Villa de Conil de la Frontera, a catorce de octubre de mil novecientos cincuenta y seis, EL Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de Cádiz-Ceuta, Dr. Don Tomás Gutiérrez Díez, BENDIJO según las ceremonias del Ritual Romano, el NUEVO CEMENTERIO DE ESTA PARROQUIA, propiedad de la misma, situado en el lugar llamado de “LAS ÁNIMAS”, a una distancia aproximada de ochocientos metros desde la última casa del pueblo y de un área de dos mil novecientos metros cuadrados. Fueron testigos, entre otros muchos, Don José M.ª Flores Suero, Alcalde Presidente del Iltre. Ayuntamiento, Don Joaquín Pérez Moreno, Juez de Paz, Don Blas Medina Ramírez, todos los cuales firman la presente, de la cual se hacen dos ejemplares idénticos, uno para conservarlo en el Archivo de la Parroquia, y otro con destino al Archivo Episcopal, de lo cual yo el párroco doy fe. [Aparecen dos sellos en tinta azul, uno circular, del Obispado, y otro ovalado, de la Parroquia Santa Catalina. / luego las firmas encabezadas por las del Obispo y del Alcalde, y a continuación las de los testigos y Párroco:] Tomás, Obispo de Cádiz-Ceuta; José M.ª Flores [ilegible]; Joaquín Pérez; Blas Molina; Sebastián González.”»

Documento transcrito, de fecha 14 de octubre de 1956, y motivo de esta entrada. Fuente: Archivo Parroquial Santa Catalina. Carpeta Misceláneas. Rafael Coca López, 20 abril 2026. 

NOTAS del transcriptor: [1]  Tomás Gutiérrez Díez (Villanueva de la Peña, Palencia, 5 marzo 1878 – Cádiz, 2 abril 1964) fue un obispo católico español. Fue obispo de Osma (1935-1943) y obispo de Cádiz y Ceuta (1943-1964), Durante los años en los que estuvo al frente de la diócesis de Cádiz-Ceuta, fue un claro exponente de los intentos de recristianización de la sociedad española acometidos durante los años de esplendor del nacionalcatolicismo: dejó once nuevas parroquias,​contribuyó a la catolización de la enseñanza, potenció a la Acción Católica sometida a los intereses de la jerarquía, organizó las misiones, especialmente en las zonas rurales y realizó campañas de moralización de la vida cotidiana de los fieles. Además, tramitó y gestionó la documentación recibida desde la Vicaria General de Ceuta, de las autoridades civiles y militares en el proceso de la Coronación Canónica de Santa María de África, que confirmó el Papa Pío XII, y cuya celebración se realizó el día 10 de noviembre de 1946,​presidida por el cardenal Amleto Giovanni Cicognani. La Santa Sede le nombró un Obispo coadjutor Antonio Añoveros Ataún (1954), que le sustituyó en el momento de su fallecimiento. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.   //   [2]La bendición de un cementerio en esa época, seguía el rito solemne del Rituale Romanum tradicional en latín. El obispo (o un sacerdote delegado) llegaba al camposanto, realizaba una procesión, cantaba las Letanías de los Santos, bendecía una Cruz central y asperjaba todo el perímetro con agua bendita mientras se cantaba el salmo 50 (51) Miserere. Fuente: Liturgia Papal.  //  [3] Lo era el presbítero y cura ecónomo Sebastián González Araújo. Fuente: Archivo Parroquial Santa Catalina. 

[Ambientación] El Obispo de Cádiz y Ceuta, Tomás Gutiérrez Díaz (1943-1964). Fuente: “hoaccadizyceuta.blogspot punto com”. 

*** Fuente: Archivo Parroquial Santa Catalina, Carpeta Misceláneas; transcripción de Rafael Coca López. Agradecimiento: Yelman Francisco Bustamante Solórzano, párroco de Conil de la Frontera. 

jueves, 8 de octubre de 2026

CONIL OYÓ EL BOMBARDEO FRANCÉS DE TÁNGER (1844).

Se recoge la sorpresa del vecindario de CONIL al oir, en la lejanía, el bombardeo de la escuadra francesa a las posiciones marroquíes de Abd ar-Rahmán ibn Hisham, en el litoral de Tánger, que apoyaba un levantamiento contra la presencia francesa en Argelia y Marruecos. El corresponsal en CONIL apuntaba esa hipótesis entre otras. No estuvo muy desacertado. 

[Ambientación] Bombardeo de otra población de Marruecos (Salé, en 1851) por la Marina Nacional francesa, similar al sufrido por Tánger y Essauira en 1844. Autor: Théodore Gudin. Fuente: Wikipedia la enciclopedia libre. 

Internet nos da sobre este hecho la siguiente información:

«” [Con referencia a Abd ar-Rahmán ibn Hisham] … En 1844 levantó la ira de Francia cuando dio apoyo a Abd al-Qádir, insurgente contra el dominio francés de Argelia. En agosto de 1844 una flota francesa al mando de Francisco de Orleans bombardeó Tánger y Essauira, dando lugar a la corta guerra franco-marroquí, con victoria francesa en la batalla de Isly. Tras la derrota firmó el 10 de septiembre el Tratado de Tánger, reconociendo la soberanía francesa de Argelia y comprometiéndose a la captura de Abd al-Qádir, que se produciría tras la batalla de Agueddin en 1847.”» Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. 

[Ambientación] El sultán Abd ar-Rahmán ibn Hisham de Marruecos, por Eugène Delacroix. Fuente: Wikipedia la enciclopedia libre. 

[Transcripción textual del recorte de prensa por Rafael Coca López]

«”CONIL 6 de agosto.- En los momentos presentes en que tanto se habla de los asuntos de Marruecos, y en que se esperan con tanta impaciencia noticias de la Costa de Africa, no creo inoportuno dar á vds. una por lo que pueda importar. / Es el caso que hoy se ha oido en esta villa un prolongado fuego de cañon, al parecer hácia el lado del Estrecho. Se percibia tan claro en algunos ratos que á casi todo el pueblo ha llamado la atencion, y los vecinos subian á las azoteas ó acudian á la playa para percibir mejor el cañoneo. / Esto podrá haber sido egercicio, saludo ú otra cosa semejante, pero puede ser tambien que se haya empeñado el bombardeo contra los moros y por lo mismo me apresuro á anticipar á vd. esta noticia.”»

Detalle de la referencia periodística comentada. Fuente: “EL CATÓLICO”, 12 de agosto de 1844. 

*** Fuente: “EL CATÓLICO”, núm. 1602, del lunes 12 de agosto de 1844. Hemeroteca Digital. Biblioteca Nacional de España.  

26/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

   DESPEDIDA. «”Aquella mañana hubo en el benéfico establecimiento misa con plática y comunión especial. Estos actos, celebrados en grata in...