domingo, 5 de abril de 2026

NAUFRAGIOS EN EL LITORAL DE CONIL, 62: Vapor “MULEY HASSAN” (1.890).

La publicación del libro “BAJO LAS COLUMNAS DE HÉRCULES”, donde su autor, el instructor nacional de buceo y buceador profesional, Alejandro Gandul Hervás, desgrana las vicisitudes de los vapores mercantes naufragados en Cádiz y Ceuta, nos va a permitir seguir informando de los siniestros marítimos ocurridos en nuestras costas y proximidades, desde 1837 a 1939, permitiéndonos y autorizándonos amablemente su transcripción. Son en total poco más cien los que el autor ha conseguido relacionar, pero que aquí se van a transcribir los más cercanos a nuestro entorno, con detalles de las características técnicas de cada nave, nacionalidad, tripulación que la componía, causas del accidente y el lugar donde reposa para siempre, o si fue reflotada, como en algunos pocos casos ocurrió. Para aquellos interesados en el tema, se recomienda la adquisición del libro ya que es de lectura fácil por su diáfana redacción, describiendo los momentos más dramáticos de cada caso, y, se puede utilizar como libro de consulta, dado su diseño por fecha, ayudado de un índice onomástico de vapores siniestrados, y otro de unidades empleadas en su salvamento.

[Ambientación] Faro de Trafalgar: testigo de muchos naufragios de vapores en <La Aceitera>. Foto: Alejandro Gandul

Ficha particular:[1]

Fecha del suceso: 18 septiembre 1890.

Propiedad: «Sons of Thomas Haynes», Cádiz.

Nacionalidad: Española.

Astillero: Blackwood & Gordon, Glasgow, Reino Unido. 1872.

Número oficial: 68006.

Máquina: Propulsión: Hélice y máquina a vapor de doble expansión. Dos cilindros (19; 33x24 inch/ pulgadas). 50 n.h.p. (Nominal Horsepower/Caballos de fuerzas nominales) Blackwood & Gordon, Glasgow.

Desplazamiento: 245 grt. (Gross Registered Tonnage/Tonelaje registro bruto).

Eslora-manga-puntal: 42,54m – 6,24m – 3,15m.

Casco: Hierro.

Capitán: Ramón Ramírez.

Causa y destino final: Encallado en La Aceitera, Barbate. PÉRDIDA TOTAL.

[1] Datos técnicos: «Lloyd´s Register of Shipping». 1889-1890. SS «Muley Hassan». 


[Ambientación] Recreación del naufragio del vapor Muley Hassan, cerca del cabo de Trafalgar, 1890. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

El <Muley Hassan> pertenecía a la empresa gaditana <Sons of Thomas Haynes>. Sobre su naufragio un marino avezado en supersticiones y sortilegios de la mar, bien podría asegurar aquello de: a los barcos hundidos, déjalos estar. Refiriéndose, sin duda, a esa condición ofrendada a los buques como una especie de ser vivo, que comparte la misma estela vital que su dotación.

Este pequeño vapor, cuyo nombre anterior había sido <Carbonic>, entró a forma parte del repertorio de encallamientos y hundimientos con los que La Aceitera había adquirido fama y temor por todos los marinos que cruzaban frente a ella.

Si volvemos al naufragio del <Massalia> [AQUÍ], recordaremos que <Sons of Thomas Haynes> tenía la concesión para el desguace de su pecio. Sin embargo, en diciembre de 1894 todavía no se había ejecutado. El embarrancamiento de este vapor, en parte, explicaría por qué ese año aún no se había procedido al desguace del <Massalia>. Es evidente que para la empresa la pérdida del <Muley Hassan> suponía un daño muy sustancial, no solo por el patrimonio perdido, sino por lo que suponía perder el medio más importante para el desguace y salvamento de buques.

Telegrama del ayudante de Marina de Barbate, notificando el naufragio del <Muley Hassan>: Para Madrid de Vejer. Número 144. Palabras 45. Depositado el 19 a las 4-1. Ayudante Marina al Ministro Marina. Vapor <Muley Hassan>, capitán Ramírez que se hallaba extrayendo restos buque / naufrago en el bajo Aceiteras naufragó ayer tarde yéndose a pique salvándose tripulación / según participa Jefe Carabineros salgo inmediatamente lugar del siniestro daré detalles. (Fuente: AGMAB. Navegación Mercantil. Buques. 7147/90/55). 

El <Muley Hassan> zarpó de Cádiz el 17 de septiembre con rumbo al Bajo de La Aceitera. A bordo, además de los once miembros de la tripulación, viajaban catorce obreros que habían sido contratados para las labores de desguace del <Massalia>. Se presumía un buen negocio. Sin embargo, a las 14:00h del día 18, tocó sobre un cabezo en la misma Aceitera y se hundió.

El escenario, sobre todo para los obreros, tuvo que ser de incertidumbre y absoluta angustia. Al impacto sobre el casco, le seguiría una retahíla de voces, órdenes, preguntas y dudas que, en las caras de los pobres obreros, reflejarían el convencimiento de que iban a morir ahogados. Con el buque hundiéndose, sobre una cubierta inestable, las carreras hacia los botes salvavidas no estarían exentas de prisas y empellones para escapar. En aquella época, saber nadar no se estilaba mucho, ni siquiera entre los marinos, y por supuesto mucho menos si nos referimos a obreros.

Sobre el abandono del buque, el Ayudante de Marina de Barbate, en su informe del 20 de septiembre, confirma la mejor noticia para aquellos hombres: al llegar a dicho bajo a las dos de la tarde del día 18, tocó en un cabezo y se fue a pique en el citado sitio, salvándose con dos botes once tripulantes, catorce jornaleros y algún equipaje. (Fuente: AGMAB, Navegación Mercantil, Buques. 7147/90/55).

Llegaron a tierra sin novedad y el vaporcito <Muley Hassan> se unió a la lista de piezas cobradas por La Aceitera.

El día 20 de septiembre, varios periódicos nacionales, repiten una misma crónica, entre ellos <El Correo Militar>, <El Demócrata> y <El Resumen>: “Por noticias recibidas de Cádiz se sabe que naufragó en el bajo de Las Aceiteras, en aguas de Conil, el vapor Muley Hasan. En ese bajo se perdió el año pasado el cañonero de guerra Paz, de cuyo triste suceso publicamos extensos detalles. / El vapor Muley Hasan salió de Cádiz el 17 por la tarde, llevando por principal objeto hacer exploraciones en dicho bajo, para salvar algunos restos de los buques allí perdidos. Estando el vapor en esa faena ayer terde, chocó contra una piedra, naufragando rápidamente. / La tripulación y 12 individuos pudieron llegar en botes al faro de Trafalgar. / Ha salido otro vapor de la casa Haynes, dueño también del buque perdido, con objeto de recoger a los náufragos.” 

<El Correo Militar>, año XXII, núm. 4478. Madrid, sábado, 20 de septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca Digital, BNE. 

También la prensa de la época aporta otros datos interesantes. Al menos tres periódicos: <La Vanguardia>, <El Pabellón Nacional> y <La República>, se hacen eco del naufragio del <Muley Hassan>. El periódico <La República> relataba la noticia así:

Telegrafían de Cádiz, que ayer náufrago en el bajo de Las Aceiteras, en aguas de Conil, el vapor <Muley Hassan>, que el día anterior había salido de aquel puerto, a fin de explorar dicho bajo para salvar algunos restos de buques allí perdidos. / La tripulación llegó en bote al faro de Trafalgar. Recordárase que hace un año aproximadamente naufragó en el mismo bajo el cañonero de guerra <Paz>. (Fuente: <La República>, 21 de septiembre de 1890. Hemeroteca Digital, BNE).

<La República>, año VII, núm. 2079. Madrid, domingo, 21 de septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca Digital, BNE. 

Por otra parte, aunque el periódico <La Vanguardia> ofrece la información de una manera más escueta, sí que da un dato interesante:

El vapor citado se ocupaba en hacer exploraciones para salvar algunos restos del cañonero <Paz> cuando chocó con el bajo. (Fuente: <La Vanguardia>, 21 de septiembre de 1890. Página 5. Hemeroteca Digital, BNE).

Nota: El naufragio del cañonero <Paz> fue tratado en este blog los días 9 y 10 de abril de 2024, pudiendo entrar para su consulta clicando AQUÍ y AQUÍ

Por lo tanto, es posible que además del desguace del <Massalia>, el <Muley Hassan> también tuviera un contrato con la Armada para recuperar los restos del cañonero <Paz>. Dado que este último se encontraba sobre los restos del <Massalia>, no es descabellado pensar que fuera así. Por último, <El Pabellón Nacional> aporta otro dato curioso:

La tripulación y 12 individuos pudieron llegar en botes al faro de Trafalgar. Ayer tarde salió otro vapor de la casa <Haynes>, dueño del buque perdido, con objeto de recoger los náufragos. (Fuente:<El Pabellón Nacional>, 21 de septiembre de 1890, página 3. Hemeroteca Digital, BNE).

<El Pabellón Nacional>, año XXVI, núm. 7866. Madrid, domingo, 21 de septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca Digital, BNE. 

Probablemente el <Servando> o el <William Haynes> seguirían con el cumplimiento de su contrato.

Y recuperando el hilo de ese marino supersticioso en temas de barcos hundidos, o inexplicablemente desaparecidos, seguramente sentenciaría que importunar los cascos abandonados bajo el agua no sería una buena idea, porque ya perdidos los reflejos de tantas millas navegadas, ahora sus resos son propiedad de las extrañas criaturas que moran bajo la superficie y, si pretendes arrebatárselos, ellas reclamarán nuevos tributos. Así que: -Es que lo sabía … A los barcos hundidos, ¡déjalos en el fondo!

Unos días más tarde, concretamente el 25 de septiembre, dos diarios madrileños, >La Fe> y <El Imperial>, publican la misma crónica del siniestro, la más extensa y detallada de cuantas se redactaron: “EL NAUFRAGIO DEL MULEY-HASSAM. / El Muley Hassam salió de Cadiz el 17 por la mañana con 25 individuos entre tripulantes y trabajadores para las operaciones que se iban á verificar. Unos eran ingleses, y otros, hasta el número de siete, naturales de Cádiz. / Cuando llegaron a Conil, fondeó el buque detrás del Cabo de Trafalgar, en donde pasaron la noche. / A la mañana siguiente empezaron los preparativos para comenzar los trabajos, que duraron hasta cerca de la una, y á esta hora se celebró el almuerzo. / Despues de almorzar, que serian como las dos de la tarde, se puso en marcha el vapor, entrando por el lado contrario al sitio en que se observaban los restos de los barcos perdidos, puesto que la marea estaba en la vaciante; y al hacer rumbo para acercarse con un lanchón á aquellos sitios, se escuchó en el buque un extraño ruido: era que habia chocado contra una piedra. / El primero que se hizo cargo de la desgracia que habia ocurrido, fue el maquinista, que afectado le dijo á otro tripulante: ¡Nos vamos á pique inmediatamente! / Otros tripulantes empezaron á saltar en los botes, y á los pocos instantes prodújose la confusion propia en momentos de tan gran peligro, pues todos querian al mismo tiempo huir del riesgo que les amenazaba. / Afortunadamente no ocurrió ninguna desgracia, merced al buen estado del mar, que de otro modo hubiera sido á todos muy difícil, si no imposible, lograr el salvamento, porque aquellas aguas, en dias de borrasca, son verdaderamente terribles. / Habian pasado pocos instantes desde que los indivíduos del Muley Hassam se habian trasladado en los dos únicos botes que existian al lanchon grande, cortando con su hacha el que lo sujetaba al vapor, cuando éste empezó á hundirse de popa, llegándose á poner en pié y cayendo sumergido para no levantarse más, no sin despedir antes una gran cantidad de agua, con asombrosa fuerza, á juzgar por la distancia que la elevaba. / Dicen los que observaron este accidente que llamaba extraordinariamnete la atencion y que todos quedaron atónitos presenciándolo por lo que tenia de curiosos é impotencia. / El Muley Hassam desapareció para siempre en el bajo de Las Aceiteras, donde han zozobrado otros muchos buques, y únicamente se observaba de él á los pocos minutos una pequeña parte de sus dos palos.(Fuente:<La Fe>, 25 de septiembre de 1890, página 3. Hemeroteca Digital, BNE).

 <La Fe>, año XV, núm. 4689. Madrid, sábado, 25 de septiembre de 1890. Fuente: Hemeroteca Digital, BNE. 

¿EL PECIO HOY?

En el bajo de La Aceitera hay una zona que los pescadores submarinos han bautizado como <Las Calderas>. Este nombre sintetiza, a la perfección, lo que podemos encontrar bajo la superficie.

Probablemente el escotillón de la bodega de proa. Foto: Juan Francisco García Amado

Se trata de un fondo cubierto de hierros fragmentados y retorcidos productos de los desguaces y los temporales, donde sobre esa amalgama destacan, como no, los grandes cilindros que preparados en su día para resistir las altas temperaturas y presiones, todavía hoy desafían los embates de los temporales y corrientes.

Entre todos esos restos se distingue lo que en su día fue un pequeño vapor. A pesar de encontrarse muy desguazado la disposición de su máquina, única caldera, proa y popa, nos indican que quedó tumbado sobre estribor.

Toda La Aceitera, y especialmente, Las Calderas, impone sus propias reglas en lo que se refiere a las condiciones que nos permiten hacer una inmersión allí. Es un privilegio con el que las mareas se adelantan, hay violentas corrientes que no ceden ni con los coeficientes cortos. Reparos de marea que no existen y, para completar un cuadro bastante complicado, un oleaje caótico que, casi siempre presente, te obliga a dar un rodeo si no quieres tener serios riesgos de naufragar. Hemos buceado poco allí, pero la eslora aproximada y la máquina de dos cilindros, sugieren que podría tratarse del <Muley Hassan>.

En primer plano dos puntales de soporte, probablemente para el refuerzo de la cubierta de la pluma de carga, y al fondo la sombra del molinete. Foto: Juan Francisco García Amado

La proa se distingue pero se encuentra muy destrozada. Aún así podemos intuir un poco de su roda y ver algo del interior. En seguida nos topamos con una gran escotilla que podría ser parte de la bodega de proa y un molinete. Este último, probablemente, ejerció sus funciones con la pluma de carga de dicha bodega. Muy cerca del molinete contemplamos dos grandes piezas con forma cilíndrica y apariencia de puntales, que bien podrían haber formado parte del refuerzo de la cubierta que soportaba la pluma de carga.

La caldera tumbada y vista desde su parte posterior. Foto: Juan Francisco García Amado

Avanzando, recorremos una pequeña área con restos de chapones y cuadernas, para encontrarnos con el enorme volumen de su única caldera. Tumbada sobre un lateral, deja ver el domo, los hornos y los tubos de humo, antaño protegidos por la caja de humos que les daba salida hacia la chimenea.

Detalles de la hélice. Foto: Alejandro Gandul

A continuación, también sin perder la senda de la chatarra, aparece la máquina, aparentemente de dos cilindros, pues al estar tumbada y tan cubierta de vida marina, resulta muy difícil distinguir ese detalle. Junto a ella tuberías y otras piezas que posiblemente formarán parte de la sala de máquinas.

Es difícil localizar el eje de transmisión, que se encuentra en su mayor parte bajo la arena. Sin embargo, no será difícil localizar la popa, de nuevo, siguiendo los restos del pecio. En este caso destaca la hélice, muy bonita y semi-enterrada, y parte del codaste. No se ve la pala del timón. 

*** Fuente: BAJO LAS COLUMNAS DE HÉRCULES: naufragios de vapores mercantes, Cádiz y Ceuta, 1837-1939”, Alejandro Gandul Hervás. Ediciones Suroeste, 2024. ISBN: 978-84-122907-8-3. 

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