
Reproducción de la primera página del acta de la sesión, donde
se acuerda el nombramiento de gratitud al Padre Caro. Fuente:
Archivo
Municipal
de Conil,
Libro
de Actas Capitulares n.º
69-1, p. 74; gentileza de Isabel
González Ramírez.
”SESIÓN
ORDINARIA, CELEBRADA EL DÍA VEINTE DE JUNIO DEL AÑO MIL OCHOCIENTOS
NOVENTA Y UNO.
Señores
que asistieron:
Alcalde
Presidente: Don Joaquín Sánchez y Sánchez
Teniente
1º: Don Gaspar Fuentes Marín
Teniente
2º: Don Padro Rodíguez Calderón
Concejal:
Don Manuel Amar y Morales
Concejal:
Don Cristóbal Sánchez Muñoz
Concejal:
Don Diego Moreno Leal
Síndico:
Don Francisco de Alba Sánchez
Secretario
interino: Don Antonio Lizardi y Amar
En
Conil de la Frontera, a veinte de junio de mil ochocientos noventa y
uno, reunidos en la Sala de Sesiones para celebrar la sesión
ordinaria, correspondiente a este día, los Sres. Concejales que al
margen se expresan, bajo la presidencia del Sr. Alcalde Don
Joaquín Sánchez y Sánchez,
por el Sr. Presidente se declaró abierta la sesión, que ante mí ,
el Secretario interino, tuvo lugar en la forma siguiente.
Punto
primero.
Por
invitación del Sr. Alcalde se dio lectura de un mensaje que, copiado
a la letra, dice así: «No puede este Ayuntamiento, como quisiera,
acompañar de grandioso aparato la manifestación que, en nombre del
pueblo a quien representa, tiene el gusto de dirigir a V; pero si dar
muestras en ella de su entusiasmo, gratitud y cariño, únicas
riquezas de que dispone el pobre para pagar los beneficios que
recibe.
Además,
el bien no suele producir ruido, ni el ruido suele producir el bien.
Si arrogancia ni escándalos hizo V. la buena obra de levantar
nuestro arruinado templo; el pueblo de Conil, a su vez, se la
agradece, más bien recogido que alborotado, dejando a las campanas
de la iglesia reedificada por pregoneras del triunfo del virtuoso
sacerdote.
El
pueblo de Conil adopta a V. por hijo, por hijo predilecto, lazo de
amor que hará que corran unidos para siempre la historia humilde de
esta villa y el nombre de su Párroco amado.
Grande
ha sido la empresa iniciada y realizada por V.; que no son a propósito
en verdad estos tiempos de descreimiento para tales obras.
Amortiguada la fe, combatida la Iglesia, alucinados los hombres por
los triunfos del comercio y de la industria, vencedoras las ideas de
utilidad y negocio de los sentimientos de caridad y amor, y
olvidadas, por las comodidades de esta vida precaria, las venturas de
la eterna, mientras se erigen palacios suntuosos para bancos, teatros
y bolsas, abandonadas, nuestras Basílicas se desmoronan, y empléanse
profusamente en la ornamentación de aquellos, las sedas y el oro con
que nuestros padres
engalanaron la Casa de Dios.

Foto
3: Cuadro del retrato
del Padre Caro,
pintado por Juan
Cabral Bejarano;
en
él se puede leer el siguiente texto: “D. Franco
de P. Fernández-Caro y Pareja, Arcipreste y Párroco de la Villa de
Conil. 1891. Nació en la Villa de Chiclana el 17 de octubre de 1856.
Emprendió y llevó a feliz término las obras de reedificación de
esta parroquia a costa de inmensos sacrificios. El M. Y.
Ayuntamiento, agradecido a tan gran beneficio le nombró hijo
adoptivo y predilecto de esta Villa el 20 de junio de 1891.
Imagen
cedida por Juan
Pérez González.
Cunden
estos males por todas partes, desde la corte a la aldea. Una ciencia
filosófica, tan arrogante como falsa, los predica y divulga. Ciencia
que no ve a Dios, porque se pone en su lugar y le vuelve la espalda
para mirar al enigma; que nos quita todas las esperanzas y nos deja
todos los dolores; que en vez de crear, destruye; en vez de iluminar,
ciega y en vez de consolar, desespera y anonada; que carece de
ternura para el infortunio y de caridad para el pobre, que ve, en
fin, en las miserias de la vida, males sin remedio, en la muerte, la
nada, y en el cielo, el vacío, apartando a los hombres de la
Religión que tiene, en cambio, bálsamos para todas las heridas y
mieles para todas las amarguras, y que convierte las penas más
hondas en felicidades y la noche de la nada en eterno día.
La
falta de fe religiosa fue, pues, el primer obstáculo en que hubo V.
de tropezar, viniendo tras él los innumerables que le salen al paso
a todo aquel que emprende una obra grande y regeneradora.
Al
comenzarla, no contaba V. con recursos propios, ni con el apoyo de
sociedades benéficas, ni con el amparo de corporaciones oficiales,
ni siquiera con el beneplácito del pueblo en su totalidad, dudoso
del éxito de tamaña empresa. Adonde quiera que, dirigía V. los
ojos, hallaba cerrados los horizontes, a cada paso encontraba V. un
tropiezo, y, sin embargo, V. proseguía en su obra, poco a poco,
ayudado por las limosnas de los pobres y las oraciones de los buenos,
privándose a veces hasta del sustento del día por arrimar una
piedra más a los muros de su iglesia, cansado, dolorido, calumniado
quizás, pero llena el alma de esa energía invencible que solo
presta la fe, la fe divina que, en expresión del Apóstol, transporta
las montañas.
Levantábase
el templo a la vista de todos por manera tan milagrosa, que los
mismos que lo veían erguirse, no acertaban a explicar cómo se
alzaba. Y al cabo se terminó; que tanto pueden la fe de un hombre y
la piedad de un pueblo.
Sí,
que el pueblo que representamos, aunque respira, como todos, el
ambiente emponzoñado del día, conserva virtudes que han desparecido
en muchos otros. Pobre como el que más, pero trabajador, sobrio,
digno, resignado y religioso, soporta las miserias y penalidades de
la vida con la sonrisa en los labios. Sin otra ambición que la
cristiana de alcanzar el pan de cada día, goza cuando lo consigue, y
lo pide por Dios, nunca con amenazas, cuando las inclemencias del
cielo le impiden trabajar, y noble y grande, hasta en la miseria, no
sale a pedirlo sino después de haber malbaratado su escaso ajuar.
Desconoce el ahorro excesivo, vicio elevado a virtud por los
mercaderes que Jesús arrojó del templo, y da al pobre cuanto posee
con esa alegría santa, negada por Dios a aquellos que se manchan las
manos y el alma, acumulando riquezas. Caballero, aunque pobre no
permite que las mujeres pierdan su hermosura y la salud en rudas
labores, y las retiene en el hogar que ellas, castas y piadosas,
hacen fecundo, alegre y honrado. Ajeno, en fin, al tráfago aturdidor
del mundo, vive tranquilo y placentero, labrando su hacienda, o
surcando su mar tempestuoso, hasta que la muerte lo lleva a otra
vida, a la que sin duda despertará, cantando, como despertaba con la
aurora para corres a empuñar la esteva del arado o el timón de la
jábega.

Iglesia Mayor de Santa Catalina, hacia 1919 [por
lo que refleja casi toda la rehabilitación que se realizó bajo los
auspicios del Padre
Caro].
Fue construida en el siglo XV. Desde entonces fue objeto de muchas
obras de remodelación. Se cerró al culto por ruinas en el año
1930. Colección particular Juan
Carlos Almazo.
“Conil
en la Memoria”, p. 32, 2004.
Así
es el pueblo que le adopta a V. por hijo, aunque V. se consideraba
hace tiempo como tal, por serlos sus ascendientes.
Conil
le dio estos y V., en pago, le da una iglesia. Iglesia que será el
centro de nuestra vida y el objeto de nuestro amor. A ella iremos a
llorar nuestras penas, a fortalecer nuestros corazones y a buscar la
intercesión de Nuestra Santa Patrona en las calamidades. A ella
iremos a apagar nuestra soberbia y a encender nuestra piedad; a pedir
salud para nuestros hijos y la gloria para nuestros padres, a
despojarnos de la culpa y vestirnos de la gracia; a oir en la del
sacerdote, la voz de los cielos; a buscar el Jordán para el renacido
y el lazo santo que nos ate de por vida a la mujer amada; a poner a
las plantas de la Virgen, con las flores del campo, nuestros puros
sentimientos, flores del corazón, y a ella, en fin, seremos llevados
para que Dios abra a nuestra alma las puertas de los cielos, antes de
que caiga pesadamente sobre nuestro helado cuerpo la tierra que ha de
cubrirlo.
Ocioso
cree este Ayuntamiento hacer más protestas de la gratitud que a V.
debe y de la alegría y el fervor con que por hijo le adopta.
Mezquina, en verdad, es la ofrenda que le hace; pero le consuela el
pensamiento de que algo grande ha de transparentarse en ella, a pesar
de su pequeñez; que no hay fuente alguna, por humilde que sea, en la
que no se refleje algo de la grandeza del cielo. »
Este
Ilustre Cuerpo Capitular, visto lo que en el expresado mensaje se
contiene, y considerando la oportunidad indiscutible, que ha tenido
el Sr. Alcalde Presidente de proponer a este Cabildo, lo que ya
estaba en ánimo de todos los Sres. Concejales del mismo, como
representación genuina que es del pueblo, que aclama sin cesar y por
entera y completísima unanimidad, cual en raros casos se observa, la
distinción señalada, que propone el expresado Sr. Alcalde en favor,
o mejor dicho, en justicia a las relevantes prendas morales y aún
personales, que concurren en nuestro amadísimo Párroco y celoso y
virtuosísimo Arcipreste de estas iglesias, Don Francisco
F. Caro y Pareja, por los
sobresalientes méritos al abordar y llevar a cabo la construcción
de nuestro templo parroquial, y al mismo tiempo exornarlo
con el gusto peculiar suyo, que todos nos complacemos en reconocer,
obra colosal por estos aciagos tiempos de deismo
e impiedad, y que exclusivamente ha sido debida a su constancia sin
límites, hija de su fe inquebrantable y de su inagotable caridad, de
tal modo que su tránsito feliz, como párroco queridísimo de esta
villa será perpetuamente merecedor de eterno recuerdo para todos los
hijos de la misma, sus muy agradecidos feligreses.

Plaza de Santa Catalina, hacia 1915. Esta imagen recoge un momento
de la celebración del “Día del Árbol”. Colección particular
José
Sánchez.
“Conil en la Memoria”, p. 35, 2004.
Por
todas estas razones, este Muy Ilustre Ayuntamiento acuerda, y en ello
tiene una gran satisfacción, que como débil homenaje de gratitud y
cariño, al terminarse el referido templo parroquial y después de su
bendición por nuestro amantísimo Prelado, pase una comida (?) del
seno de este nuestro Cabildo, a la que podrá asociarse todos los
vecinos que gusten, a notificar al Sr. Cura, que ha tenido a bien el
Ayuntamiento declararle y reconocerle, como de hecho lo declaramos y
reconocemos, por tal hijo adoptivo y predilecto de esta Villa de
Conil de la Frontera, Torre de Guzmán, a veinte de junio de mil
ochocientos noventa y uno.

El Padre Caro, conocido por atender a las necesidades de los pobres.
Facebook “Chiclana en fotos”,
24 enero 2015.
Punto
Segundo.
Acto
seguido se dio lectura al acta de la sesión anterior que fue
aprobada por unanimidad. Y no habiendo otros asuntos que tratar, el
Sr. Presidente levantó la sesión, de todo lo que yo, el Secretario
Interino, certifico:
[Aparecen
las firmas y rúbricas de:] Joaquín
Sánchez;
Gaspar
Fuentes;
por mi compañero Don
Manuel Amar y
por mí, Cristóbal
Sánchez;
Francisco
de Alba;
Diego
Moreno;
Pedro
Rodríguez
y Antonio
Lizardi.”

Final del acta de la sesión, con las firmas de los asistentes,
donde se acuerda el nombramiento de gratitud al Padre Caro.
Fuente: Archivo
Municipal
de Conil,
Libro
de Actas Capitulares n.º
69-1, p. 81;
gentileza de Isabel
González Ramírez.
Fuente:
Archivo Municipal de Conil,
Libro de Actas Capitulares
n.º 69-1, pp. 74 a 81,
del
20
junio 1891;
transcripción
libre
de Rafael Coca López,
gracias a las fichas de
Antonio Martínez Cordero,
localizadas
en el Archivo Parroquial de Conil de la Frontera.
Agradecimientos:
Yelman F. Bustamante Solórzano,
párroco de Santa Catalina;
Isabel González Ramírez,
responsable Archivo Municipal de Conil.