La historia de Conil está íntimamente ligada al mar. Nuestra costa ha sido, desde siempre, lugar de paso, de intercambio, de riqueza y también de amenaza. El horizonte que hoy contemplamos como símbolo de belleza y de identidad fue durante siglos frontera expuesta, espacio de vigilancia permanente y escenario de innumerables episodios que marcaron el devenir de quienes habitaron estas tierras.
A lo largo del tiempo, generaciones enteras aprendieron a convivir con esa doble condición del mar: fuente de vida y motivo constante de defensa. De ahí surgió un paisaje costero sembrado de torres vigía, almenaras y puestos de vigilancia destinados a proteger a la población, sus recursos y sus caminos frente a incursiones enemigas y ataques procedentes del litoral. Muchas de esas construcciones aún permanecen en pie, convertidas hoy en valiosos testimonios de nuestro pasado.
Entre todas ellas, la Torre de Guzmán ocupa un lugar central en la memoria de Conil; pero no es la única. Cada torre de nuestra costa conserva su propia historia, vinculada al territorio, a sus límites y a la vida de quienes durante siglos lo defendieron y habitaron.
El texto que sigue, redactado por el Juez de Paz de Conil, Francisco González Ureba, recorre ese pasado de vigilancia y defensa del litoral gaditano y, a partir de él, se detiene en un episodio concreto que ha despertado especial interés en tiempos más recientes: la situación histórica y jurisdiccional de la Torre del Puerco, enclave singular de enorme valor patrimonial y protagonista, además, de una larga controversia vinculada a la delimitación entre los términos municipales de Conil y Chiclana. Conocer su historia supone también comprender mejor la historia compartida de ambos pueblos y la profunda relación de esta tierra con su costa.
[Ambientación] Torre del Puerco, en el límite de los términos de Conil y Chiclana. Fuente: Antonio Leal, 2019.
“LA TORRE DEL PUERCO: HISTORIA Y ACTUALIDAD”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de Conil, 1997.
«”Desde tiempo inmemorial nuestra costa ha necesitado protegerse de ataques piráticos y de ladrones de todo tipo. Los mismos pueblos antiguos que nos visitaron fueron en principio incursiones con la finalidad del saqueo y la rapiña, que luego se asentaron en nuestra tierra.
Fueron temibles las incursiones de los vikingos, que no solo asolaban las costas, sino que se remontaban por los ríos atacando poblaciones de interior, como Sevilla.
Los árabes levantaron una cadena de torres almenadas a lo largo de la costa, hoy en su mayoría desaparecidas, quedando en pie la Torre de la Peña en el término de Tarifa.
La presencia de la piratería turco-berberisca durante los siglos XIV, XV y XVI, amparada en las costas del norte de África, supuso la desaparición o el abandono de muchos lugares de nuestra costa que en otros tiempos fueron brillantes y florecientes.
Tras la reconquista y precisamente para proteger y amparar nuestra comarca, fue dada en señorío a D. Alonso Pérez de Guzmán, que funda una nueva población al amparo de una Torre que recibió su nombre y ha llegado hasta nuestros días: la Torre de Guzmán, el monumento más emblemático de Conil.
Desplegadas las almadrabas y para proteger a la población se procedió a la construcción de torres vigía a lo largo de la costa. Correspondieron a Conil las torres de Castilnovo, Atalaya, Blanca, Roche y la del Puerco en la misma línea divisoria del término con la vecina población de Chiclana.
[Ambientación] Torre Castilnovo, en el prado de Ramón. Fuente: Antonio Leal, 2020.
Disponían estas torres de uno o dos guardias, que, llegado el caso, daban la alarma mediante fuegos de noche y ahumadas de día y algunas dispusieron de una pieza de artillería.
En 1561, Georgius Bruin, en la obra <Civitates Orbis Terrarum> al hablar de Conil nos dice <durante la noche se apostaba en la torre un vigía y ante la llegada de turcos, moros y otros enemigos con señales de fuego visibles en toda esa zona de España, avisaban a los vigías de otras atalayas próximas de la llegada del enemigo, y éstos a su vez a otros, por lo que luego las ciudades vecinas, en espacio de tiempo muy breve, se enteran de que han de estar en guardia y vigilar>.
Tropas a caballo recorrían la costa con fines de reconocimiento y enlace para rechazar pequeñas incursiones y sobre todo para alertar a las milicias concejiles. A lo largo del siglo XVIII fueron perdiendo utilidad estas construcciones y una sola persona, el <requeridor> recorría la costa controlando a los torreros.
Las vigilancias de las torres durante el siglo XVIII salían al pregón adjudicándose a los mejores postores.
La mayor parte de estas torres fueron levantadas en la segunda mitad del siglo XVI, en el reinado de Felipe II. Unas lo fueron a expensas de la corona, otras por los señores del lugar y otras con la ayuda de los vecinos.
Su mantenimiento en principio corrió a cargo de los pueblos beneficiados inmediatos a la costa. Luego el Consejo de Castilla estableció gravamen sobre la venta del pescado de un maravedí por cada libra, y con lo recaudado se atendía el sueldo de los guardas de las torres atalayas e incluso se costeó el levantamiento de alguna torre más.
Con el transcurso de los tiempos estas edificaciones fueron perdiendo su finalidad pasando a depender de la Hacienda Pública engrosando el patrimonio del Estado.
Actualmente permanecen en pie casi todas estas torres de la costa gaditana, como mudos testigos de un pasado plagado de acontecimientos, unas veces tristes y otros gloriosos.
[Ambientación] Batalla de Chiclana, o de la Barrosa, cuadro de José Luis Díaz de la Torre (Madrid, 1953), donde aparece la torre del Puerco. Fuente: “Ordóñez y Asociados”.
En la actualidad, una de estas torres parece haber despertado del sueño impuesto por la Historia, pasando a ser objeto de comentarios entre vecinos de Conil y Chiclana y saltando incluso a las páginas del <Diario de Cádiz>. Me refiero a la Torre del Puerco, a cuyos pies se desarrolló la famosa batalla de Chiclana del 5 de Marzo de 1811, en plena invasión francesa.
Desde 1993, se viene hablando en el seno del Ayuntamiento de Conil de una posible alteración de la línea divisoria del término municipal del la vecina ciudad de Chiclana de la Frontera. La alteración consistiría en un supuesto avance de la linde en dirección a Conil, incluyendo dentro a la Torre del Puerco.
En ese año de 1993 se inicia en el Ayuntamiento un expediente con la finalidad de aclarar lo sucedido, al mismo tiempo se crea una comisión pro-deslinde.
Desconozco el resultado de las conversaciones entonces mantenidas con Chiclana y lo cierto es que el asunto queda aparcado para otra ocasión.
Después de la última renovación del Ayuntamiento y en concreto el año pasado de 1995, se vuelve a retomar el asunto iniciándose unas conversaciones con Chiclana en las que se acuerdan buscar documentación que avale las posturas de ambos Ayuntamientos y reunirse nuevamente para debatir sobre el problema en la línea de término.
Para conocimiento de todos los interesados en esta cuestión y para dejar clara algunas posturas convendría hacer las siguientes puntualizaciones:
-Hay constancia documental de que se tenía por costumbre todos los años visitar las mojoneras del término por si se detectaba alguna novedad.
- Cada cien años se han venido practicando deslinde por las comisiones de ambos Ayuntamientos, que consistían en recorrer toda la línea divisoria deteniéndose en cada mojón y expresando en el acta oportuna, que cada uno de los mojones reconocidos, lo era de conformidad para ambas poblaciones.
El día 26 de Noviembre de 1721 se llevó a cabo uno de estos deslindes con la solemnidad acostumbrada de asistir los corregidores de ambas villas, regidores, escribanos, peritos y demás vecinos. En el acta de dicho deslinde podemos comprobar que la linde del término finalizaba en la Torre del Puerco, también llamada de la Barrosa.
Con posterioridad se han realizados numerosos deslindes durante el siglo XIX al declararse a la Dehesa de Roche monte público catalogado.
[Ambientación] Fuente: Acta del deslinde entre los términos de Chiclana de la Frontera y Conil de la Frontera (Cádiz), año 1872. Instituto Geográfico Nacional.
Pero de todo ello el más importante es el realizado el 24 de Julio de 1872 por el Instituto Geográfico. En el acta de dicho deslinde se establece de manera incuestionable que la línea divisoria de ambos términos municipales atraviesa a la Torre del Puerco por su centro, tomando el eje de dicha Torre como el mojón nº 10 de la línea jurisdiccional.
Todo ello viene a establecer de una manera salomónica que los cimientos donde descansa la torre son la mitad de Conil y la otra mitad de Chiclana.
Como prueba de conformidad entresaco textualmente de dicha acta el párrafo inmediato a los nombres y firmas de las personas asistentes: <La tradición y el acuerdo de las comisiones asistentes son la única base de que se ha partido para reconocer y señalar los mojones que se registran en la presente acta y que quedan definitivamente como verdadero>.
Hoy sigue siendo el único documento vigente para ambos Ayuntamientos.
A lo largo del presente siglo se ha recurrido en muchas ocasiones el acta referida para establecer nuevos replanteos o resolver cuestiones suscitadas. De todas ellas nos referimos a dos.
La primera incidencia en la línea divisoria se planteó en virtud de denuncia formulada ante la Guardia Civil el día 21 de Febrero de 1.899, en la que se ponía en conocimiento de la autoridad, que los operarios del Marqués de Bertemati propietario de la Dehesa de Campano, habían variado el mojón más cercano al mar en la zona del Puerco, colocándolo como a unos 15 metros hacia dentro de la Dehesa de Roche, labrando también otro mojón nuevo entre el movido y uno que se encontraba en el cerro del Puerco a unos 400 metros de distancia. Con ello se variaba la linde del término, se usurpaba 3.000 m²a Conil y se quedaba con la Torre dentro del terreno ocupado.
[Ambientación] La torre del Puerco y el cuartel de la Guardia Civil (actualmente es el restaurante “Cuartel del Mar”). Fuente: CHN Magazine, 16 julio 2020, Pedro Leal.
Las autoridades de Conil reivindicaron los terrenos formulando <interdicto para recobrar> y terminando el asunto con la orden de la Alcaldía de Chiclana obligando al Sr. Marqués a reponer la mojonera a su estado primitivo y no objetando nada a lo resuelto por el Ayuntamiento de Conil.
Otra cuestión se planteó en el año 1.965, cuando D. Jordan Cristofovici Grigoriu, de nacionalidad rumana, compra los terrenos que luego se llamaron <Los Ángeles de la Barrosa>, colindantes con la Dehesa de Roche (Le Petit). Se solicitó por el Sr. Cristofovici un replanteo parcial de la línea límite de los términos municipales de Chiclana y Conil, operación que realizó el Instituto Geográfico Catastral el día 21 de Abril de 1.965, utilizando el acta levantada el 24 de Julio de 1.872, de la que vengo haciendo referencia.
En este nuevo replanteo se volvió a dejar claro que la Torre está en la divisoria de ambos términos, y al deslinde asistieron ambas corporaciones, representantes de Campano, el nuevo propietario de los terrenos, una pareja de la Guardia Civil y algunos otros vecinos, muchos de los cuales se encuentran vivos, pudiendo dar fe del desarrollo de aquel deslinde.
Esperemos que en la próxima reunión prevista con el Ayuntamiento de Chiclana, se dé una definitiva solución a las cuestiones planteadas, de forma satisfactoria para ambas poblaciones, que tan unidas han estado a lo largo de la historia.”»
Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.





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