viernes, 26 de junio de 2026

18/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

VIGILANCIA ACOSANTE. 1ª PARTE. 

«”ANSALDO, sobreponiéndose a todos los impulsos de su alma, había vuelto a la Venta, reanudando las actividades del empleo que en la misma venía desempeñando.

Su rostro, pálido y demacrado, denunciaba sus sufrimientos; pero nada más, puesto que, dominando a su pasión, había sabido reprimirla, guardándola en las intimidades de su alma, y dar a todos sus actos la sensación de normalidad correspondiente.

Había llegado a la venta juntamente con su madre. No había habido necesidad de previo aviso, puesto que su notable mejoría y la decisión de reintegrarse a los quehaceres de su cometido habían sido de antemano conocidas. No obstante, hubo saludos expresivos de clientes y hasta del inclusero, como, en la inquina que le despertaban sus celos, llamaba siempre al joven profesor de la que tanto amaba, saludos a los que había correspondido con calor y firmeza. Además, los dueños del establecimiento, que les aguardaban, complacientes, les recibieron y atendieron con derroches de sentido afecto. María había acudido, también, como demandaban las circunstancias, saludando a la madre y al hijo con toda cordialidad.

La visita, por las circunstancias que la rodeaban, había provocado un alto en todas las tareas; mas, pasado el tiempo de la acostumbrada cortesía, cada cual se fue retirando a sus habituales quehaceres, hasta dejar a solas, sin nadie proponérselo, a las dos viejas amigas y comadres. La conversación de ambas, no rebasó, en un principio, los límites de lo vulgar y corriente. Ninguna de las dos se atrevió a abordar temas que pudieran llegar a lo desagradable. Sin embargo, se adivinaba, sobre todo en la madre de Ansaldo, el esfuerzo que tenía que realizar para contenerse. Por fin llegó el anuncio del propósito de dar por terminada la visita, obligando a la dueña de la Venta a poner sobre tapete la cuestión batallona:

No se vaya usté comadre. Ansaldo, aunque restablecío, afortunadamente, necesita todavía algunos cuidos. Nadie mejó que usté pa proporcionárselos en la medida necesaria. La casa y los que la habitamos sabe usté que estamos a su buena disposición. Mande y en eso toos le obedeceremos. Tal será nuestra mayor satisfacción.

La madre de Ansaldo, ante tal ofrecimiento, respira fuerte, dejando escapar un pequeño aye, que no ha podido reprimir. Una sugestión incontenible la pone al mismo borde de la exteriorización de la cuita que carcome su alma; pero logra refrenarse a tiempo y contesta, al fin:

Gracias, comadre. Ya sé que tanto usté como el compadre, han sío siempre dadivosos y espléndidos con toos y, en especiá, pa con nosotros. Pero no es de esas minucias corrientes y vulgares de lo que estamos necesitaos.

Comadre, dice usté unas cosas y de una manera que, a la verdá, no las entiendo bien.

¡Ay, comadre! ... Bástele, por ahora, con ese aye que se escapa de mi pecho, sin poderlo evitá. Hay que apartá la sartén del fuego porque el aceite está demasiao caliente y lo que se echara en él, se quemaría en lugar de freirse bien.

[Ambientación] Conversación intensa entre las dos comadres. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

Como usté quiera, comadre. Pero que conste que si no habla más claro, yo, al menos, no la entiendo ni comprendo bien ni regulá siquiera.

Pues no será seguramente ni por falta de edá ni por carencia de mundo. Será, quizá, porque Dios nos pone algunas veces una venda tan tupía ante los ojos, que no poemos vé lo que tenemos ante nosotros mismos.

Misterios y más que misterios.

Claridades y más que claridaes.

Y yo, tan a oscuras, que no veo ninguna. Dice usté que to es claridá. Pues venga, en bendita hora, sea la que fuere. Ya estoy hasta nerviosa con tanto decí tortuoso y oscuro. De modo, comadre, que venga enseguía esa luz que ilumine la tiniebla de mi comprendé.

Pero ... ¿es posible que no haya visto usté claro? ... ¿Aun no se ha dao usté cuenta de los males de Ansaldo? ... ¿No ha podío comprendé que el muchacho se muere a chorros sonoros por su hija de usté y que la niña ... entretenía con su aprendizaje, no sólo no le da ni pizca de esperanza a tanto queré hondo y sentío, sino que se complace en rechazarlo de plano, por no decí que lo desprecia, tal con la intención de reemplazarlo, si es que no lo ha reemplazao ya, como él dice, por otro que habla más y mejó?...

¡Jesús, María y José! ... Acabara de comprendé. ¿Pero es posible que no piensen ustés ná más que en la mira de ese casamiento, queriéndolo lográ contra viento y marea, sin el tiempo y la preparación que requiere una cosa tan seria y que es pa toá la vía? Pero ... ¿tanto tiempo hace, comadre de mi alma, de mi respuesta a su alusión de usté sobre ese mismo particulá? ... Es naturá que el cansancio ahogue al que quiera correr demasiao. ¡No hay que corré tan desaforadamente, que carreras de esas son las que asfixian! Le repito, de nuevo, comadre mía, lo que entonces le dije: -<No llegue usté tan lejos ni tan aprisa. Mi hija es todavía una niña.>”» 

CONTINUARÁ CONVIGILANCIA ACOSANTE”, 2º Parte, el 27 junio 2026. 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 113-118. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.  

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