EL CABO EQUIS.
El cabo Equis fue mucho más conocido por tal designación en su pueblo que en en el Regimiento en que prestó el servicio militar.
En el Regimiento no pasó de ser un simple cabo -¡había tantos!-; pero en el pueblo, a fuerza de repetir las peripecias que en la milicia le ocurrieron y de referirse, cuando las narraba, al empleo que disfrutó, consiguió que todos le conocieran y le nombraran por el remoquete de cabo Equis. Y llegó a consolidar de tal modo el apodo, que nadie le conocía mejor por su nombre y apellidos que por el mote.
La hacienda del cabo Equis. La esposa del cabo Equis. Cuando así se decía, nadie dudaba que la persona de quien se trataba.
En el pueblo donde vivía, llegó a conseguir, por esas razones que se dejan consignadas, ser una de las personas más conocidas.
Como persona conocida, llegó a figurar en la política, y como político llevado y traído, por sus marcados deseos de figurar, hasta a sobresalir en algunos actos de la local.
[Ambientación] El “deputado” apoyado por el cabo Equis. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
En determinada ocasión, presidió una comisión de políticos poblanos que, previamente avisados, en concepto de comulgantes de la idea que profesaban, acudió a recibir y atender a un candidato a Diputado a Cortes por la circunscripción -todavía había circunscripciones- que la visitaba en son de propaganda electoral.
En el pueblo apenas era conocido el aspirante a Diputado. No obstante, se consiguió reunir a algunas de docenas de curiosos y amigos que escucharon su propaganda y que recibieron la solemne promesa de conseguir, para la localidad, todas las mejoras que el pueblo reclamaba desde hacía tantos años, sin que ninguno de los Diputados que hasta entonces llevaba votados, en otras elecciones, las hubiera obtenido, no por falta de influencias en el gobierno de que eran maniquíes, sino porque, ya Diputados, ni se habían ocupado para nada de ponerlas sobre el tapete, ni aún de moverlas y recomendarlas hasta colocarlas en vía de ejecución, como él se juramentaba a realizar, con todo su interés.
El cabo Equis, queriéndose congraciar con el candidato, por si las circunstancias le daban el triunfo, habló recomendando la candidatura del visitante, como verdadero representante del pueblo, prometiendo votarla en unión de sus parientes y simpatizantes, con el entusiasmo merecido.
Nadie habló más, ni ofreció más.
Después de aquella reunión y de aquella especie de cambio de impresiones, puede deducirse fácilmente las que el candidato sacaba del pueblo visitado y de los afiliados a su política; pero para completo colmo de las mismas, reproducimos la conversación sostenida por ambos personajes, cual colofón de impresiones del forastero.
-Señor deputado: yo le he visto usté ya, en otra ocasión. Yo le conozco a usté.
[Ambientación] El “generá” recordado por el cabo Equis en su conversación con el “depotado”. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
-¿Sí? A ver, ¿en qué sitio? ¿De dónde?
-En Ceuta, cuando todavía había ayí presidio.
-¡Hombre! … Pues yo no he estado nunca preso, ni detenido.
-Sin embargo, yo recuerdo haberle visto a usté ayí.
-¡ … !
-No se enfade usté, señor deputado. Verá usté. ¿Conoció usté al generá de la plaza? ¿Sabe usté quién era?
-No sé. ¿En qué tiempo? … ¿Cómo se llamaba?
-Pos verá usté. El tiempo ... Yo fui de la quinta extraordinaria del 73, ¿sabe usté? Ajuste usté la cuenta. Y del nombre, del nombre ... no me acuerdo; se me ha olvidado. Pero era un buen generá.
No habló más. Se levantó y, en unión de otro señor que lo acompañaba, tomó el coche que le conducía y se marchó, sin responder a los tibios aplausos de la despedida, ni al ¡viva el Diputado! que lanzó el intrépido cabo Equis.
Ni qué decir tiene que los votos de los familiares del cabo Equis, piedra de la cantera de los <intelectuales> y <mandantes> de nuestros funestos revolucionarios izquierdistas y de los simpatizantes de su <idea>, resultaron tan vanos como las ilusiones concebidas por el mismo.
*** Fuente: “AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y chascarrillos”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 129-130. Primera edición, Gráficas Morales, Jaén, 1.940.


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