sábado, 6 de junio de 2026

HISTORIAS DE LUIS BRICEÑO, 58.

A BANDERILLAS Y SIGUE PICANDO.

Los dos compadres se abrazaron como dos familiares que se quieren entrañablemente.

Los dos pertenecían a esa raza de gente errante y sin residencia definitiva que todo el mundo conoce con el nombre de gitanos.

Estos compadres hacía mucho tiempo que no se veían: justamente los seis años y pico que uno de ellos había estado en el <estaribé>, como ellos llaman en su argot a la cárcel pública.

Después de las primeras frases, referentes al afecto que mutuamente se profesaban y de algunas preguntas íntimas relacionadas con el estado de salud de sus familiares más cercanos, entraron en conversación general y, para sostenerla más cómodamente y todo lo extensa que la dilatada ausencia requería, se sentaron en derredor de una de las mesas-veladores de un café cercano, a la sombra protectora de un toldo adosado a la pared del establecimiento.

[Ambientación] Recuerdo entre compadres. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

En los temas, de tumbo en tumbo, como el andar de un beodo, recayó la conversación de los compadres sobre una de las aficiones más arraigadas en uno y otro: el toreo.

El compadre que había gozado de libertad, le decía al otro, a este respecto:

-Comparito e mi alma, ¡si viera usté las faenas que sa perdío presenciá en el tiempo ca estao usté en el hotel! ¡Qué quites, por medias verónicas! ¡Qué pares de banderillas más estrechos, quebrando en la mismísima crú! ¡Qué pases de pecho más escalofriantes! ¡Y qué estocás, hasta el puño, algunas de ellas recibiendo, clásicas, como aqueyas de cuando éramos chiquiyos! Er delirio, compare, la gloria verdaera.

-Pintá como queré. No hay que exagerá, compare. Que nadie que le escuche puea decirle nunca que usté, aunque <cañí>, ha nacío en Andalucía.

-No me ponga usté de mentiroso, comparito mío, que poné en dúa lo que le digo, es iguá a negar que ahora es de día o que estamos, uno junto al otro, tomando café.

-No; yo no lo desmiento, compare. Lo que le digo a usté es que a esas cosas no se ven ya. Hoy no hay más que <efetismos>. De aqueyo viejo, ná.

-Lo que yo le digo y le repito, y va en eyo tó, es la pura realiá.

-No apriete usté, compare, que es peó.

- Peó, ¿por qué? Lo único que pasa es que si usté sigue duando, es señá de que con esa temporá sin vé toreá, se le ha orviao lo que de esas cosas entendía.

-Compare, vamo a dejá de discutí, porque lo que se me ha orviao der tó es pelearme con la gente, y menos con usté. Tome usté este cigarro y corte un pitiyo. Cuando usté acabe, lo jaré yo.

El que esto hablaba, extrajo de una petaca, un cigarro puro, falto ya de un trozo, y lo entregó al otro.

[Ambientación] Picando y picando el cigarro. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.

Éste sacó, a su vez, la navaja, de uso tan corriente en ellos, y comenzó a picar el cigarrillo ofrecido. Mientras tanto, charlaba por los codos, pretendiendo justificar su gran inteligencia en asuntos del toreo.

Su compadre, callado, observaba que su interlocutor, charla que charla, no dejaba de picar tabaco de su cigarro puro, al que estaba dejando extenuado, pereciente, por lo cual comenzó a silbar, cada vez con más fuerza, una música torera. Mas al notar que su compadre continuaba picando tabaco de su cigarro, no pudo contenerse y, teniéndole la mano con que lo hacía, le dijo reticentemente:

-Alto ahí, comparito e mis culpas. La mayor prueba de que está usté trascordao en tauromaquia, la tié usté en que hay ya una hora que estoy tocando a banderiyas, ca vé más fuerte, y usté sigue <picando> y … dejándome esaviao de tabaco. 

*** Fuente: “AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y chascarrillos”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 127-128. Primera edición, Gráficas Morales, Jaén, 1.940.  

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