VISITA.
«”En los viejos tiempos -vamos al decir- en que los servicios telegráficos, aún no perfeccionados en el grado que en la actualidad, luchaban con los inconvenientes que provocaban los temporales, hemos escuchado referir que no fue caso único el de que un viajero llegara al punto de su destino, sobre todo si se trataba de localidades aisladas, no unidas a las redes principales de comunicación nacional, antes que el telegrama anunciando el arribo.
Pues una cosa parecida ocurrió al antiguo jefe militar de Ansaldo, que, ya comandante y destinado a guarnición distinta de la que su antiguo asistente conociera, quiso aprovechar una oportunidad favorable y cumplir la promesa de visitarle en su propia casa de la serranía.
Y, en efecto, avisado Ansaldo, telegráficamente, desde el día anterior, de la proyectada visita de los que durante el tiempo de su servicio militar fueron sus constantes y positivos bienhechores, se presentaron los mismos mucho antes que el aviso cursado, no obstante, el frecuente paso de vehículos y de dos correos, por lo menos, que cruzaban al día, la carretera en que su domicilio habitual estaba enclavado.
Por eso extrañó la presencia de un coche automóvil, moderno y lujoso, detenido en la delantera del edificio Casilla de Peones Camineros, morada de Ansaldo, sonando repetidas veces la bocina.
Al propio tiempo que el chofer se apeaba, con objeto de interrogar a la anciana tía del interesado, que salía del interior del edificio, al sentir las extrañas llamadas, se acercó veloz, el sobrino desde la puerta de la Venta, donde casualmente se hallaba, reconociendo al punto a sus antiguos señores.
¡Que impresión de alegría, la suya! Agitado su ánimo por la grata sorpresa, no sabía qué decir, ni qué hacer, para expresarles su satisfacción y contento. Apeados del vehículo sus ocupantes, y saludados, al fin, con emoción y cariñoso respeto, por su antiguo asistente, fueron hechas por el mismo las correspondientes presentaciones:
-Mi tía, la que tanto me escuchabais nombrar allá, en la casa. Esta. que llega. mi madre. Mi padre y mi tío que están en los quehaceres de la profesión: ya vendrán. Mientras tanto, pasen ustedes y descansen. Luego conocerán estos alrededores, a ver si son cual yo se los pintaba.
[Sólo como ambientación] Sorpresa con la inesperada llegada de la visita. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
El hijo del matrimonio viajero, viajero también que tanto echaba con el asistente de los mismos, cuando éste lo era, ya bastante crecido, guapetón y simpático, se encaraba con Ansaldo, luego de haber sido besado y acariciado tierna y efusivamente por el mismo, y le decía con cierto amargor producido por el recuerdo:
-Ansaldo: no volviste por casa. Por eso los papás me han traído a visitarte. Ya no me quieres.
-¡Sí te quiero, pituso amigo! ¿No ves cómo te beso y te estrecho contra mí, sin cansarme, teniéndote entre mis brazos? …
-Sí, ahora sí -repetía el nene, nerviosillo y emocionado-; pero me olvidaste y ya no me querías.
-Pues no es así: ya lo ves -y volví a besarlo, llenándolo de las más tiernas caricias.
Mientras, los señores caminantes penetraron en el modesto, pero limpio y resplandeciente aposento de sus visitados, accediendo a las reiteradas instancias de sus moradores, y descansaban un rato.
-Les estamos muy agradecíos, señoritos: dao el genio y especiá de nuestro Ansaldo, y los mimos con que lo hemos criao, no sólo lo habéis salvao de toas las cosas de la milicia, como él dice, sino que lo habéis enseñao a tó, bastante bien. No sabemos cómo estimárselo.
-Nada, señoras: de lo hecho, no hay nada que hablar; carece de importancia; no vale la pena ni recordarlo. ¿Qué menos podíamos hacer? …
Seguía deslizándose la conversación, sencilla y agradable, entre visitantes y visitados, y, en tanto, Ansaldo y su amiguito salieron a dar una vuelta, a ver las gallinas y las palomas y los pajarillos que revoloteaban por aquellas inmediaciones.
Fue el pretexto de Ansaldo, para llegar a la Venta, dar cuenta a la dueña de la importancia de la visita, encargar el mejor almuerzo de los allí condimentables y despachar recado urgente a su padre y a su tío, para que se presentaran lo antes posible. A seguido cogió de la piara el mejor borrego, de limpia y fina lana, poniéndolo en las temblorosas manos del pequeñuelo, como el más apropiado obsequio.
-Este borrego, para ti, rico. Te lo llevas y en casa juegas y te distraes con él. Mira qué mono y qué dócil es. No hace nada. Ya es tu amiguito. Quiérelo como a tal.
El niño, que al principio se asustaba, recelando algún daño, del pacífico y hermoso animalejo, notando su docilidad y mansedumbre, temblaba de alegría y contento, oprimiéndolo suavemente entre sus brazos con desbordamiento de gozo infantil.
[Sólo como ambientación] Ansaldo y su amiguito felices al reencontrase. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
Cuando volvió con Asaldo al domicilio del mismo, donde todavía descansaban sus progenitores, en amigable charla con sus visitados, gritaba pleno de júbilo y satisfacción:
-Papaíto, mamaíta : miren qué borrego más hermoso. Es mío; me lo ha regalado Ansaldo, ¿verdad? … -agregaba, requiriendo con la vista la aquiescencia del aludido.
-Sí, señor, muy verdad, amiguito mío. Y no solo eso es ya tuyo, sino algunas otras cosillas que irán saliendo.
-Pero eso no puede ser, amigos -aducía el señor comandante, ante aquellas manifestaciones de su subordinado-. Hemos venido a veros -agregaba- no a privaros de vuestras pertenencias. Les agradecemos mucho la buena voluntad; pero ya es bastante con vuestra excelente acogida.
-Eso no significa nada para cuanto quisiéramos, señorito. Déjeme hacer, que mis actos no podrán nunca alcanzar, ni con mucho, a nuestros deseos. Además, lo que hagamos, que poco será para lo que ustedes se merecen, encaja perfectamente en nuestras posibilidades.
-Sin embargo ...
La llegada del tío y del padre de Ansaldo cortó el diálogo, desviándolo del sentido en que se desarrollaba. A seguido, acudió la ventera, a invitar a todos a que pasaran a su casa y a su establecimiento.
Se accedió a la invitación, y el pintoresco y pequeño edificio morada de aquellos modestos servidores del Estado, vio cerradas sus puertas y ventanas, de día, la primera vez desde hacía bastantes años.
Ya en la Venta, departamento particular de sus poseedores, se acusaron dos desazones diferentes: una, pública, exteriorizada por la dueña al excusar a su esposo y a su hija, ausentes, en la cercana ciudad, desde muy de mañana, por razones de compras, para servicio del establecimiento; otra, muda, desarrollada en las reconditeces más íntimas del enamorado, al no poder presentar a los señores, para que alabaran la elección, a la que en su alma, por optimismo sentido, consideraba como segura dueña de sus destinos.
Expuesta la primera, y convencidos los visitantes de la necesidad de aceptar el almuerzo con que con tanta voluntad se les obsequiaba, optaron por darlo por bueno, paseando un rato por aquellos alrededores, mientras llegaba la hora de consumirlo. De este modo pudieron contemplar y admirar la bondad de las siembras de aquella especie de colonia; la feracidad de sus cultivos, pujantes y lozanos, como pocos; la excelencia del ganado allí criado, mejorado siempre por constante selección; la frondosidad de los bosques, principalmente de encinas; lo pintoresco de todos aquellos parajes, la fragosidad de la sierra, con sus imponentes galayos [1] y difíciles lambrías (sic)[2]; la belleza del paisaje, siempre renovado; la alborozada y cantarina alfagara (sic)[3], despeñándose, veloz, por la pendiente; el múltiple y variado panorama de la serranía …
[Sólo como ambientación] La felicidad expresada en la cara del niño. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
Cielo espléndido, de azul intenso, sin presencia de nubes; luz resplandeciente, invadiéndolo todo; brisa suave y acariciadora con moderación de ternuras; temperatura excelente, con temple y apacibilidades de lo más agradable …
Gorjeos ininterrumpidos de pajarillos; tenue susurro del viento; murmullo del agua, al deslizarse, suave, por los declives del terreno; ecos armoniosos de cantares pastoriles; berreo de chotos y terneros; balidos de corderillos, añorando el dulce calor de la madre; croar de ranas y renacuajos de la charca del pequeño regadío, cacareo bullicioso de aves de corral; agudo piar de polluelos ...
Conjunto de ecos, rumores y sonidos que componen el himno vital de la Madre Naturaleza.
Como complemento de aquella grata y deliciosa contemplación, se ofreció a los visitantes la curiosidad de una faena campera, de carácter zootécnico: la esquila de ovejas y borregos, tan hábil y diestramente recogida en el admirado cuadro de Mariano Santamaría (sic)[4].
Bajo una especie de alpende [5] entoldado, sostenido por pies de madera de espacioso pórtigo, unos hombres de manos y rostros curtidos por el sol y las brisas, iban tomando a los óvidos concentrados en aquella sombra y, una vez atado sus cuatro remos, para evitar todo accidente, les aplicaban la tundidora [6], obteniendo con maestría singular el preciado vellón [7] de su rica lana.
Pacíficos y mansurrones, los animalejos, no sabían resistirse a la captura. Únicamente parecían defenderse con la tristeza de su mirada y la exhalación de su lastimero balido.
Esquilados y sueltos, unos movían violentamente sus carnes, sacudiendo las pequeñas vedijas [8] que escaparon al vellón, otros se quedaban como paralizados por el aherrojamiento y todos acudían luego y más o menos diligentes, al rebaño, como gozosos de haberse librado de aquella enredosa y pesada cobija que tanto dificultaba su libre respiración y embarazaba la soltura de sus movimientos.
Ya podían resistir con más desahogo el calor canicular y las marchas por llecos [9] y mohedas [10] y al propio tiempo proporcionaban a su dueño la compensación económica de uno de sus mayores productos.
¡Cuánto disfrutó el pequeño amigo Ansaldo! …
Al principio, tembló de temor ante aquel espectáculo para él tan extraño y sorprendente. Luego, cuando, ayudado por todos y especialmente por su entrañable amigo, llegó a convencerse de la inofensividad de ovejas, andoscos [11] y borros[12], se mezclaba con los trabajadores, haciéndoles mil preguntas e interesándoles mil explicaciones. Después, ya completamente tranquilo y confiado, lo mismo ayudaba a conducir una oveja hacia la esquila, que recogía la lana y la envasaba en los sacos al efecto preparados.
[Sólo como ambientación] El esquileo, obra de Marceliano Santa María, 1934. Fuente: reprodart.com”.
Tanto se entusiasmó en el quehacer, que costó trabajo convencerle de que la visita había de tener fin.
Y, efectivamente, se abandonó aquel lugar, reanudándose la interrumpida excursión.
Por último, regreso al establecimiento. Comida exquisita y abundante, consumida con voraz apetito. Sobremesa y despedida de los visitantes.
Tiempo transcurrido con velocidad insospechada. Reboses de placer. Colmo de atenciones. Júbilo infantil desbordado.
Obsequios que a los obsequiadores parecen pocos; pero que no caben en el coche: el queso ovejil, tierno y natoso; el borro de fina y suave lana; los pollos de alta pechuga y cresta sanguinolenta; la jarra de espesa y espumosa leche; el cesto colmado de blancos y hermosos huevos; el frasco de la áurea y rica miel de abeja; el saquillo de bellotas dulces ...
Y en medio de las frases de contención y excusas de tanto regalo y sincero agradecimiento, por ellos, la voz aguda y sobresaliente del pequeñuelo, jubiloso y alborozado, que exclamaba:
-¡Adiós, Ansaldo! Que vaya por casa, ¿eh? Allí te espero, para repetir los recreos y distraernos con el cordero, nuestro nuevo amigo.
Y la respuesta emocionada del mancebo aludido, en la que bien puede decirse que se escapaba, con muda expresión, el dolor de la separación de dos almas unidas por tantos sentimientos de afinidad.”»
NOTAS DEL TRANSCRIPTOR: [1] Galayo.- Prominencia aguda de roca pelada que se eleva en un monte. Fuente: Diccionario RAE. // [2] Llambrías.- Parte de una peña que forma un plano muy inclinado y difícil de pasar. Fuente: Diccionario RAE. // [3] Alfaguara.- Manantial copioso que surge con violencia. Fuente: Diccionario RAE. // [4] Marceliano Santa María Sedano (Burgos, 18 junio 1866 – Madrid, 12 octubre 1852).- Pintor español, famosos por sus paisajes castellanos, sus cuadros de historia y sus relatos. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. // [5] Alpende o alpendre.- Cubierta voladiza de un edificio, especialmente sostenida por postes o columnas, a manera de pórtico. Fuente: Diccionario RAE. // [6] Tundidora.- Dicho de una máquina que sirve para tundir; siendo ello cortar o igualar con tijera el pelo de los paños o pieles. Fuente: Diccionario RAE. // [7] Vellón.- Conjunto de la lana de un carnero u oveja que se esquila. Fuente: Diccionario RAE. // [8] Vedija.- 1. Mechón de lana. 2. Pelo enredado en cualquier parte del cuerpo del animal. Fuente: Diccionario RAE. // [9] Lleco.- Dicho de la tierra o de un campo sin roturar. Fuente: Diccionario RAE. // [10] Moheda.- Monte alto con jarales y maleza. Fuente: Diccionario RAE. // [11] Andosco.- Dicho de una res de ganado menor, que tiene más de uno o dos años. Fuente: Diccionario RAE. // [12] Borro.- Cordero que pasa de un año y no llega a dos. Fuente: Diccionario RAE. //
CONTINUARÁ CON “TIERNO AMOR”, el 20 marzo 2026.
*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 59-65. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.




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