ENSEÑANZAS. 1ª PARTE
«”PUEDE decirse que es todavía por la mañana, porque falta algo más de una hora para que den las doce, esa parte de las 24 del día solar en que, por hallarse el Sol en el punto más alto de su elevación sobre el horizonte, parece como que divide el tiempo que dura su claridad sobre el mismo en dos mitades: mañana y tarde.
Las faenas de preparación, aderezo, condimento y servicio de las comidas, se realizan ahora, en la Venta, con más rapidez, prontitud y puntualidad que nunca. Esta innovación la ha implantado la diligencia de la madre de Ansaldo, dedicada exclusivamente a esos menesteres. Debido a ello, no son aún las once de la mañana y el servicio ha quedado totalmente cumplido.
Esta sobra de tiempo, suele aprovecharse principalmente para las enseñanzas que recibe María. Así suelen presenciarlas sus padres y hasta la propia madre de Ansaldo.
Esta vez están todos los nombrados, con el profesor y la discípula, delante de la Venta, allá de la carretera, bajo la sombra protectora de unas corpulentas encinas, cuyas extensas copas, en perenne frondosidad, producen aquélla, bastante grande y completa.
Pasan las diarias reglas aritméticas y gramaticales, que nadie interrumpe. Continúan, en la forma alterna que corresponde a la fecha, particularidades de la Doctrina Cristiana y de Urbanidad, ésta por María [Atocha] Ossorio y Gallardo [1], cuyo texto “Las hijas bien educadas” ha sido adquirido. Siguen escritura al dictado y lectura en alta voz.
[Ambientación] Portada del libro mencionado, “guía práctica para uso de las hijas de familia”. Fuente: “todocoleccion.net”.
Calladamente, se observan con sorpresa y placer los notables aprovechamientos de la discípula, sus rápidas asimilaciones y las dotes, poco comunes, de su gran aptitud. No dejan de admirarse, fuera como fuere, la capacidad, la ilustración y los grandes conocimientos del profesor.
El padre de María, se ve que, no muy versado en las materias que constituyen las enseñanzas del día, tiende a dormitar. No lo consigue porque cuando la somnolencia se va pronunciando, su hija ha comenzado a leer con grata entonación, voz melodiosa y clara dicción, “La fisiología del árbol”, por don Alfredo Opisso y Viñas [2], tema que, por sus grandes aficiones empíricas a la arboricultura, ha llamado su atención, prestándole todo su interés, por recaer la descripción en la encina, de la que siempre ha sido tan enamorado.
La educanda lee y el padre, con los demás, escucha atentamente:
“Quinientos, cuatrocientos años atrás, caería en tierra una bellota. Arrojada al polvo por una ráfaga de viento, esperó allí, por algún tiempo, la lluvia y, después, un rayo de sol. Cayó la primera, rasgaron las nubes los rayos del sol, y en el fango tibio en que estaba sepultada la bellota, el pie distraído del leñador, del cazador o del gañán, o el picotazo de un ave, dieron principio a una serie de fenómenos, curiosos como no hay otros: los de la germinación.
[Ambientación] Alfredo Opisso. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.
En la transición, sea cual fuere la escuela a que se pertenezca, hay una serie de preguntas, desde la preexistencia embrionaria al nacimiento, a las cuales no puede hoy responder la ciencia. Pero, a pesar de ello, ha podido hacerse un importante descubrimiento: la analogía existente entre la semilla y el huevo, lo mismo en la composición química como en las funciones.
Una semilla es un huevo vegetal, y los fisiólogos han podido encontrar en ciertas semillas albura, correspondiente a la clara del huevo, y vitelio, correspondiente a la yema. De este vitelio —tejido microscópico, contenido en el saco embrionario— surge una vida nueva bajo la influencia de la incubación. Esta incubación —múltiple en sus resultados— es una en su causa efectiva. Acá tiene efecto en los flancos del mamífero; allá, bajo el ala del pájaro; acullá, en el terreno que el sol calienta. Pero lo mismo en la semilla que en el huevo, y lo mismo en las primeras células del feto, se producen fenómenos análogos.
En el centro de los inertes tejidos del embrión vegetal, que en ciertas circunstancias, como en los famosos granos de trigo de los hipogeos de Egipto, donde yacen momias milenarias, hubieran podido conservar por años, y aun por siglos, la facultad germinativa, se despierta una potencia, empieza una evolución.
¿Cómo ha salido la encina de la bellota? ... Muy lejos hay que remontarse para descubrirlo. Hay que ir a buscar la explicación en medio de los tejidos mismos de la semilla, la famosa célula primera, viviente, de cuyo seno ha salido ese coloso de cinco siglos que va superponiendo, por pisos, los opulentos macizos de su poderoso ramaje.
La célula viviente a que nos referimos, llamada vesícula embrionaria, que en un principio estaba formada de una materia granulosa, se ha ido llenando poco a poco de nuevas células internas que, por sucesivas segmentaciones, han acabado por formar un pequeño cono liso, redondeado y mamelonado. Entonces es cuando en este cono se va operando una maravillosa multiplicación de fuerzas. De una unidad primitiva, habrán salido elementos diversos.
[Ambientación] La discípula y el profesor departen sobre botánica en el interior de la Venta. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
En medio de esta bellota, cuyas células todas se nos ofrecen, en apariencia, perfectamente iguales, se opera una especie de bifurcación, cuyo resultado inmediato es la formación de una doble corriente de vida. Mientras la una sube hacia la atmósfera, la otra se hunde en las profundidades del suelo. A la primera de estas corrientes, pertenecerá el tallo; a la segunda, la raíz.
A ambos lados de la bellota, había los rudimentos de las dos primeras hojas, que se llaman cotiledonarias. En el centro está la gémmula; esto es, el germen. Debajo, una parte adelgazada que ha servido de elementos comunes para el tallito y la radícula. El todo constituía una plántula: la miniatura de la encina.
El tejido celular se ha organizado. Todos los utrículos, desempeñando sus funciones especiales, han entrado en la evolución vital. Bajo la influencia de esta fuerza plástica que se extiende desde la más ínfima molécula a la organización de las esferas, en el seno de las nebulosas, se han dedicado, las unas, a llenar su propia cavidad de substancias nutritivas; las otras, a alargar sus vasos tubulares. Éstas, a subir por el tallito; aquéllas, a bajar hacia la radícula. De manera que a una y a otra parte de una línea interna de demarcación, se han agrupado los elementos constitutivos de los dos grandes sistemas de que se compone todo vegetal.
Esta línea de demarcación, verdadera superficie matemática que el naturalista francés Lamarck [3] designó con la expresión de nudo vital, se la llama hoy cuello de la raíz. En ella se encuentra la doble base de los dos sistemas, de los dos ejes de que se acaba de hablar y que, semejantes a dos pirámides oblongas y simétricas, se extienden, la una, hacia la atmósfera, donde representa la parte aérea, y, la otra, hacia el suelo, donde constituye la parte radicular.
[Ambientación] Jean-Baptiste de Lamarck, 1802, por Charles Thévenin. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.
Cada una de estas dos pirámides, tiene trazado su camino y obedece a una tendencia cuya impresión nada puede vencer ni burlar: la misma obstinación despliega la una en ahondar en la tierra, que la otra en ascender hacia el cénit de la luz. Partes análogas de un mismo vegetal, especie de columna vertebral, sólo tienen de distinto las tendencias, que las obligan respectivamente a subir y a bajar.
PRIMUM VIVERE, esto es, hay que vivir. Por lo mismo, la primera en salir de la bellota ha sido la radícula. De su cubierta reblandecida y, después, desgarrada a consecuencia de la hinchazón de los tejidos interiores, se ha escapado, ávida, impaciente de vivir. Ganchuda, de un color blanco amarillento, cubierta de un ligero vello y tocada con una capa protectora, que, en recuerdo del pileo griego, se ha llamado pileorriza, se ha dirigido inmediatamente hacia la tierra.
Pronto se modifica su aspecto. Mientras su extremidad se alarga y la base se reviste de una coloración más obscura pierde una parte de los jugos acuosos que le daban aquel color blanco y aquella consistencia blanda. Sus pelos se desecan; recubren su epidermis nuevas papilas, con innumerables chupadores; raíces jóvenes, armadas de espongiobas, van buscando provisiones desde todas partes. Difícil dar idea de tan precoz voracidad; pero no es para ellas lo que tan ávidamente buscan:
es para el tallito, que, por su parte, va subiendo famélico y reclamando al aire y a la tierra, agua, gases y jugos.
¿Cómo hallarlos? ...
Ni la atmósfera ni el suelo pueden ceder a esas exigencias.
[Ambientación] Primeras fases del nacimiento de una encina. Fuente: Imágenes ofrecidas por ChatGPT.
La plántula, para vivir vida completa y súbita, debería echar mano de la una y del otro; absorber, arriba, los fluidos aeriformes; abajo, aspirar alimentos más substanciales. Les serían menester hojas y raíces y esto es aún prematuro, puesto que éstas apenas han podido hundirse en la tierra y menos aún la extremidad de su tallito ha comenzado a verdear al contacto de la atmósfera.
La situación, pues, de nuestra encinilla sería sumamente precaria si la naturaleza no hubiera zanjado el peligro del momento crítico, promoviendo el más maravilloso de los expedientes.
El reino vegetal, como el animal, posee su fase de lactancia: la fase cotiledonaria.
A una y otra parte de la planta, hay dos depósitos, dos vasos, dos escudillas (esto significa la palabra cotiledón), llenos de una substancia albuminosa. Esta substancia, dura en un principio, se reblandece bajo la influencia de la humedad y ... hace aun más: se licua, a consecuencia de una descomposición química que provoca la germinación y, en este estado de licuefacción, casi completo, es absorbida por la joven encina. Cada una de las mitades de la bellota, resulta, pues, una verdadera nodriza del arbolillo, que, lactado de esta suerte, durante algunos días, se desarrolla prontamente, encontrando, gracias a sus raíces más robustas y a sus hojas nuevamente formadas, la fuerza suficiente para proveer a sus necesidades crecientes, poniendo a contribución en lo sucesivo el suelo y la atmósfera.
¿Qué acaba de pasar en este tallito que, destetado de su vida cotiledonaria, empieza a vivir la gran vida atmosférica?…” ”»
NOTAS DEL TRANSCRIPTOR: [1] María Atocha Ossorio y Gallardo (1876-1938), periodista y escritora española. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. // [2] Alfredo Opisso y Viñas (Tarragona, 1847 – Barcelona, 1924), médico, militar, botánico, periodista, escritor, crítico de arte, historiador y traductor español. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. // [3] Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet, caballero de Lamarck (Bazentin, 1 agosto 1744 – París, 18 diciembre 1829), naturalista francés. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.
CONTINUARÁ CON “ENSEÑANZAS”, 2ª parte, el 12 julio 2026.
*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 119-131. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.



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